Historia del Rock en Argentina
de Marcelo Fernández Bitar

1968

El otro yo del Sr. Negocios

Jorge Alvarez era el dueño de una editorial que llevaba su nombre, y que se especializaba en sacar libros "con moderadas tendencias izquierdistas" (según una definición de la político-informativa revista Primera Plana).

Luego viaja a Brasil y Nueva York con Pedro Pujó, quien ya trabajaba en la editorial y había estado embarcado en un proyecto singular junto a Roberto Jacobi. Es lo que Pedro describe como "una línea de artefactos. Por ejemplo, en vez de vender un libro con su forma habitual, iba dentro de una lata donde la tapa podía ser la contratapa... o libros en cassettes. Por supuesto que ya estaba dando vueltas en el mundo Andy Warhol y existía la frase "El medio es el mensaje". La idea inicial de Jorge Alvarez era negociar los derechos del libro "Mi amigo el Che", de Ricardo Rojo, y tras vivir un mes en el Greenwich Village, vuelven con la idea de hacer un barrio similarmente bohemio en Buenos Aires. Ya en septiembre detallan el proyecto: una manzana comprendida entre Paseo Colón, Humberto Primo, Perú y Moreno, Donde habría desde casas hasta cines y restaurantes. Arman un minucioso fichero con la gente que podría colaborar, desde intelectuales hasta economistas y creativos. Aparentemente, el Banco de Galicia llegó a prometer su apoyo si llegaban a formar un pool de 9 o 10 socios, donde cada no fuera el líder en algún área. Por ejemplo Torre Nilsson debía estar en la parte de cine, Casa Muñoz o Modart en el rubro de casas de ropa, y así sucesivamente. Se llegó a elaborar un Informe, pero al final el proyecto jamás llegó a plasmarse. Uno de los obstáculos fue que la Sociedad de Amigos de San Telmo de turno se oponía porque el barrio cambiaría su fisonomía. Lo que sí se concretó fue la idea de Pedro de sacar una serie de posters, y para eso recurrió a su grupo de amigos. Entran en escena Rafael y Javier.

En la editorial de Jorge Alvarez trabajaba la periodista Piri Lugones, y en una reunión en su casa, a mediados de septiembre (días después del cumpleaños de su hijo Alejandro), Jorge Alvarez conoce a Tanguito, Claudio Gabis, Alejandro Medina, y Javier Martínez. Se sorprende por la poesía de Tanguito y se entera de que Javier Martínez llevaba unos meses ensayando junto a Alejandro y Claudio, para concretar el trío Ricota. En una reunión posterior (en la casa de Alvarez) los escucha y le gusta tanto que trata de hacerlos grabar para convencer a algún sello para que saquen un disco.

Finalmente, junto a Pedro Pujó, Javier Arroyuelo y Rafael López Sánchez, Jorge Alvarez forma Mandioca, un sello independiente. Deciden presentar sus grupos en vivo, para hacerlos conocer y luego editar los simples. De alguna manera, Mandioca encaró a los discos como libros -es decir- como objetos culturales de Mandioca se hacen el 12 y 26 de noviembre en la sala Apolo (Corrientes 1372, hoy cine Lorange) con Manal, Miguel Abuelo y Cristina Plate (una modelo que provenía del Di Tella y que luego se enojó por "la imagen de hippie que le formaron"). Los simples (con sobre dobles ilustrados por Daniel Melgarejo) son el primer intento de acabar con el monopolio de unas pocas productoras y hacer algo ante la indiferencia de las compañías grabadoras. El simple de Manal tenía "Que pena me das" y "Para ser un hombre más"; y el de Miguel Abuelo Oye niño y "Levemente o triste".

"Oye, niño, no te dejes, haz tu cabeza estallar.
Oye, niño, no seas tonto, haz tu cabeza estallar.

Todo lo que ata es asesino.
Todo lo que ata no es la paz.

Oye, niño, ya no corras, no me quieras ganar.
Oye, niño, ya no corras, no me quieras ganar.

Cuando mi nombre yo no exista,
verás que velocidad.

Ya arroja tu armadura, ser el aire no es pensar.
No hay camino hasta tu suerte, nadie te puede ayudar.
Haz tu cabeza estallar".


