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En la ciudad de México se realizó el Primer Encuentro Americano de Poetas, donde participaron jóvenes de 15 países. Representando a Argentina estaba Miguel Grinberg con veintitantos años. A fines del ’61 había editado el primer número de Eco Contemporáneo, una revista ideada junto a Antonio “Giorgio” Dal Masetto durante una mochilada al Brasil.
Miguel había estado en grupos de teatro vocacional y por casualidad conoció a Antonio, quien llevaba apenas un año en Buenos Aires. Libros de Camus fueron un punto en común, y la amistad se asentó tras interminables jornadas en la redacción de Eco, apodada “El Reducto de la Flor Solar”, así llamada a raíz de un canto rodado con forma de un sol que se encontró en las Cataratas.
Lamberé 1080, cerca de Corrientes y Angel Gallardo. Ahí estaba la fábrica de carteras de Samuel Grinberg, quien compartía el lugar con la joyería del Sr. Vázquez y con Artes Gráficas Sasso. Encima de la Imprenta estaba el Reducto de la Flor Solar, un gran galpón azulejado que una vez fue un depósito de cueros y que contaba con elementos muy cotizados: un escritorio y un teléfono, a lo que agregaron un máquina de escribir. Todo se hacía a pulmón, y aún hoy Antonio recuerda los viajes hacia la imprenta que quedaba en la provincia, y el duro trabajo de doblar y guillotinar cada ejemplar en pleno verano porteño. Luego, volver hasta Retiro con los paquetes y repartirlos entre kioskeros amigos, cine-clubs, y en la puerta de las facultades. Al principio estaban ellos dos, pero de a poco fueron desfilando más personajes, como el apasionado Alejandro Vignati, Gregorio Kohon, y un grupo que venía de Tandil (entre ellos Jorge Di Paola Levin, luego co-fundador de la revista El Porteño). Esa gente de Tandil veía con un contacto valioso: conocían al escritor polaco Vitold Gombrowicz, radicado en nuestro país.
Obviamente, Eco Contemporáneo no era una revista popular, pero se distinguía de las demás revistas literarias -como Opium o El Angel del Altillo- porque publicaban mucha literatura beat. El primer número coincidió con las primeras traducciones de obras de Jack Kerouac: “El ángel subterráneo” y “En el camino”. La páginas de Kerouac transmitían una explosión de libertad personal y un afán de descubrimiento del mundo. La posibilidad de inventar todo a cada instante. Y ese es el punto de contacto de “los intelectuales” con los músicos.
Este blog está basado en el libro "Historia del Rock en Argentina", escrito por el periodista Marcelo Fernández Bitar.
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