San Camelón sacó un disco compacto, y no se trata de un sustantivo sino más bien de un adjetivo. Es más, lo de este quinteto porteño es una de las placas más compactas del 2007. En "Polenta" todo es breve, intenso, fuerte y/o profundo. Estas doce canciones se van antes de que tengamos tiempo a acostumbrarnos a sus melodías locuaces y demoledoras. Y, como a las parejas de verano, las extrañamos antes de armar el bolso para volver a nuestro punto de origen.
Federico Cabral, una de las gargantas más cálidas y bien manejadas del under argentino, lleva la voz cantante de una serie de sensaciones comunes a los jóvenes más allá de las latitudes geográficas. San Camaleón demuestra que la rítmica alegre puede darse la mano con los dolores de la penumbra. Y lo comprueban con un puente de excelentes instrumentaciones. Tajantes, bailables, guerreras, valientes... las melodías de una banda todoterreno hacen camino al andar.
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19 "Amigo" Edgardo Cardoso y Juan Quintero
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En tiempos desbordantes de simplicidad, ruido sonso y limitaciones constantes para la creatividad lo de este dúo de geniales guitarristas y cantantes se percibe como algo casi subversivo. Con un grado inestimable de gracia y coherencia construyeron un álbum híper complejo donde las guitarras acústicas tejen historias silvestres a orillas de un apacible río de música personal, psicodélica y algo enmarañada.
Cuando estas melodías folklóricas resuenan en el aire se desenvuelve un encantamiento que recrea el instante milagroso en el que se concibe la vida. Y de allí brotan maravillosos sortilegios de armonía matutina. En "Amigo" encontramos una clase de canciones especiales, hipnotizadoras, infinitas. De esas que pueden servir para hacer crecer las flores por la noche... o para limpiar una parte esencial de nosotros mismos: el alma.
¿Cuánto hacía que la compactera no echaba espuma por las ranuras de la bandeja? ¿Nunca desde el último disco de los Stooges? Bueno, El Perrodiablo editó su "Bomba sucia" y ahora hay un buen motivo para mandar la lectora de cedés al veterinario. Una suerte de aquelarre se desata cuando este quinteto salvaje toma la habitación sin pedir permiso y después de su descarga de garage en castellano de primer nivel lo primero que puede surgir son ganas de pegarle una patada a la silla. No mejor la mesa. Bueno, está bien, la computadora y ya.
En su disco debut los platenses hacen una traducción del rock más crudo y la escriben con transpiración, flema y un poco de sangre sobre sus torsos desnudos. Un gran mérito es que si bien se trata de una placa esencialmente garagera puede caer bien en universos mucho más amplios, quebrando el sectorismo de un género que ya no cotiza tan alto en Buenos Aires. Y no, no es el disco que le regalarías a tu hermana, ni tampoco a tu novia. A menos que quisieras que se pongan un poco violentas, casi como una cena entre Rafa di Zeo y Alan Shenkler.
Una relectura digna de ésta década para el viejo y querido folklore argentino. El dub se mezcla con la chacarera, el huayno se loopea como el techno más cálido y el rock aparece un tanto lejano, pero presente como los árboles en el horizonte de un campo verde. Por momentos pareciera que hay mucha maquinita detrás de estas melodías, pero es sólo una sensación. Lo de Fanfarrón es energía natural compenetrada con el pulso aguerrido de un punteo de tierra adentro.
Tensa calma, pensamientos distorsionados, personas que se abandonan en el medio del camino. Y una fuerza delicada, pero briosa: cuando llaman a "La furia de los vientos" se pueden venir abajo hasta las luces del escenario. Fanfarrón nos regala un compañero perfecto para ese viaje al norte que todos tenemos que hacer alguna vez. "Volumen 2" es un disco para dejar en manos de una turista francesa que visita nuestra Puna. Pero tiene, a la vez, tantos dejos de urbanismo que se banca perfectamente el trayecto del San Martín en esos trenes abarrotados de espeso calor humano.
Una avalancha de canciones utópicas se derrumba desde una montaña y amenaza con volvernos más sensibles a las cuestiones trascendentales de la vida. La creatividad de Abril Sosa saca a relucir sus producciones melódicas en un maravilloso conjunto de composiciones que entran a la radio sin pedir permiso. Cuentos Borgeanos es la banda under que más trabajó este año para entrar al maistream y "Felicidades" les trajo tantas satisfacciones en ese sentido que están en posición de pegar el zarpazo y dejar atrás la calificación de ser la-banda-del-ex-baterista-de-Catupecu-Machu.
Cuentos Borgeanos quiere hacernos sentir el sonido que abre los caminos y para eso construyó un edificio de fenomenal consistencia. Las "Felicidades" de estos músicos están atravesadas por el dolor, y nos piden entender que nuestra dicha se sustenta en el simple hecho de estar expuestos a todas las mierdas y maravillas del mundo ordinario. La fórmula de los borgeanos combina con guitarrazos épicos, bajos atrapantes, baterías potentes y letras meditabundas. En medio de eso, una voz dramática nos revela hacia donde debemos mirar para encontrar la luz buena.
¿Puede una sola canción propia justificar la presencia en este listado? Una balada dura como "El control" puede mucho más que eso: cuando un grupo llega a un estado de cohesión musical tan intenso que puede concebir esta clase de composiciones se derriban las paredes y la música fluye catárticamente. Y Mostruo! pertenece a ese distinguido conjunto de bandas de rock que entran en combustión desde el detallismo y la seriedad musical.
