A lo largo de este año empieza a hacerse más que evidente la convocatoria e importancia del rock local. Estudios sociológicos (que son parte de la bibliografía básica del ciclo común de la UBA) coinciden que los recitales eran claros síntomas de resistencia ante la dictadura militar. La expresión más significativa es que en cada concierto se empezaba o terminaba entonando el célebre “¡Se va a acabar, se va a acabar…!”.

Los días 9 y 10 de febrero se hace la primer edición del Festival de La Falda, organizado por Mario Luna (quien condujera el programa radial “Alternativa”, que se cortó cuando Mario se negó a aceptar por imposición temas de tango y folklore). Asistieron unas 8500 personas, ávidas de encontrarse y escuchar a León Gieco, Serú Girán, Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre, Raúl Porchetto, Raíces, Vox Dei, Mousse, Redd, y Nave (con Pedro Aznar, Diego Rapoport, Juan Carlos “Mono” Fontana y Luis Borda), además de la inevitable zapeada final.

Unos 20 días después, 2 mil porteños asistieron durante el fin de semana al festival Parquerama, en La Rural, donde actuaron Serú Girán, La Banda, León Gieco y un grupo soporte formado por Gabriel Maccioco y Luis Viola: el dúo Fantasía. Ahí León estrenó el tema La cultura es la sonrisa.

“La cultura es la sonrisa que brilla en todos lados;
en un libro, en un niño, en un cine o en un teatro.
Sólo tengo que invitarla para que venga a cantar un rato.
Ay, ay, ay, que se va la vida, mas la cultura se queda aquí.

La cultura es la sonrisa para todas las edades,
puede estar en una madre, en un amigo o en una flor,
o quizás se refugie en las manos duras de un trabajador.
Ay, ay, ay, que se va la vida, mas la cultura se queda aquí.

La cultura es la sonrisa con fuerzas milenarias
ella espera malherida, prohibida o sepultada
a que venga el señor tiempo y le ilumine otra vez el alma.
Ay, ay, ay, que se va la vida, mas la cultura se queda aquí.

La cultura es la sonrisa que acaricia la canción
y se alegra todo el pueblo, quien le puede decir que no.
Solamente alguien que quiera que tengamos triste el corazón.
Ay, ay, ay, que se va la vida, mas la cultura se queda aquí.

Sólo llora en un país donde no la pueden elegir,
sólo llora su tristeza si su Ministro cierra una escurla.
Llora por los que pagan con el destierro o mueren por ella.
Ay, ay, ay, que se va la vida, mas la cultura se queda aquí”.

En marzo, león actúa gratis en Luján para ayudar a los estudiantes a juntar dinero para publicar solicitadas pudiendo re-abrir la Universidad (cerrada por el Gobierno el 20 de diciembre). Volvió a cantar “La cultura es la sonrisa”. Días después tocan el timbre de su casa a las 7 de la mañana. Lo llevan ante un Alto Funcionario Militar, quien le dice que deje de cantar la canción que menciona que se cierran facultades. Ante el primer “pero” de León, el hombre le recuerda que tiene una esposa y una hija, y que si no está de acuerdo con el pedido, que se vaya del país. De ahí en más, León anula la última estrofa del tema.

En abril, junto a Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre, León llena el estadio Obras, y se graban temas que integrarán el exitoso disco recopilación “7 años”, por ejemplo “La colina de la vida”.

“Casi, casi nada me resulta pasajero,
todo prende de mis sueños,
y se acopla en mi espalda
y así subo muy tranquilo la colina de la vida.

Nunca me creo en la cima o en la gloria,
eso es un gran fantasma
creado por generaciones pasadas,
atascadas en el camino de la vida.

La realidad duerme sola en un entierro
y camina triste por el sueño del más bueno,
la realidad baila sola en la mentira
y en un bolsillo trae amor y alegrías,
un dios de fantasía, la guerra y la poesía.

Tengo de todo para ver y creer,
para obviar o no creer,
y muchas veces me encuentro solitario,
llorando en el umbral de la vida.

Busco hacer pie en el mundo al revés,
busco algún buen amigo,
para que no me atrape algún día
temiendo hallarla muerta a la vida”.