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Entra en escena Miguel Abuelo Peralta, quien casualmente cae en la pensión Residencial Norte (alias La Pensión de Vicenta, en Carlos Pellegrini casi Libertador), donde intentará escribir un libro que apenas tenía título: “La Historia Universal de la Realidad” (!). Allí conoce al dibujante Luis Suárez, a varios estudiantes del interior, al “Gordo” Martínez y a los integrantes de los Beatniks. En un cuarto estaba Moris, en otro Antonio Pérez Estévez, y en otro entró Miguel. Pipo los visitaba bastante seguido y finalmente terminó uniéndose a ellos. A decir verdad, recién ahí Pipo recibe ese apodo, ya que hasta el momento era simplemente Beto, su apodo desde chico por llamase Alberto. El apodo se lo dio la mujer de Antonio Pérez Estévez, Charito (la misma de Gesell), un personaje importante en toda esta historia porque fue la primera en irse a Europa, entusiasmando por medio de cartas a los que se había quedado. Miguel no sabía cómo empezar su libro, y cada tanto intentaba inspirarse con algunos litros de vino (de botellas que guardaba debajo de la cama), lo que hacía que -alucinado- viera monstruos y terminara cantando bagualas y vidalas, golpeando una cacerola afanada de la cocina. Antes de caer ahí, había integrado un trío folklórico y solía ver a su hermana Norma Peralta cantando en peñas folklóricas, como las de Paraguay y Suipacha. Poco a poco, Miguel decide dejar de intentar escribir sobre la Realidad y -en vez- vivirla. Escribe poemas, por ejemplo uno que recitaba a menudo: “simple como una nota, me regalaste un pájaro… yo a las tontas como el agua, heredero de vértices, protegiendo la piel, permití tu vida por las manos vacías”. ¿Cómo cayó a La Cueva? Enamorado de la mujer del bajista de Los Beatniks, la sigue y comienza a naufragar junto a los demás. Una vez Miguel llegó a cortarse la mano e hizo un terrible drama amoroso después de escuchar a Charito y Antonio, quienes estaban en el cuarto de al lado.
Volviendo al tema de La Cueva, Miguel cuenta que antes había asomado por ahí, metiéndose de puro curioso, atraído por la música. “Pero no me gustó el ambiente y les grité que todo era una porquería. Un pibe flaco, de anteojos, se me acercó y me dijo ‘Y vos, ¿qué sabés hacer?’ y contesté ‘Yo canto? y me puse a cantar la ‘Vidala del Angelito’. Lo hice como una agresión hacia ese medio, y cuando abrí los ojos me aplastó una andanada de aplausos y congratulaciones. Después, yendo con Moris y Pajarito desde la pensión, volví a encontrarme con aquel pibe de anteojos. Era Javier Martínez. Y así comenzó mi relación con todo el movimiento de música que había por allí”.
En la pensión se hacían los arreglos de algunos temas de los Beatniks, ensayando con la guitarra y probando algunos juegos de voces. También paraba ahí Carlos Iglesias, un amigo de Pipo que estaba muy metido en la militancia política y que enseguida de volver de una manifestación recibió el apodo de “Crimoj” (por el olor a gas lacrimógeno).
Después de un tiempo en la pensión, Pipo vuelve a su casa y lleva a Miguel quien ya había dejado de tomar tanto. Pipo le cuenta a su madre la historia de Miguel, y ahí mismo Mabel Lernoud se sienta frente a Miguel y le dice, “De ahora en adelante vos te quedás a vivir acá todo el tiempo que necesites, y tenés los mismos derechos y obligaciones que Pipo. Si ustedes se pelean, voy a escuchar al que tenga razón; y si Pipo se va, vos te podés quedar”. De golpe, Miguel se encuentra con una familia, con la cual vivirá unos tres años. En esta época, Pajarito le pasa una guitarra y los acordes de “Blowin en the wind” de Dylan. Pipo le traduce la letra y enseguida compone su primer tema, todo en una acorde (Re), y que parafraseaba el tema de Dylan desde el primer verso: “Cuánto tendremos que esperar para…”. Después empezó a componer seguido, junto a Pipo, y así salieron temas como “Diana Divaga” y “Pipo la serpiente”, cuyos acordes son los mismos de un tema de Eduardo Falú, a quien Miguel vio por televisión y le copió la posición de los dedos.
El recorrido típico de los náufragos empezaba en La Cueva, de ahí iban por Pueyrredón hasta avenida Rivadavia a sentarse en una gran pizzería llamada “La perla del Once”, donde copaban unas cuantas mesas y alternaban dormir con charlar y componer. Según Pipo, en esta época la mayoría aún volvía a dormir a sus casa, incluso Javier y Tanguito, quienes vivían lejos del Centro. Igualmente, no había una rutina fija, así que también era normal verlos caminando hacia las playas de Olivos o al hotel Dixon (de Peña y Austria, bastante cerca de La Cueva), el Dixon era un hotel alojamiento donde muchos habían llegado a un arreglo con el dueño: él les aseguraba una pieza en el primer piso y ellos sólo paraban ahí por algunas horas. Charly Camino, por ejemplo, vivía ahí con su mujer, Celia. Un detalle del hotel es que no tenía música funcional, sino que todos los parlantes desembocaban a un tocadiscos… así que muchas veces los náufragos llevaban sus discos de rock y blues. Hacia 1967 aparecen dos lugares más: la casa del “Colorado” Rabey y la quinta de la familia Pujó en Florida.
