Habíamos dejado a Los Beatniks en Villa Gesell, tocando en lugares como el cine Atlantic y en el club Defensores, con la formación integrada por Moris, Javier, Rocky e Iván. Ya de vuelta en Palermo, Moris se cruza con un viejo amigo con quien solía escuchar discos de Elvis en una disquería de la calle Charcas. Era Pajarito. En esos días Moris compone varios temas, entre ellos “El abuelito” (luego editado como “Escúchame entre el ruido”). Juntos empiezan a juntarse Martín y el bajista Antonio Pérez Estévez. Pajarito, por su parte, empieza a golpear la pandereta y acompañarse con una guitarra desenchufada. Esta ya es la formación de Los Beatniks que tocaría en La Cueva, desplazando a los jazzeros.

¿Quiénes andaban por La Cueva? A ver… Ciro y Litto (quien los jueves reemplazaba el bajista Carlos Villalba por 300 pesos), Ricardo Lew y Carlos Carnaza (formando “Las Sombras”), Jorge Navarro, el organista Richard Green, José Alberto Tanguito Iglesias, el pintor Charly Camino, Javier (con “La Negra Blanca” Blanca Larroca), el bandoneonista Aldo Altayrac, el hoy antropólogo ecologista Mario Colorado Rabey, Pipo, Carlos Mellino, Alejandro Medina, el organista Kerestezachi (quien 10 años después grabará en la formación francesa de Los Abuelos de la Nada), la hermosa Susana Juri, Diana Shepard (alias “Diana Divaga”), Silvia Washington, el jazzero “Gordo” Cáceres… y la lista bien podría extenderse por varias líneas más, ya que además del “elenco estable” estaban los que iban periódicamente o por curiosidad.

En La Cueva no era usual componer temas, sino que era un lugar donde encontrarse con gente en la misma sintonía, gente que leía y escuchaba cosas similares. Tampoco era necesario vivir cerca de La Cueva. Por ejemplo, Tanguito venía de Caseros, Javier de Flores y Pajarito de Mataderos. Otra razón para ir a La Cueva era porque allí había… mujeres.

En abril, Pipo hizo circular un panfleto dirigido a “los intelectuales que perdieron el tren”, citando frases de Henry Miller, mencionando las canciones furiosas de los Beatles y avisando que “Bob Dylan levanta a toda una generación”.

El 2 de junio de 1966, gracias a la incesante actividad de Pajarito, Los Beatniks entran a los estudios CBS y graban su único simple, con “No finjas más” y Rebelde. Yo prefiero considerar esta fecha como la primer grabación de rock argentino, obviando el LP de Los Gatos Salvajes. Con leer la letra se puede apreciar que se trataba de algo bien diferente al rock’n'roll en castellano que hacía Sandro:

“Rebelde me llama la gente,
rebelde es mi corazón,
soy libre y quieren hacerme
esclavo de una tradición

Todo se hace por interés,
pues este mundo está al revés,
sí, todo esto hay que cambiar,
siendo rebelde se puede empezar.

¿Por qué el hombre quiere luchar,
aproximando la guerra nuclear?
¡Cambien las armas por el amor
y haremos un mundo mejor!

Yeah, rebelde seré
Yeah, rebelde hasta el fin
Yeah, y así moriré…”

Días después, tocaron en el teatro del Altillo (Florida 640) e hicieron un sketch que contaba la historia de un grupo como ellos…

Se apaga la luz y sobre el escenario hay una habitación donde se van despertando algunos tipos, uno de ellos con ¿una gorra de baño en la cabeza? Entra un gordo que anuncia haber conseguido un show en un pueblito remoto del Gran Buenos Aires… el de la gorra rezonga y con voz somnolienta le suplica que lo deje dormir un poco más, “¡Pará un cachito que estoy palmado!”. Se despierta otro más y le pide al de la gorra que cante “aquella bossa de Gesell” y al rato suena una cadenciosa melodía. Luego el grupo ensaya y sobre el final entra el gordo nuevamente, frente a público…

Los Beatniks también trataban de llamar la atención a cualquier precio. Invadieron la ciudad con calcomanías que insolentemente decían “Aquí estuvieron Los Beatniks, ¡cuando no!” -por avenida Rivadavia, en los subtes y por todas partes. Otros ardid de Pajarito fue avisarle al periodismo que en La Cueva se presentaría la Primer Reunión de Pacifismo y Amor Libre. Fueron tipos de los diarios, televisión y revistas, y escucharon las canciones de “sexo y protesta”. Para esta reunión se organizó una fiesta falsa en Barrio Norte, que terminó con gente bañándose en la fuente frente a Mau-Mau. Conclusión: la revista. Así les dedicó la primer plana con títulos escandalosos.

A pesar de todo esto, el simple de Los Beatniks no llegó a vender más de 200 placas sobre una tirada de 600.

Coincidiendo con la salida del simple, Moris se abre del grupo, principalmente por estar cansado de conservar el difícil equilibrio de ideas y personalidades entre el grupo. Comienza a tocar solo, a veces juntándose con Litto para recorrer bares con la guitarra a cuestas, tocando ante oficinistas hasta ser echados del local; y ahí a otro bar. Moris ya no escucha más discos… es tiempo de “Hacer y vivir a fondo”.