Ahora que todo va tan bien, que hay dinero y agotamos el papel, que somos portada y de repente estamos buenos y el jefe nos invita a comer, que toco guitarras bonitas y caras y el tele-taxi me trata de Mon Sieur…”. Auto referencial o no, elimg006 inicio de “4 y 26” testifica el presente de Rubén y Leiva. Desde hace bastante tiempo, los Pereza dejaron de ser la banda revelación para convertirse en un verdadero suceso del rock/pop español.
Aunque Aviones es un tremendo disco de canciones pegadizas, con aires de folk y country, y con estribillos fáciles de recordar, el dúo está en pleno vuelo hacia la madurez musical. Resulta esperanzador creer que todavía no han alcanzado su punto más alto –lo mejor siempre está por venir-. Sin embargo, hasta el momento, han logrado el reconocimiento y la admiración de sus colegas. Inclusive en la Argentina: han colaborado en No sé si es Baires o Madrid de Fito Páez, Canal 69 de Ariel Rot y en el último material de los Ratones Paranoicos.
Además de presentarse el 21 de enero en La Trastienda de Buenos Aires, los Pereza han sido convocados por el mismísimo Joaquín Sabina para talonearlo (un día antes) en la Bombonera y seguramente recrear “Tiramisú de limón” y “Embustera” -repertorio que forma parte de Vinagre y Rosas (2009) del legendario cantante español-.
Las influencJLV_5973ias de artistas como Tom Petty y Bob Dylan son evidentes a lo largo de esta obra. En los 17 tracks de Aviones, Rubén y Leiva se reparten la autoría de cada canción (además de hacerse cargo de la gran mayoría de los instrumentos), salvo en una perlita que sorprende hallar dentro del álbum: un cover (no tan distinto a la original) de “Señor Kioskero” de Pity Álvarez.
Mientras la azafata nos prepara para el despegue, “Windsor” y “Violento amor” inician la travesía. El álbum levanta vuelo rápidamente con “Lady Madrid”, la ya mencionada “4 y 26”, “Amelie” (junto a Andrés Calamaro), “Pirata” y “Leones”. De más está decir que el amor y las peripecias del corazón son los temas predominantes de la placa.
Para convencernos del gran momento de conquistas amorosas que atraviesan estos muchachos, Rubén les pide disculpas a sus fans en “Backstage (te quiero nena)”.
De ahí en adelante, el viaje jamás entra en turbulencias. Cuando “Champagne” pone unos minutos de sosiego (que para nada producen la caída del disco), inmediatamente se cuela “Que parezca un accidente” para volver a rockear, y así sucesivamente: lentas (“La chica del tirso” y “Está lloviendo”), movida (“Voy a comerte”), lenta (“El día que no pueda más”, con una gran performance de Álvaro Pacheco en trompeta), movidas (“Escupe” y el homenaje intoxicado).
El aterrizaje es sutil y apacible. Ariel Rot en guitarra eléctrica se suma para volver a ponernos los pies sobre la tierra, de la mano de “Llévame al baile”.
El talento lírico y musical de Rubén y Leiva parece ser un techo inalcanzable, que cada vez se extiende más; y Aviones es la prueba notoria (y notable) del gran momento que atraviesa Pereza.