10º
Sólo le pido a Dios
León Gieco
En el invierno de 1978,
León Gieco estaba grabando su cuarto disco, que llamaría sin vueltas
4º LP, cuando llegó una noche al estudio el bandoneonista Dino Saluzzi. Su aparición sorprendió a Gieco porque el salteño no había sido convocado, esa vez, para sumar su instrumento, como sí había sucedido unos días antes para la grabación del chamamé
Cachito el campeón de Corrientes. La confusión se había generado con un teléfono descompuesto en la familia Saluzzi. Pero como el folklorista insistió en obtener algún rédito por el viaje hasta el centro, Gieco decidió grabar un tema que no tenía pensado incluir en el disco, un huayno que le parecía demasiado llano, sin un buen estribillo siquiera. Y sólo hizo un par de tomas, de las cuales quedó la primera, en la que Saluzzi casi improvisó. Así quedó grabado
Sólo le pido a Dios, el tema que proyectaría a Gieco a la consideración no sólo nacional sino planetaria. Inspirado no en la esperanza sino en el temor por la catástrofe que provocaría una guerra entre Argentina y Chile por cuestiones limítrofes -por entonces acá gobernaba Videla y allá, Pinochet-, tal como Bob Dylan había escrito
A Hard Rain's A-Gonna Fall en plena crisis de los misiles, el tema de Gieco tuvo una discreta aceptación en sus primeros pasos, hasta que la tragedia que se desencadenó en 1982 con la Guerra de las Malvinas lo posicionó -más allá de la voluntad de su creador- en una especie de segundo Himno Nacional Argentino. (Con todo, a Gieco le puede quedar la tranquilidad de que nadie pudo haber dudado, ni ahora ni después, de que su canción, diciéndole sí a la paz, apuntaba a la frente de las guerras, y eso siempre está bien). Con el paso del tiempo, el sencillo huayno dio la vuelta al mundo y hoy es una de las canciones latinoamericanas más versionadas, no solo en español. Y en algunos casos fue superhit de ventas, como cuando la interpretó Ana Belén en España, a mitad de los 80.