Los 50 discos del 2006


30
"Un día normal en el maravilloso mundo de Ariel Minimal"
Ariel Minimal

 

 

 

Más que un disco, una cajita musical que al abrirse riega el ambiente con cálidas sensaciones acústicas. O un diario íntimo con CD incorporado que permite ser hojeado por cualquier desconocido. O el prototipo de un cancionero para fogón entre amigos. En todo caso es un fragmento de la privacidad de un Ariel Minimal más autoreferencial que nunca. El músico se hizo cargo de todas las instrumentaciones y se nota que las grabó en una o dos tomas. Minimal es un artista desbordante de ideas demasiado lúcidas como para encasillarlas en una sola faceta y por eso muestra su costado eléctrico y su capacidad como arquitecto de melodías laberínticas a través de ese trueno tormentoso que es Pez, su talento como guitarrista en La Luz (la banda estable de Litto Nebbia) y los aspectos más sosegados de su potencial creativo a través de esta faceta solista que retoma la placidez de Flopa Manza Minimal. Mas allá de la tranquilidad que transmiten las melodías, es evidente que el músico está atravesando un frenesí compositivo. Ariel Minimal se olvida de guardarse cosas y el principal recurso que muestra en estas doce canciones es su capacidad de volverse simple. Un sumiso y humilde esclavo de la música.


29
"Máquina de la Pampa"
Nuca

 

 

 

El tercer disco de la banda conducida por Matías Chavez Mendez es uno de las placas mejor producidas editadas en 2006. Quizá en esa voluntad de usar el estudio como un instrumento más esté el secreto que hace brillar de un modo particular a estas canciones que van de los latino a la cumbia y de ahí al dub y pasan por el hardcore y también por todo lo que se propongan. Paradójicamente, cuando buena parte de las bandas argentinas desearía que Gustavo Santaolalla pose su atención sobre ellas, Nuca empezó dándole la espalda al gurú del rock latino (una decisión del productor desencadenó el alejamiento de Chavez de Árbol). El tiempo sanó esa disyuntiva y el final vuelve a juntar los extremos: Pablo Romero es el produjo los tres discos de Nuca. El colectivo musical del Oeste Bonaerense armó su artefacto más prolijo hasta el momento y que explote es cuestión de tiempo y trabajo.


28
"Villavicio"
Javier Calamaro

 

 

 

El anunciado disco de tango de Javier Calamaro no sorprende. Hace años que el músico acostumbra cerrar sus shows con una versión de "La última curda" y la verdad es que la dotada garganta del cantante parece hecha para entrarle al estilo. Atravesando los albores de tacuarentown Calamaro planeó la grabación de un disco que le llevó dos años de sesiones de estudio en los que estuvo acompañado por el pianista olavarriense Leandro Chiappe, productor del proyecto. El nombre de la placa parece pensado para el tango, pero el cantante confesó que lo tomó de la denominación de la productora cinematográfica de Luis Ortega. En esta tierra de vicios Calamaro resume a dos generaciones porteñas bien diferenciadas y construye, con talento y sensibilidad, un crisol que las une. Todo suena fácil de escuchar, en ningún momento se siente que haya tenido que diluir el material añejo o que lo escrito por él esté impostado. En cada instante de "Villavicio" es palpable una sensación de verosimilitud inextinguible. Lástima que Andrés le haya robado un poco la idea con "Tinta Roja". Pero ¿a quién le puede importar?


