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Con los ojos cerrados

No sólo era un racimo de uvas cualquiera,
no era tampoco un tipo de vida especial.
Cada uva llevaba una semilla,
cada semilla una historia para contar.
Un sólo punto de vista debajo del cielo,
una mirada siempre particular.
Siempre esperando del este que salga la luna,
siempre al oeste mirando cuando el sol se va.
Quién sabe cuantas noches y días de lluvia,
cada gota trayendo un nuevo temblor.
Otras noches oscuras plagadas de estrellas
bailando en el cielo infinito de tanto brillar.
Una gota de lluvia irrepetible,
esa única estrella en la inmensidad.
Cada uva un día que ya no vuelve,
cada racimo una uva en la eternidad.

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