La Trastienda fue el lugar elegido para que el conjunto español reafirme su creciente amor con la Argentina. La noche del jueves (un día después de telonear a Joaquín Sabina en la Bombonera), los españoles volvieron a presentar Aviones y a recorrer su corta y prolífica carrera pasando por cada uno de los siete pecados capitales.

Gula

Como si fueran locales, los Pereza salieron a comerse al público argentino en la calurosa noche porteña. Rubén y Leiva conocen muy bien los gustos de sus seguidores de este lado del océano y saben con qué arremeter para dejarlos conformes. Como dos leones que se miden entre sí, el dúo saborea el éxito que vienen masificando desde Animales (2005). De allí se desprendieron “Madrid” y “Cómo lo tienes tú”. Para recalcar cuál es el más sabroso de los pecados, Rubén toma la voz cantante en “Voy a comerte”: “y sin saber cómo ha sido, voy a colarme en tu mente, estás sobre aviso voy a comerte”.

Avaricia

A esta altura de su carrera, en el pico más alto, los Pereza no se privan de nada. La primer estrofa de “4 y 26” navega por el mar de los excesos. Aunque en “Estrella polar” insistan que “aquí no hay sitio para los dos”, Ruben y Leiva comparten sus “riquezas” con sus allegados. La banda que acompaña a la dupla también busca apoderarse de sus rincones y así se lucen Cesar en los teclados y Tuli en el saxo.

Para jugar al Black Jack y ser un duro, andar escaso de efectivo es igual que pretender envidar, con un farol, al futuro. No por casualidad me temen en los casinos, me daban diez de los grandes por el caso de la rubia platino”, para entonar los versos de uno de los clásicos de Sabina, se suma Pancho Varona con su guitarra –asiduo compañero de ruta del legendario cantante español- y los presentes en La Trastienda no se cansan de aplaudirlo (aunque por la presentación de Leiva muchos creyeron que el que saldría a escena iba a ser el mismísimo Joaquín).

Soberbia

Cuando Rubén y Leiva se quedan pasmados por los cánticos de sus fans, es evidente que no son creídos. Sin embargo, les encanta jugar con esa sensación y ostentar los beneficios que el rock les ha otorgado. Muchos en España son los que se animan a compararlos con los cuatro fabulosos de Liverpool. “Desde hace tiempo, si me permites, todo me sale genial. Me siento más cerca de los beatles que de tus discos de jazz”, confiesa el hit que lleva por nombre “Beatles”. También para Aproximaciones (2007), grabaron junto a Quique González la carta de presentación de los aspirantes a rockeros, “Yo nací para estar en un conjunto”: “… para sonar mi canción por todo el mundo. Descuidando novias, clases y curros, planeando el asalto al mundo”.

Sin lugar a dudas, han conquistado España y de a poco hacen lo mismo con los países de habla hispana. La prueba fehaciente es “Grupis”, donde las chicas deliran. Lo que nos lleva al siguiente pecado.

Envidia

Cuando Rubén termina su canción dedicada a esas fans dispuestas a todo con tal de complacer a sus ídolos, Leiva vuela hacia el público pasando por todas las manos que lo elevan tan alto como un rock star puede sentirse. “Tiene toda la onda”, sentencia una flamante seguidora entre los concurrentes. En los 70, todos querían ser Robert Plant. Hombres y mujeres miraban con admiración al vocalista de Led Zeppelín. La misma sensación sobrevuela la sala del barrio de San Telmo. Ella quieren poseerlo y ellos darían lo que fuera por vivir un día en la vida de Leiva.

Lujuria

El 90 por ciento de las canciones de Pereza habla de amor, sexo y aventuras románticas. De esto no cabe ninguna duda.

Aviones (2009), al igual que cualquiera de sus placas, tiene mucho de lujuria. Leiva y Rubén no solo se destacan por ser carilindos, facheros y tocar guitarras “bonitas y caras”. Son sus letras las que derraman pasión descontrolada: “Ardió el colchón donde tú y yo mojamos nuestros flacos huesos secos” (“Aproximación”); “… cuando zarpa el barco se me pone el alma pirata, me crecen cuernos y rabo en vez de un par de alas blancas” (“Pirata”); “Encendernos con las manos fue más de la cuenta” (“Amelie”). Esa lujuria que a veces puede resultar dulce, como en “Windsor”; “Por mi tripa”; “Rum Rum” (junto al ex Caballero de la Quema, Pablo Guerra); “Llévame al baile” y “Lady Madrid”, también puede llevar al otro extremo.

Ira

Una mujer suicida (¿quizás?) encarna el papel principal de “Violento amor”. Leiva vuelve a ganarse todas las ovaciones. “La ventana siempre fue una solución real…”, avisa en “Que parezca un accidente”. Acaso sean estas obras líricas las que lo llevan a ser admirado por todos sus colegas hispanos. La misma devoción que los Pereza demuestran por el rock and roll argentino cuando el dúo homenajea a los Ratones Paranoicos y luego descarga su ira en la intoxicada “Señor Kioskero”. El final no podía ser mejor. Mientras la banda se despide, el que vuela hacia el público es Rubén.

Pereza

Está claro que de perezosos no tienen nada. Solo basta ver los créditos de cada tema de sus discos para darse cuenta de eso. Ocupan el privilegiado lugar de la mejor banda del rock español en la actualidad y cuentan con el apoyo de sus colegas para llegar más alto aún, y con el aval de un talento poético magistral.

Decir que reafirmaron su amor con el público argentino es un cliché difícil de esquivar (el comienzo de la nota lo remarca). La ignorancia debería ser un pecado: desconocer un conjunto como Pereza y perderse un recital de ellos tendría que ser considerado quebrantar las leyes divinas del rock.