El carisma de un cantante brillante y una banda puesta al servicio del rock setentoso atacan los sentidos desde este pequeño paneo por la sala de ensayo de Mostruo!. Kiss, Lennon y Buzzcoks se encuentran en una plaza de La Plata, toman cerveza, conviven en paz y hablan en argentino. Acá hay tanta potencia, buen gusto y palpitaciones que se lograron casi catorce minutos de perfección sonora con tracción a sangre. El gran defecto: se va tan rápido que deja con ganas de más.
En su primer movimiento después del shock que significó el accidente de Gabriel, la banda de los hermanos Ruíz Díaz homenajea la pasión artística a través de un disco doble sustentado en una prolijidad acústica digna de un conjunto de cámara. En "Laberintos..." vemos sólo tres canciones nuevas (en realidad una compuesta recientemente y dos rescatadas de cosas que quedaron afuera de discos anteriores), una serie de reversiones propias y hasta un cover de Luis Alberto Spinetta.
Tiempos irregulares, brillantes arreglos de cuerdas, sesiones en vivo y en estudio, amor brutal por el camino propio y la sensación de observar a alguien reinventando palabras para un lenguaje personal. Todo eso se conjura en torno a este disco cargado de emoción y donde no se puede ocultar que falta alguien importante. Con el tiempo esta placa será entendida como la inflexión luego del parate obligatorio, una primera sierra a conquistar para volver escalar la montaña. El exorcismo duele, pero cura el alma.
Las tres producciones previas de Interama mostraban a una banda de canciones sólidas, tensión emocional y sonido de características volátiles, que en su intención de hacer levitar al oyente y su escaso temor a tomar riesgos quizá se había ido un poco por las ramas. La actitud experimentadora les habrá permitido sacarse las ganas de hacer los discos que le venía en ganas hacer, pero tanta libertad los expuso demasiado. El proceso pudo haber sido desgastante y hasta derrotista, pero "Resiste" nos da la pauta que hubo un proceso de maduración después de "Iniciando la máquina de ángeles" (2005).
Sin dudas se trata de una placa mucho más terrenal, que demuestra una preocupación por las emociones del otro más que por las crisis de identidad en primera persona. Y de esa manera la música del grupo se convierte en una especie de colchón para quienes quieran descansar de sus problemas o, mejor aún, un diván donde se puede conversar con alguien que nos quiere ayudar a superarnos.
La tapa del álbum choca y plantea una ruptura: los músicos aparecen en ella haciéndose cargo de la imagen del disco cuando venían de tapas con una chica en un jardín y un niño vestido de ángel. Son pocos los músicos del rock argentino actual capaces de vestir ropas militares en un lugar tan importante, pero les sirve para despegarse del resto y además permite entender que los integrantes de Interama le prestan especial atención a la estética. El concepto subyacente hace obvias referencias a entender la vida cotidiana como una lucha por la supervivencia emocional y en ese sentido "Resiste" es una trinchera confortable y cálida.
La sensación de que el rock puede ser un golpe de energía semejante a un electrochock espiritual no quedará en el pasado mientras Massacre continúe publicando discos como este. Acá no hay (casi) nada para la gilada: sólo una banda de rock con una entrega solemne al ejercicio de incendiar la sala de ensayo con las canciones más heroicas que puedan tejer. No es casualidad: en su ¡¡¡undécimo!!! disco Massacre explota la experiencia de una leyenda under que puede reflexionar en voz alta y mostrar la panza sin complejos, sabiendo que tiene el culo limpio.
Con esta oportuna invocación al rock del bueno más genuino Massacre se despide definitivamente de las pequeñas audiencias y entra en una categoría de banda que no tiene nombre ni ejemplos previos. El camino es tan propio y particular que asoma la sensación de saber que no habrá otras bandas capaces de proclamar por las altas rotaciones de las radios lo mismo que en los recitales para menos de cien de las últimas dos décadas previas sin sonrojarse. Al contrario. Massacre no deja de ser lo que era y muestra una cara nueva; la banda suena más cómoda en sus melodías de ansiedad amable que van de la tensión a la confort sin sobresaltos ni actitudes forzadas. Y cuando termina el disco podemos sentirnos algo desgastados. Pero esas canciones, concluyentemente, regocijan.
El gran compositor platense continúa con la notable evolución planteada en "La tranquilidad después de la paliza" (2005). Si bien ahí ya habíamos visto a un Bochatón en gran forma, este "Tic Tac" nos hace ver un artista motivado por su inspiración, genuino en su búsqueda propia y profundo en su composición. En relación a sus trabajos anteriores se lo ve más eléctrico y menos electrónico que hace cinco años atrás (cuando grabó "Hasta decir palabra") y también se perciben varios grados menos de voluntad experimentadora en función de ganar más consistencia sonora.
Los grandes detalles sobresalientes tal vez sean la pujanza ganada por las canciones y la capacidad de haber encontrado la métrica perfecta para esas melodías tan particulares que cosecha. Parecería haber dejado atrás ese filtro que hacía que el toque personal vaya en contra de la comodidad auditiva, pero no por eso se puede hablar de un disco complaciente. Y la complejidad talvez esté aplicada en la voluntad de crear imágenes capaces de lograr que el oyente roce situaciones y perciba con vivencia las emociones salidas de la creatividad del músico. "Tic tac" es un disco con más respuestas directas que preguntas rebuscadas y en estos cuarenta y tres versátiles minutos no hay tiempos muertos. Es evidente que la paliza tranquilizó a Francisco y ahora nos puede dar su tiempo (tic tac), su corazón (tic tac), el ruido de una noche (tic tac) o el sonido de sus pasos acercándose (tic tac tic tac tic tac).