Desde abril, y hasta julio, se organizó el ciclo B.A.Rock en el teatro Don Bosco de San Isidro. Actuaron Raúl Porchetto, Hunca (el proyecto que antes se llamaba “Litto Nebbia y el Templo Trío”), Aquelarre (uno de los primeros conjuntos de rock que se organizó profesionalmente), Gabriela, Color Humano (que junto a los tres anteriores formaba parte de la productora AMAR -Agrupación de Músicos Argentinos de Rock), Orion’s Beethoven, Moris, Arco Iris, Pappo’s Blues, La Pesada (que tras seis meses de ensayo y grabación editó “Buenos Aires Blues”), Pescado Rabioso (el grupo de Spinetta, Black Amaya y Bocón Francino… al poco tiempo se sumó Carlos Cutaia, y en octubre se fue Bocón). También actuaron formaciones como el Acusticazo e Historia del Rock, este último con Litto Nebbia, David Lebón, Gabriel Ranelli, Cacho Lafalce, Claudio Martínez y León Gieco.

El Acusticazo conformó el tácito polo opuesto a La Pesada, ya que era un recital (del que se grabó el primer disco en vivo de rock) con artistas tocando “sin instrumentos eléctricos”. Estaban Porchetto, León Gieco, Miguel y Eugenio, Carlos Daniel Fregtman, Litto y Gabriela. León siempre recuerda con agradecimiento sin tocar, y llegó a reconsiderar la propuesta de Horacio Malvicino para trabajar como cantante “comercial”. Pero desistió, siguiendo así el consejo de su amigo Gustavo Santaolalla, a quien conoció porque éste daba clases de música. Es justamente Gustavo quien termina produciéndole su primer disco.

Mientras tanto, Arco Iris termina su contrato con RCA, y en los estudios de Pepe Netto graban un demo que finalmente editó Music Hall como simple: Mañana campestre y “Hoy”. Ara Tokatlián empieza a practicar saxo, y Gustavo sigue profundizando su idea de fusión folklórica. Aún con el sistema de mezclar las pistas y volver a usar uno de los dos canales del estudio de grabación, registraron “Tiempo de resurrección”. El poder de convocatoria del grupo iba creciendo, y lo comprobaron en los inesperadamente exitosos dos recitales en el cine-teatro Lorange.

“Mañana campestres, perfumadas de azar,
un gorrión se escapa de tu vos,
en el río, la cara de lo dos.
El viento nos cuenta la historia de un lugar.

Corramos al bosque, a preguntarle a un nogal,
si es verdad que llueven rosas de cristal,
si la luna se ha ido a pasear.
El viento no cuenta la historia de un lugar.

Mañanas campestres, mañanas campestres.”

Mayo tuvo otro ciclo organizado por Pierre Bayona: “Tres trips”, en el ABC, por donde desfilaron el Expreso Zambomba, Roque Narvaja, Sui Generis y Piel de Pueblo (la nueva banda de Pajarito Zaguri). Como condimento extra, los sábados se armaban zapeadas. Sui Generis ya actuaba con su nueva y asumida personalidad: piano inglés vertical, guitarra y flauta. Con tal de hacer unos pesos, llegaron a acompañar a artistas como Nelson o Pagliaro. Pero el trabajo se interrumpe cuando Charlie entra a la colimba, donde sólo estuvo dos meses (le dieron la baja por la misma razón que a otros músicos: “personalidad esquizoide”; en el caso de Charlie fue por insultar a un teniente y escaparse). Durante esa experiencia compone Canción para mi muerte, en apenas diez minutos. Recuerda Charlie: “Cuando me quisieron mandar al Sur como castigo por insultar al teniente, me escapé en un camión al Hospital Militar diciendo que tenía un problema de corazón. Ahí una noche me sentí muy mal por unas pastillas que había tomado y tras los mareos salió el tema”.

“Hubo un tiempo en que fue hermoso, y fui libre de verdad,
guardaba todos mis sueños en castillos de cristal.
Poco a poco fue creciendo y mis fábulas de amor
se fueron desvaneciendo como pompas de jabón.

