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En el verano del ’73 empieza a tomar una dimensión inimaginable la prensa y el arte “marginal”, siendo los parques y las revistas subte los medios de comunicación. A parque Centenario llegaron a movilizarse unas 500 personas, y en el primer encuentro que se propició desde lugares como radio Municipal, se dio un unión entre músicos y público de rock, juntándose de ahí en más en reuniones que a muchos les cambió la vid. En las citas de los domingos se editaba una revista donde cada persona que quería colaborar llevaba su hoja mimeografiada y una resma de papel para hacer las copias del ejemplar que se repartiría gratuitamente el sábado siguiente. Había grupos de poesía, música, teatro, psicología y artes plásticas. Emilio del Guercio salía junto al grupo de artes plásticas y pintaban las paredes de la ciudad. El grupo de música organizaba encuentros musicales, y así con todo… Albe Pavese compuso la “Canción de Parque”. La revista del parque tuvo nueve números, y alrededor giraban infinidad de revistas subte que se pasaban de mano en mano. Gloria Guerrero recuerda que se llegó a mandar stenciles por correo para la revistas de lugares tan alejados entre sí como Pergamino y Caleta Olivia. A diferencia de las revistas subte de la década del ochenta, no era usual publicar entrevistas a músicos de rock ni incluir comentarios de recitales; el móvil principal era la poesía.
Entre los músicos que iban al Parque estaban Luis Alberto Spinetta y Rodolfo García. También fueron -sin integrarse tanto- Raúl Porchetto y León Gieco. Y la relación que se producía no era a nivel ídolo-público, sino entre amigos. Fue un verdadero experimento de integración comunitaria, produciéndose debates entre la gente del parque y los ocasionales transeúntes. Hacia el final alquilaron una casa, pero esa gestión no prosperó por una falta en el eje más vulnerable; la responsabilidad y el respeto mutuo. Final de la experiencia en Parque Centenario. Igualmente, al verano siguiente surgieron otros lugares de encuentro y se acentuaron los trabajos en revistas, que llegarán a un pico creativo hacia 1975.
“Sombras inútiles en el parque,
los que llamaban no aparecieron,
todo gigante muere cansado
de que lo observa desde afuera”.
(parte de Cristálida, Pescado Rabioso)
En Rosario, después de Los Gatos y el momento del beat, la música joven se inclinó a la fiebre Creedence, tocando los hits “Orgullosa Mary” y “Río Verde”. Y marginalmente había una generación que intentaba proyectar la fantasía de ser músicos. Así surgieron muchos grupo muy chicos, así de barrio y sin comunicación entre sí. No había un modelo a seguir y cada uno hacía lo que podía… con más creatividad que medios. Hubo un pequeño intento de nuclear tanto esfuerzo, pero recién se organizó algo importante gracias a Ricardo Grassi, un músico de 22 años que se hacía llamar Richard y que estuvo como espectador en el B.A.Rock II. Allí se deslumbró con la gente de la producción que portaba un credencial colgada, y con esa imagen en mente se le ocurrió hacer una especie de club de músicos en Rosario, juntando esfuerzos aislados y -por supuesto- cada uno con su credencial. Más intuitivo que intelectual, Richard se junta con un par de amigos (Juan Manuel Andrada y un tal Adolfo), les cuenta su idea y los tres deciden salir por los barrios de Rosario para buscar músicos en la misma sintonía. Y esto no fue nada fácil, recordemos que Rosario es una ciudad de más de un millón de habitantes. se repartieron las zonas y se largaron a buscar tipos con pelo largo, preguntándole a las vecinas si había algún grupo de rock por la cuadra; es decir, si había “ruido de batería a la hora de la siesta”. Así, de a poco, se pasa la bola de hacer un movimiento independiente, una cooperativa de músicos. La primer cita es un sábado de mayo del ’73, un aulas del colegio María Auxiliadora. Cada grupo manda un representante, y ahí se encuentran todos, iniciando de hecho el movimiento rosarino de música joven. Por supuesto, también concurren tipos ajenos a la música, pero entusiasmados con la idea, así que surgen los encargados de los afiches, los programas, las luces, plomos y mujeres. Ahí aparecen verdaderos personajes de la ciudad, como el “Topo” Carbone (del grupo Amalgama, junto a Eduardo Lalo De los Santos, donde hacían temas propios, de Arco Iris y de Pappo), Néstor Raschia (guitarrista de El ¡ngulo), “Pichi” De Benedictis (autor de “La censura no existe” y hoy cantante de Acalanto ), Jorge Fandermole, Juan Carlos D’Azzoro (del imprevisible grupo Amor, que hizo una obra conceptual sobre textos del Dante) y Carlos Alberto Adolfo “Koki Andón” Brandolini (fundador de los míticos Pablo El Enterrador junto a Juan Carlos “Winter” Savia, “Antún” y Rubén Goldin, a quien conoció en antológicas jornadas en la Plazita de los hippies -Plaza Echozortu-. Koki llamaba la atención de todos porque vivía permanentemente con una imagen muy volada y actitudes medievales). Juan Carlos Baglietto no participó en AMAdeR porque aún cantaba en un grupo más comercial y complaciente: Vía Veneto.
