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Al comenzar el verano, Los Gatos Salvajes terminan su contrato con La Escala. Sin manager ni representante, no tienen laburo y -salvo Litto y Ciro- los demás quieren volver a Rosario a esperar otra oportunidad. Así es como se separan, y quedan los dos en La Gran Ciudad, más decididos que nunca a seguir con la música. Acompañan a los recién surgidos Bárbara y Dick, graban con Nicky Jones y con Johnny (Tedesco, también ex-Club del Clan). Yiran por casas de amigos, hacen tiempo en plazas (¡oh, Plaza San Martín!) y pasan unos meses muy duros. Un buen día, en una reunión, el representante de Johnny -Fabián Ross- les presenta a Alfredo Toth, bajista. Anteriormente, Alfredo había integrado un grupo de barrio como guitarrista, y luego había pasado al bajo tras juntarse en otra banda con Héctor Starc. Enseguida enganchan la misma onda, pero cuando llega el momento de ponerse a tocar, Alfredo se pone nervioso y confiesa apenas saber algunos acordes. Con su característica vehemencia, Litto se enoja y le dice que podría romperse un poco y aprender. A la semana, los tres andan tocando juntos, incluso planeando presentarse como “Ciro, Litto y Fredo”. Es la vieja historia del guitarrista que no sabe hacer cejillas y automáticamente se convierte en bajista.
Este blog está basado en el libro "Historia del Rock en Argentina", escrito por el periodista Marcelo Fernández Bitar.
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