Te encontraré una mañana dentro de mi habitación
y prepararás la cama para dos.

Es larga la carretera cuando uno mira atrás,
vas cruzando las fronteras sin darte cuenta quizás.
Tómate del pasamanos, porque antes de llegar,
se aferraron mil ancianos, pero se fueron igual.

Quisiera saber tu nombre, tu lugar, tu dirección,
y si te han puesto teléfono, dame tu numeración.
Te suplico que me avises si me vienes a buscar,
no es porque te tenga miedo, sólo me quiero arreglar”.

En septiembre, el gordo Pierre (“el que nos compraba caramelos, chicles y todo lo que necesitáramos”, según lo definió Billy Bond) organiza un extraño ardid para que Jorge Alvarez los escuchara de prepo en la casa de B.B. Muñoz y se convenciera de tenerlos en su sello. “Yo los conocía de la época de Mar del Plata”, afirma el omnipresente Bond, “y lo que hacían estaba bien. Era blando, pero decente. Ahí invité a Charlie a tocar el piano con La Pesada, porque es n excelente pianista de rock’n'roll y rhythm & blues. Y en los intervalos venía Nito y grabábamos temas de Sui Generis, un poco a las escondidas porque a Jorge aún no le copaban. Independientemente del estilo y de mi gusto, me pareció que podían vender muchísimo, entonces le llevé la cinta a Alvarez y aceptó sacarlo. Hicimos la tapa enseguida y en tres semanas estaba en la calle, primero en ventas con 80 mil unidades y se pasaba todo el día por las radios”. Como la mayoría de los trabajos de la época, la grabación fue en Phonal, que quedaba en una galería en Santa Fe casi Billinghurst, y que luego se fusionó con laboratorios Alex para formar Phonalex.

El llamado “clan Alvarez” aglutinaba todo tipo de proyectos, dado que Billy Bond se había inventado el puesto de “Manager de grabación”, reservando muchísimas horas en Phonalex, por lo que llega a grabar gente que de otra manera no hubiera accedido al LP. La premisa, claro, era que Billy ponía los músicos, o sea los integrantes de La Pesada. Por ejemplo el grupo Fe (que hizo un nuevo arreglo de “No pibe”, de Manal), y la serie de Billy Bond y La Pesada (donde predominaba el intento de reírse de la realidad, como la censurada versión rock de “La marcha de San Lorenzo”, o la sátira a los grupos comerciales en “Ruca”).

“La idea de La Pesada”, cuenta Billy Bond, “nació junto a Alvarez y Pujó. Me colé con Pappo y Spinetta y salió el primer disco, que en la tapa tenía los nombres de los músicos pintados sobre mi cara. Ya que teníamos el disco hecho, empezamos con los recitales: fuimos al IFT y nos vieron 50 personas, en el segundo recital ya había 150, en el tercero 500, y luego ya estabamos arriba. El primer disco no vendió mucho, pero igual hicimos otro que sí anduvo bien y la idea se solidificó. Con eso como aval conseguimos que el mercado le diera crédito al rock. Nació el sello Talent y contratamos a todos: la línea de los Almendra y los pesados, con lo que sumábamos el 80% del mercado. El tercer LP fue Tontos, que llevaba el subtítulo del asunto del Luna Park, y que estaba dedicado a los músicos que me criticaron lo que hice cuando entró la policía y le pegó a los chicos. La idea del disco en sí mataba y era muy original para la época: todo lo que se escucha es la elaboración y el mambo en el estudio para hacer un tema. Pero los críticos dijeron que era lo peor que podríamos haber hecho, así que me enojé y encaré el siguiente álbum con 10 temas de 3 minutos con introducción, canto, solo, canto y final; y entre cada tema iría -como chiste- ruido de animales. Y gustó, pero, enseguida nos empezamos a separar: se fueron Pinchevsky, Kubero, y yo también”.

En todos los trabajos aparecía la talentosa mano de Juan Gattti en la gráfica, ya sea en ediciones de Music Hall o de Talent. En algunas tapas de esta época se ve reflejada la violencia que ocurría en le país, como el álbum debut de Aquelarre, el de Piel de Pueblo, o incluso el dibujo interno del LP “Conesa” de Pedro y Pablo.

