Grabado en Nashville y bajo la producción de Brad Jones, Daiquiri Blues vio la luz en España el 27 de octubre. Existía gran expectativa por conocer al sucesor del premiado Avería y Redención (2007). Para el mismo Quique González -que el año pasado celebró su década en la música- resultaba todo un desafío superar lo logrado con el disco con el que, además de llevarse varias distinciones, registró su propia película: ¿Dónde están las gafas de Mike?daiquiri

Para afrontar la tarea, el cantautor madrileño se recluyó en una de las ciudades más bluseras que Estados Unidos puede ofrecer. Allí, con la compañía de experimentados colegas como Al Perkins, Will Kimbrough, el violinista Chris Carmichel, Pat Buchanan, el guitarrista Doug Lancio y el baterista Ken Coomer, entre otros, Quique registró 12 canciones que muestran la faceta más íntima del músico.

A comparación de Avería y Redención, este flamante trabajo -que en la Argentina saldrá a la venta en abril- deja ver el costado más calmo del español, con letras y melodías bluseras que sangran amores y desamores. Algunas joyas como “Cuando estés en vena”, “La Luna debajo del brazo”, “Deslumbrado”, “Lo voy a derribar” “Riesgo y altura” o la misma canción homónima al álbum, reflejan la madurez musical que Quique ha logrado en sus más de 10 años de trayectoria; y a la vez no deja de primar una fórmula constante ya instalada en sus obras: el lamento y sufrimiento del ocaso de amores perdidos.

Necesito entrar en los sueños de alguien”, canta Quique González en “Su día libre”; y luego en “Anoche estuvo aquí” sentencia: “Quise mucho a esa chica pero espero que no vuelva nunca más”.

Pese al firme aspecto melancólico, Daiquiri Blues es el disco indicado para formar parte de la banda de sonido de una caminata al atardecer de un domingo nublado por una solitaria ciudad y aun así no llegar al extremo depresivo. De hecho, el efecto puede ser contrario al bajón.  Como diría Gustavo Cerati: “Ponés canciones tristes para sentirte mejor”.