27
"Cosas que nadie oía"
Resistencia Suburbana

 

 

 

Parecería ser que un disco de reggae tiene que tener iguales dosis de amor y crítica social. Y en sus trabajos anteriores Resistencia Suburbana obtuvo mejores resultados con canciones como "Sin Semina", "Tuve que matar a un policía", "La unión verdadera" o "Cada vez más yankis", todas orientadas hacia las injusticias cotidianas. Como que la parte afectiva siempre quedó algo deslucida en comparación de esos chocantes manifiestos sobre los problemas que le preocupan a Luis Alfa (cantante, compositor, letrista, dibujante de tapas y, en esta placa, productor artístico del combo). La sorpresa del cuarto álbum del septeto radica en que esta vez las que se destacan son las canciones que hablan sobre los sentimientos en fuga, los colores de la vida o las ganas de volar hasta el sol. También hay momentos en los que Alfa parece leer el diario en voz alta para hablar de los inconvenientes de la penalización del consumo de cannabis o dar su visión de la lluvia de fuego y sombra sobre Bagdad. Pero el disco brilla más cuando se concentra en los problemas del amor, los cambios anímicos o en el homenaje a Marley. Además hay algunas versiones en francés que le sientan muy bien a los cálidos paisajes diseñados por la base rítmica del conjunto. La consagración definitiva de Resistencia está cada vez más próxima.


26
"Hágalo usted mismo"
Los Tres

 

 

 

Después de casi una década de inactividad, el regreso de este grupo clave de la música chilena no pudo ser más auspicioso. Y trajo consigo una decena de canciones que ayudan a entender la definición del sonido pop rock latino. Sobre una base más que nada acústica se las ingeniaron para no caer en el lugar común del grupo que vuelve para hacer una gira, grabar un álbum en vivo y cobrar unos morlacos. La lozana suavidad con la que se desliza este manojo de melodías invita a pensar que los integrantes del trío no dejaron pasar un día sin hacer música. Y abre un grifo por el que se desliza un torrente de jazzitos, cuecas y canciones neo folklóricas con sonido eléctrico que se acoplan al oído perfectamente, sin siquiera obligar a pensar mucho. El álbum contó con la producción de Joe Blaney y en la batería hubo un invitado de lujo: el sesionista internacional Steve Jordan. Por si fuera poco, en diciembre se cumplió la profecía de la primer canción del álbum (el escupitajo sobre el ataúd titulado "No me acuerdo"), que habla de un Pinochet meado como una rata sobre algodón. Como los buenos vinos, la madurez le sienta de maravillas a estos trasandinos abanderados del buen gusto pero no exentos del compromiso social.


25
"Vibración Mukunda"
Mukunda

 

 

 

Pasaron diez años desde que Mukunda empezó a asentarse como la orquesta reggae que hoy suma catorce integrantes. Y en este, su tercer álbum, suenan tan afianzados que parecen tener pasaporte jamaiquino. "Vibración Mukunda" transmite tranquilidad y pacifismo vegetariano desde el primer segundo y en ningún momento abre espacios al caos o la deformidad. Esa serenidad es lograda en base a los cuelgues místicos que emergen permanentemente a lo largo de los cuarenta y cinco minutos que dura la placa. Pero lo positivo es que no todo se resume en mencionar a Jah ocho veces por canción: hay melodías convincentes y una rítmica pegadiza. La mayoría de las letras pueden agruparse entre las que cargan mensajes religiosos, las que piden detener la matanza de animales y las que advierten acerca de los peligros de la mano del hombre cuando se empeña en destruir la Tierra. Es sorprendente que en ningún momento las voces de Sankirtan, David Soria o Pablo Molina suenen sobreactuadas; todo parece ser emitido desde la convicción y un profundo conocimiento de la religión rastafari. En esa efectividad al momento de persuadir con la palabra reside la gracia de Mukunda.