También con violencia, llega la muerte de Tanguito, el 19 de mayo, casi al mediodía, en un confuso episodio donde no se sabe si fue un accidente, si lo mataron o si se suicidó bajo las ruedas del tren en Puente Pacífico. Tampoco interesan los detalles, por más que se lo haya elevado a la categoría de mito. A otros, como al “Negro ” Julio, ni se los recuerda, aunque sí lo hayan matado. A los 27 años, destruido por “el reviente”, se apagó Tanguito y el amor de primavera. “Ese camino no te lleva a nada”, pontifica Billy Bond acerca de Tanguito y la droga, pero enseguida admite, “Yo pude zafar porque llega un momento donde tenés que parar. Por supuesto que yo también tuve mis viajes pesados; hubo una época donde quien no tomaba dos ácidos por día no desayunaba. Hay mil anécdotas, desde un recital en Córdoba donde Alvarez convidaba a todo el público hasta la torta de cumpleaños de Nacho Smilari al cumplir 21… Y el que murió fue Tanguito, que no pudo parar”.

El hito de la violencia llega en octubre, durante un “super-recital” de varios grupos en el Luna Park. Primero tocó Color Humano, sin problemas, pero con la actuación de La Pesada llegó el caos: Billy Bond invita a la gente de las populares a copar los espacios vacíos en las plateas. Claro que para hacerlo ocurren los inevitables destrozos y las consabidas primeras planas de los diarios. “Yo me enojé”, justifica Billy Bond, “porque entró Tito Lectoure con sus guardaespaldas a pegarles a la gente. Entonces grité algo asó como que dejen tranquilos a los chicos y que no jodan más las pelotas. El me llamó hijo de puta desde donde estaba y me mandó la policía. Llegaron los canas con cascos y cagaron a palos a los pibes que se estaban pasando a la platea. Y no aguanté más: dije que la violencia va a traer violencia, así que teníamos que mostrarle como responde la violencia. Rompimos todo el Luna Park”.

David Lebón relata su versión sobre ese episodio: “El Luna Park no estaba lleno y -como había gente atrás de todo- Billy les dijo que se pasen más adelante. Y ocurrió como en las canchas, hubo muchos empujones y todo eso. Ahí salió el señor Tito Lectoure con sus muchachos: fueron a las tribunas con palos y le pagaban a todos. En ese momento Billy no soportó más y desde el escenario dijo lo de romper todo. Si no se hubiera hacho lo de Lectoure y sus “romanos”, sólo se hubieran roto algunas sillas y doblado algunos caños, y lo hubieran pagado los músicos. Y chau. Pero no, fue como ver que estaban patoteando a alguien la calle y tratar de pegarle a los de la patota. Todo sucedió por algo, y no porque éramos “malos”. La Pesada salió en una época en que estaba la verdadera pesada. Protestábamos por lo que estábamos viviendo. Encima éramos pocos y la pasamos bastante mal. Ese día del Luna Park se rompió todo, equipos, escenarios, guitarras, todo. Yo tuve la suerte de tener cerca una puerta y pude salir corriendo. Me acuerdo que llegué a casa y la policía me estaba esperando. Todavía no sé por que me comí 7 días en cana con golpes y todo. Era una guerra que nadie sabía que existía”.

En esta época actúa la censura, prohibiendo explícitamente la difusión de temas como “Llegó el cambio” de Arco Iris, “Me gusta ese tajo” de Pescado Rabioso, “Sobre la confusión” de Roque Narvaja, y se alegó que “había sonidos eróticos previos a una marcha militar”. Lo curioso es que en este año empiezan a aumentar los espacios radiales de rock en emisoras oficiales. Radio Municipal (con gente como Miguel Grinberg y ¡ngel del Guercio) tiene “El son progresivo”, “La nueva música urbana”, “Opus libre”, “La joven música”, “Rock en Buenos Aires”, y “Melopea” (con Litto Nebbia). Y en televisión estaba el ciclo “Rock” en canal 11.