El programa del primer recital de AMAdeR -Ateneo Músicos Amigos de Rosario- (6 de julio) decía: “AMAdeR es la reacción de un mínimo sector consciente que el arte nació para que se manifieste a través de quienes en verdad lo sienten”. Por supuesto que el uso de la palabra “reacción” sorprendió a más de un intelectual politizado, ya que se consideraba a los músicos poco menos que un grupo lumpen de la sociedad. Por eso, en el segundo recital -el día 20- el programa explica que “AMAdeR” es la expresión acabada de un grupo de jóvenes conscientes de la situación espacio-temporal que vivimos y del rol vital que a través de sus múltiples manifestaciones cumple arte”. En esa fecha. Pablo El Enterrador tuvo mucho público porque esa misma noche tocaba Vox Dei en Teatro Real. A la salida, todos fueron a ver otro recital en un colegio cercano: AMAdeR.
Ya el quinto recital de AMAdeR incluyó una muestra fotográfica, pero después de un par de encuentros más sucedió lo que parece inevitable en lo movimientos independientes: empiezan a cristalizarse los inconfesables proyectos individuales y comienzan los cuestionarios internos. Además, a principios de 1974, el Sindicato de Músicos de Rosario empieza a impedir los recitales bajo el pretexto que los músicos que tocaba no tenía carnet habilitante del Sindicato. Ricard pierde apoyo al intentar hacer una productora llamada Grassi Producciones y organiza un show de Raúl Porchetto el 11 de enero. Los problemas internos se acentúan y AMAdeR se desbanda.
En este año también llega a su apogeo el rock en la provincia del chaco, de la mano de la gente vinculada a la agrupación Cha-Rock: Nicolás Bancalari, Oveja Giménez, Jorge Bottini, Oscar “Pink” Figueroa, Jorge Urturi, Manito Varela y otros. Cha-Rock tuvo una importante respuesta del público en la ciudad de Resistencia, trabajando con continuidad a partir de 1971 aunque la mayoría de los equipos que usaban eran prestados La despedida de Cha-Rock fue en diciembre del ’73, en un recital en la sala de la E.N.E.T. N° 1 con los espectadores ocupando incluso los pasillos.
A partir de este hacho, el rock en Chaco se redujo considerablemente, de no ser por la actividad de grupos como Trampas (liderado por Jorge Bottini y su inefable Gibson SG roja), Imagen y Ave Fénix. A mediados de la década del ’70 aparecen más agrupaciones: Vértigo, Natural, Quo Vadis y el dúo Epílogo. A esta altura se reedita la idea del Cha-Rock Chaqueño (CIROCK), que entre 1975 y 1976 realizaron tres importantes encuentros. En diciembre del ’78 Imagen hace un recital junto a Trampas, que el año siguiente llegará a su fin, quizás cansado de tanto luchar sin conseguir resultados masivos que permitieran una mayor continuidad de trabajo. En 1981, los grupos chaqueños mas recientes organizaron recitales en le Escuela N° 33 ante unas 700 personas, destacándose Rocanroll (con Pink Figueroa), Etcétera, Clave de Hoy, Eyector, Nocredamus, Mario Ojeda y Aguas de Marzo.
Este blog está basado en el libro "Historia del Rock en Argentina", escrito por el periodista Marcelo Fernández Bitar.
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