24
"Estamos pariendo"
Oconnor

 

 

 

El quinto disco de estudio de Oconnor está cargado de virtudes y la principal tal vez sea que no se trata de un disco estrictamente metalero. No abusa del ruido a lata, el machaque de la doble bombo o el riff incisivo; para esos ingredientes usa la cuchara chiquita y los espolvorea sólo donde son indispensables. Hay momentos donde la banda parece martillar rústicamente pero en la mayoría del recorrido busca la armonía. Y el sonido logrado en estudio remite tanto a la simplicidad contundente de Sabbath como a la precisión de Fight o la actualización de Audioslave. La voz de Claudio O´Connor es la gran protagonista del disco, sobre todo por la amplitud de registros que ofrece al interpretar las canciones firmadas por él y el bajista Hernán García (letra y música respectivamente). Ese talento le permite a la banda mostrar diferentes matices y de esa manera evita generar tedio en el oído no metalero. "Estamos pariendo" es una placa breve a la que sus 38 minutos no le sobra ni le falta nada. Y ese equilibrio, que nace de la voluntad de permitirse la sensibilidad, evita que caigan en lo más empalagoso del metal: la destreza onanista, el aguante pendenciero y las ataduras a la ortodoxia.


23
"Groovin' High"
Dancing Mood

 

 

 

Sí uno tuviera que organizar un show que entre al libro Guinness de los Records por ser el más largo de la historia, sin dudas recurriría a contratar para el mismo a Dancing Mood. Y lo más probable es que dure lo que dure el recital, no habría dos momentos parecidos a lo largo del show. La orquesta porteña de ska jamaiquino dirigida por Hugo Lobo parece una inagotable máquina elaboradora de melodías dulzonas y cadenciosas que se anudan con un groove arrollador. En estos setenta minutos la agrupación formada por once músicos se permite hacer algunos standars que nunca antes se habían traducido al formato calipso-ska-jazz, dejando ver una faceta creativa donde se desenvuelven ingeniosas y elaboradas improvisaciones. El cuarto disco de la big band reune invitados como Fidel Nadal, Mimí Maura, Martín Bonetto, Flavio Cianciarullo y Petti (Riddim), y en cuatro tracks interviene una orquesta de cuerdas de casi treinta personas, lo que le suma complejidad y cuerpo a una propuesta ya de por sí aglomerada. "Groovin high" podría sonar todo el día y nunca perdería la capacidad de transmitir un gusto sibarita y una vibración saludable al escucha.


22
Lila
Monti + Quintero

 

 

 

Hay algo raro atrás de estas canciones, como cuando una persona cuelga un cuadro en su habitación y, adrede, lo deja un poco torcido. Pero no para llamar la atención, sino buscando que un perfil de la imagen gane peso. Esa actitud, basada en la voluntad experimental del guitarrista Juan Quintero y el sortilegio provocado por la voz de Luna Monti, genera una agradable "rarosidad" en los 45 minutos habitados por estas canciones. Esta tercera placa del dúo es el resultado de la pasión por la música, pero también del amor, ya que el Juan Quintero y la Luna Monti son novios y conviven en Flores. Es folklore, pero vanguardista. Y logra darle una vuelta de rosca al género. Tan íntimo como el mate compartido a la mañana por una pareja, tan ecléctico como la unión entre un tucumano y una porteña.


21
"Quieto o disparo"
Migue García

 

 

 

No se puede negar la exquisitez en este ramillete de canciones que conforma el debut de García Jr. Migue demuestra que le sobra talento y parece ser uno de esos artistas sin techo. Pero, sin urgencias, el músico canaliza su aptitud en una muestra de apenas nueve composiciones que alcanzan para imaginar una prometedora carrera musical. El sonido limpio es la característica más destacable de una placa donde las melodías se muestran desnudas y certeras. "Quieto..." es un disco de rock clásico, que podría haber sido compuesto en los sesenta, los setenta o los noventa, pero no por cualquier músico. El marco puede ser pop, folk o rock, pero siempre desde un elevado nivel artístico e interpretativo. El título, socarrón, dibuja una imagen violenta, casi sanguinaria, inversa a la serenidad de la voz y la prudencia de los teclados ejecutados por García. A lo largo de la placa la sensación de armonía y delicadeza es una constante. Y Migue suena tan tierno, que parece más hijo de Nitto Mestre que de Mister Say No More.



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