La creación de Mandioca tiene infinidad de pequeños detalles y obstáculos que debieron salvarse para desembocar en el primer sello de rock. El más indicado para relatar los detalles es Pedro Pujó, quien escribió lo siguiente:

"Para llegar a Mandioca... hubo que pasar por varias reuniones... nuestra idea global era todavía mucho más pretensiosa, y poco a poco nos dimos contra los márgenes de nuestro delirio. Reunidos en la casa de Jorge, después de escuchar un compendio de realidades, vimos que aunque los músicos estaban bien para actuar, no había posibilidad de promocionarlos sin discos, y aunque ahora suene bien obvio, por entonces no lo era tanto. No había en los sellos grandes ninguno interesado en difundirlos; podía ser que los editaran, como en el caso de Los Abuelos y CBS, pero guiarlos a que siguieran y desarrollaran sus presentaciones... no... era sólo para que integraran el catálogo como un número llamativo de la línea beat. En fin, era más fácil pensar en que -según Jorge- ya que tenía su imagen en los medios por su editorial, pasara a ser Jorge Alvarez Discos o algo así. Digamos que era la teoría más defendida por el 25% de los presentes. Jorge tenía bien claro que desde 1962 hasta la fecha (1968) había editado 260 títulos y de ellos sólo dos eran de autores extranjeros: uno de Ambrose Bierce -norteamericano que luchó al lado de Pancho Villa-, y el otro del francés Charles Fourier ("El libro de los cornudos"). Esta música iba a ser primordialmente cantada en castellano. Javier y Rafael habían estado trabajando en un par de exposiciones con el nombre de Mano de Mandioca, y al ser un producto típicamente sudamericano, nos pareció lindo... lindo también porque era difícil de defender, como en ese momento era la audacia de ponerse ropa de colores. Era como la ruptura ceremonial, y -para terminarla- el detalle de La Madre de los Chicos era porque sabíamos que necesariamente nos tocaba un papel un tanto protector al confrontar la mentalidad náufraga. Y a la vez era un homenaje a la madre de Mario Rabey, quien solía bromear diciendo que era la madre de los chicos. Así que, cuando Jorge salió del momentáneo sopor en que se encontraba, ya a las 2 ó 3 de la madrugada, después de una larga sesión, le dijimos el nombre y lo tomó, como aceptándolo.

Después, en una nota en el semanario Así, Julio Bortnik escribiría: Cuando los náufragos y el editor se encuentran, ellos dejan de ser náufragos y el pasa a ser muchas cosas más que un editor. Conversan, se entienden, y se ponen a trabajar.

'En realidad, quienes hacen todo son ellos', confiesa casi con orgullo Jorge Alvarez (en la nota publicada en Así), 'Eso ocurrió desde el primer momento, cuando me preguntaron si yo me sentía capaz de lanzarme a cualquier cosa, y no tuve más remedio que contestar que sí. Pero los verdaderos creadores son ellos. Mi tarea se limita a facilitarles lugares y medios. De haber dependido de mí, posiblemente todo se hubiera hecho distinto. La cuota de atrevimiento, de desenfado, de insolencia y de imaginación corre por cuenta de ellos'.

Aunque esto también era demasiado modesto de su parte (prosigue Pedro Pujó en sus apuntes retrospectivos), había un choque con la gente que estaba haciendo cosas y estas nuevas cosas que empezaban a hacerse. Nadie se abría favorablemente a la imaginación y a la juventud, y por eso Jorge tiene el gran mérito de habernos permitido mostrar a los 20 años lo que nosotros creíamos que era lindo y divertido, sabiendo que él iba a ser juzgado por todo el personal de su editorial y de las editoriales asociadas. Y por supuesto que la diferencia de edades también provocaba a los dueños de la moral y las buenas costumbres instigarnos a través de los agentes del orden y todas las formas represivas de esos años sesenta.

Ya habíamos empezado con los posters, con una muy exitosa presentación a la que la gente de los medios fue invitada a través de una fruta de yeso pintada por Daniel Melgarejo y con la leyenda ¡Rompeme! Por supuesto, adentro estaban las coordenadas de la reunión: en un sótano de la calle Talcahuano al 400, el café-concert La Calle. Recuerdo que eso tenía toda la intención de mostrar lo perecedero del arte. Con Mano Editora habíamos sacado 21 posters con caras y figuras nacionales y del ambiente internacional, como Jean-Paul Sartre hasta Troilo, Norma y Mimí Pons.

