El 21 de septiembre, a eso de las tres de la tarde, la plaza San Martín ve llegar a decenas de hippies. Toman asiento formando un gran círculo y en el medio se ubica Tanguito con su guitarra.

Tiempo después, la revista Así emprende una serie de notas sobre los hippies porteños. Uno de los entrevistados, Pachy (nombre guaraní que significa “apache argentino”), les explicó que “Nosotros no somos hippies, sino náufragos. Esto viene a ser la versión actual de un movimiento sociológico-literario fundado por Allen Ginsberg y Jack Kerouac. Yo llegué a esto luego de pasar y superar otras etapas filosóficas que vendrían a ser los cuatro caminos para llegar a La Verdad Humana: yoga, budismo zen, sabat (doctrina de lucha) y Karate. Como todos, yo nací en un mundo redondo y hermoso que se empreña en dividirme. Me considero un ‘eimatlo’ por propia voluntad, o sea una persona cuya patria no existe. Tengo 20 años, soy casado y separado con una hija, trabajo de artesano y colaboro en revistas literarias: Al Delfín, de Brasil, e Igitur, de Córdoba. Dejé mi familia a los 15 y cuando estaba casado debía tener un trabajo estable, por lo que estuve de estibador en el puerto, y peón en el marcado de abasto”.

En forma paralela a los hippies, coexistían sus enemigos naturales: la policía y los intolerantes de siempre, por ejemplo “La barra de Nueva Pompeya”, un grupo de jóvenes empecinados en agredir a golpes a cualquier hippie que se le cruce en el camino. Obviamente, los componentes son los de cualquier patota, condimentados por tipos enrolados en organizaciones ultraderechistas (lo que otrora fueron los tacuaras), gente que se siente llamada a acabar con todo aquello que atente contra “los principios del espíritu occidental”. Claro que, viendo la posibilidad de conseguir peleas fáciles, enseguida surgió “la barra de Flores”, con meta en enfrentar a los de Pompeya y -de paso- defender a los hippies.

Pero volvamos al 21 de septiembre…

-Pipo, ¿cómo fue la historia detrás del “nacimiento de los hippies” en la primavera del ’67?

-La historia es maravillosa. Nosotros veníamos tomando conciencia de que éramos un grupo de gente con una ideología contracultura. Era la época de Onganía y había que hacer algo con la cara seria y careta de la sociedad argentina. Además, con Vietnam estaba la onda de la marchas pacifistas. Esta es la etapa mas fuerte de naufragar… durmiendo en el cajoncito de arena de plaza Francia. Me acuerdo claramente de una escena en plaza San Martín, junto a todo un grupo de gente: ahí estábamos con el colorado Rabey y Hernán Pujó explicándole a un grupo acerca del pacifismo y cosas medio intelectuales en uno onda McLuhan/Warhol… porque algunos náufragos sabían “All you need is love” pero nada más. Cayó Javier y le dije que tenía que cantar sus temas, explicar sus letras y divagar como lo hacía con nosotros, para que los chicos puedan aprender algo de nuestra experiencia. Y Javier me contestó que no quería ser líder de nadie ni formar ningún tipo de partido político u organización, “Si los pibes quieren aprender algo, que lo hagan por su cuenta”. Moris y Javier no se prendían en el asunto de explicar lo que hacíamos uy dárselas un poco de maestros. De toda esta historia, un día se nos ocurrió algo con ese tipo genial que es el Colorado Rabey y con Hernán Pujó (el autor de “Amor de primavera”). Dijimos, vamos a reunir a todos los melenudos que anden por la calle. Hicimos pasar una bola: “A todos los melenudos que veas, deciles que vayan el 21 de septiembre a plaza San Martín, a la tardecita, y que vengan vestidos como harían en un país libre”. Mientras tanto, con la lista de periodistas que tenía Pajarito les avisamos que en ese lugar y fecha se anunciaría “La llegada de los hippies”. Vinieron unos 250 pibes vestidos de la forma en que veían a sus conjuntos favoritos en las revistas. Fue una maniobra publicitaria de algo que ya existía, para que -por ejemplo- la gente supiera que al ver un melenudo por la calle era un hippie que quería paz”.

- Y que no era un puto, como pensaban todos al ver un hippie…

- Exacto. Porque nos encanaban por esa razón.

- También fueron a “Sábados Circulares de Mancera”…

- Sí. Yo hablé en ese programa. ¿éramos treinta o cuarenta que habían buscado en Saint Tropez. ¿Sabías que Tanguito salió cantando por televisión?