Javier nos describe La Perla: “Estaba invadida por estudiantes. Imaginate un lugar cuatro veces más grande que La Paz. Enorme. En el sector de adelante estaba la gente que entraba y salía, o sea la gente de la calle. Después, en el sector pequeño si se lo comparaba con el de los estudiantes… quienes a veces nos tiraban la bronca porque no podían estudiar por el kilombo que hacíamos. Pero nos querían. La Perla era un dormitorio, por ejemplo ahí estudié música. Componía con ayuda de algún amigo que me enseñaba los acordes. Al final me compré una guitarra y un cuadernito. Me acuerdo que el mozo venía y nos gastaba, ‘No, acá no se puede tocar’, y yo tocaba bajito, anotando el dibujito del acorde en el cuadernito. Ahí se cocinaban muchas cosas: componíamos canciones, aprendimos y arreglamos el mundo en charlas interminables. De La Perla hacíamos las 17 cuadras hasta La Cueva; otro día empezábamos el periplo en el bar Moderno, que cerraba a las once, y seguíamos por Corrientes hasta llegar a La Cueva a la una de la mañana. Y a las cuatro volvíamos a La Perla. Horas y horas sin dormir, para ver que pasaba. Ese fue el método de iluminación que utilizábamos; era una bohemia sana, sin drogas ni alcohol, con café y muchas ganas de vivir. Bah, recién dije ‘sin drogas’ pero seamos sinceros: corría la anfetamina (Actemín, Dexamil -spansules y gotas para la nariz Instalasa). Tanguito después cayó en la pesada y se picaba, pobre, era un desastre. Todos tomábamos anfetaminas cuando no podíamos más. La culpa no era nuestra ni tampoco del farmacéutico que la vendía -aunque tenía algo de culpa- sino que era culpa de la sociedad, que no nos daba un lugar para hacer una bohemia sana. Por eso íbamos a los bares y para seguir despierto te tragabas una pastillita. La mayoría lo dejó a tiempo, pero por ejemplo a Tanguito lo reventó. Yo no quería tomarme una pastilla sino ir fuera de horario a un hotel alojamiento, así no te pateaban a las dos horas y te dejaban dormir hasta el mediodía. A veces íbamos a casa de amigos; la madre de Tanguito nos albergó muchísimo y la madre de Pipo era una madre para todos… caíamos mil a la casa y nunca nos tiró una pálida. En lo de Pipo escribía “Informe de un día”, después de dos días sin dormir”.
De más está agregar que la policía los paraba para pedirles documentos o para llevarlos presos por tener el pelo largo. Era costumbre caer un par de veces por semana en cana. Al pasar los años, la represión se haría aún más rígida. Los náufragos tenían una pasión inexplicable, con Tanguito caminando desde Caseros cantando solo, con Litto haciendo difusión de sus temas en los bares junto a Moris. Cuando en el mes de julio dejan la pensión del Bajo, comienzan a cambiar de casas, naufragando de un lugar a otro. Una de las paradas más conocidas fue “La casa con 10 pinos” en Monte Grande, donde Javier creó Negal S.A. junto a Nonono Antisí. Es la época de “Tronano de la Fronta” (apodo que Javier le puso a Pipo) y de “la mano” (la hoy cotidiana frase ¿como viene la mano? empezó ahí). La leyenda cuenta que Moris terminó “A veces estoy cansado” en La Perla, donde -el día de Navidad- Javier compuso Jugo de tomate:
“La tierra que te da la vida, da un tiempo para decidir;
eligiendo inteligentemente, todo el mundo podrá ser feliz.
jugo de tomate frío, jugo de tomate frío,
en las venas, en las venas deberás tener.
Si querés ser un terrible vago, todo el día panza arriba y a dormir:
o elegiste ser un tipo capo, siempre serio y que da temor.
Si querés triunfar con las mujeres, tener muchas que lloren por vos,
tendrás que ser un poco inteligente, tener dinero y una buena voz.
Si querés ser un tipo importante, que se hable todo el día de vos,
o querés inmortalizarte como héroe, asesino y semi-dios.
Deberás tener: jugo de tomate frío, jugo de tomate frío,
en las venas, en las venas deberás tener”.
Este blog está basado en el libro "Historia del Rock en Argentina", escrito por el periodista Marcelo Fernández Bitar.
Ariel
February 9th, 2011 el 11:30 pm
Hola muy buena la historia del hotel dixon lastima que no tenga el reconocimiento que deberia tener es alucinante la historia de nuestro rock que tambien tiene que ver con nuestra historia y sobre todo con la historia Argentina me encanta mucho la historia de tanguito quisiera saber mas tengo bastante data de todo un poco hay algun lugar como una biblioteca o algo asi para saber mas y ver fotos sin que sea internet?? desde ya les agradezco las cosas de nuestra historia y nuestros proceres de rock… aguante sumo y me gustaria seguir en contacto