Entonces, el 12 de noviembre, presentamos el sello Mandioca, La Madre de los Chicos, con sus tres artistas primogénitos: Manal, Miguel Abuelo y Cristina Plate. Es notable cómo el show impresionó. Nuevamente en Así, Julio Bortnik comentó: 'Los anuncios fueron insólitos. Consistieron en grandes murales pegados en las calles de Buenos Aires y en los que, en vez de destacar el nombre de los intérpretes, se anunciaba el nombre de los invitados. Sin embargo, la presencia masiva fue de hippies de cabelleras y barbas, minifaldas y pantalones floreados, medallones y cuadernos con frases, botas y descalzos, alegres y divagantes. Inundaron la sala Apolo. Pero no todo habría de ocurrir dentro del teatro. Afuera, en el hall de entrada, y como un regalo para quienes pasaran por ahí, se montó una situación de la que fue responsable Hugo Alvarez. Mientras reflectores rojos inundaban el ambiente, una bella joven luciendo el clásico atuendo de novia, bajó las escaleras y caminando sobre una alfombra roja ganó la calle. En las manos llevaba un grabador a cassette que dejaba oír los inconfundibles compases de La Marcha Nupcial. A su lado marchaba un fornido caballero ("Mentiro") quien se encargó de abrirle camino y evitar posibles efusividades. Mientras ella ascendía a un automóvil rojo que inició veloz marcha, un coro de la ciudad de La Plata -especialmente contratado para esa oportunidad- rompía a cantar un cálido tema de Bach. Luego, una oculta voz femenina con el tono reposado y tranquilizador de quienes pasan los informes en un avión, invitó a los concurrentes a ingresar a la sala, señalando que la temperatura era muy agradable y otras cosas de mediano interés'.

Pero no todas eran alabanzas. La revista Panorama (19/11/68) se refirió al nacimiento de Mandioca de la siguiente manera: 'Sobrevivientes de la tribu seudo-hippie de Plaza Francia, diezmada en parte hace un año por la tijera policial, numerosos jóvenes de sexos indefinidos y con disfraz bohemio y algunos notable invitados especialmente, atestaron la sala Apolo durante la sesión inaugural de un ciclo auspiciado por Mandioca, un nuevo sello grabador capitaneado por el ahora barbado editor Jorge Alvarez y tres adolescentes de espíritu aventurero. El trío Manal emitió sonidos beat y soul con cierta eficacia neutralizada por la escasa calidad de los temas de su repertorio. La modelo Cristina Plate intentó cantar con acompañamiento de cuerdas y otras herramientas musicales, pero su barroco naufragó en una absoluta falta de sentido de las armonías. Miguel Abuelo, junto a los antimusicales miembros de un grupo en dispersión llamado "Los Abuelos de la Nada", tuvo arranques de histeria entre canción y canción. Abandonó el escenario enojado con todos. Una lánguida partidaria de este tipo de eventos explicó que 'Nunca haremos nada importante. Sólo nos resta destacar nuestra insignificancia'. Lo hacen tan bien que el arte de aburrir tiene en ellos a sus estrellas máximas.'

(Prosigue Pujó:) Así daba por concluida su visión en caprichoso estilo, son los intereses creados, son las diferentes reacciones de los diferentes informantes. uno, el de Así, que mostraba casi con orgullo algo con base popular; el otro, un intelectualoide de clase media, que veía invasores en sus terrenos. A lo mejor hay otra interpretación... Por ejemplo, un pariente cercano en la revista Inédito fue el único en recabar en le existencia de un mago en el intervalo, y escribió: 'Cuando Jorge Raúl Alvarez Ruiz renegó de ser Contador Público Nacional y de la poesía para disponerse a arar el mercado editorial detrás de los títulos que lanzaba había cierto mensaje, algo que de alguno manera reflejaba las inquietudes de toda una generación ansiosa de cambios Sembrar Mandioca sin semillas y además pretender revolucionar la historia de la música popular argentina, es la quimera editorial más audaz jamás planeada. Visto lo visto en el teatro Apolo, hay quienes creen que ni siquiera vale la pena esperar a 1970 para ver los frutos'.

Tampoco olvidemos que al entrar al salón, el público encontró en cada butaca un poster con el contenido del programa y una matraca, y que al comenzar el espectáculo propiamente dicho, el público hizo sonar las matracas y algunos silbatos, dando el verdadero concierto. Eran conciertos y recitales para la música pop. Los grupos no iban a actuar en los bailes de los clubes, no iban a ser música de fondo en su restaurante o discoteca. Iban a ser escuchados, iban a ser criticados. Eran otro de los pasos que teníamos que provocar: una nueva boca de consumo, una nueva actitud hacia el artista, una nueva relación y curso hacia ese tipo de música. Ese diciembre, Jorge y yo viajamos a Mar del Plata, entendiendo que era el tradicional centro de la concentración veraniega. Jorge tenía programada la apertura de temporada de la Librería, y -quizás a raíz de eso- teníamos que crearles trabajo a los chicos. Mandioca era más que editar los sonidos".

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