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Bienvenidos otra vez, Cadillacs que demostraron que se puede arrancar bien de abajo y llegar hasta lo más alto.
Bienvenido el retorno, que será como una celebración de buenos momentos vividos por todos, por ellos y por nosotros.
También bienvenido que mucho de esto de su regreso huela a vamos a hacerlo porque queremos, qué tanto.
Y que quizá sea también, de parte de la banda, una apuesta al futuro. Ojalá.
La historia que hoy está por continuar, empezó lejos. Y hace mucho tiempo.
El big bang lo produjo el punk en Londres y en Nueva York, promediando la segunda mitad de los 70. Aquellos jóvenes desprolijos con el pelo tijereteado, con los Sex Pistols a la cabeza, desafiaron todo lo establecido y pusieron sus guitarras a todo volumen para vomitar lo que sentían. Así impusieron la idea de que cualquiera podía hacerlo.
Unos años después, porque en aquel tiempo las cosas se trasladaban más lento que hoy, la furia y el desparpajo llegaron a Buenos Aires, y fueron bien recibidos porque aquí soplaban vientos favorables por la llegada de la democracia.
Y fue entonces cuando, casi al mismo tiempo que Soda Stereo y Virus pero arrancando más de cero, unos jovencitos que se habían conocido en el secundario armaron una banda y llamaron, para que cantase, a quien había sido novio de la hermana del bajista. Así se formaron Los Fabulosos Cadillacs en 1984. Esculpidos bajo el modelo Bad Manners, Madness y Specials, en ese momento tenían poco y nada para mostrar. Sabían tocar lo mínimo. Pero tenían mucho entusiasmo. Y estaban convencidos.
Los Fabulosos Cadillacs parecen el paradigma del grupo que completa su formación en público. Cuando grabaron el primer disco, eran pura energía con escasa habilidad musical y unas poquitas ideas. Decían que solo les importaba morirse tocando ska. Pero después mejoraron. Y cuánto.
En los años del estirón, no les tocó un tiempo tranquilo en el país. En realidad, es difícil que en la Argentina haya muchos años de tiempo tranquilo. Entonces, de una breve primavera democrática en que parecía que iríamos hacia un futuro feliz, el país pasó a la hiperinflación, los levantamientos carapintadas y las leyes que dejaban exentos de cárcel y castigo a muchos violadores de los Derechos Humanos, y en esos años, con la velocidad de lo inmanejable, Los Fabulosos Cadillacs vivieron el ascenso y el primer éxito, y después, casi de inmediato, el desconcierto, porque parecía que todo lo construido se desmoronaba.
Pero los Cadillacs ya no eran gorditos díscolos sino que estaban creciendo, se habían hecho hombres y demostraban ser inteligentes como para no creer que tenían en los bolsillos la llave del éxito eterno.
Y un día se reconocieron del Sur. Vieron que su verdadera país era Latinoamérica, escucharon a Rubén Blades y leyeron a Eduardo Galeano, viajaron con los ojos bien abiertos y así primero se convirtieron en grandes referentes del llamado rock latino, y luego en figuras fundacionales del actual rock mestizo que apunta a ser la gran música del futuro en el continente.
Después de dar a conocer obras que sólo pueden gestar las grandes bandas, de tocar ante multitudes y de vender millones de discos, una vez, hace seis años, el grupo se disolvió. Su último registro editado había sido, significativamente, un disco doble en vivo llamado “Hola” y “Chau”.
Ahora vuelven.
Se dirá que los motivó el retorno de Soda Stereo del año pasado y que buscan ganar en un breve período todo el dinero que no llegaron a hacer en años y años. Y qué importa por qué vuelven.
Lo importante es que están otra vez juntos, seguros de que tienen más para decir.
Bienvenidos otra vez, Cadillacs que vinieron a demostrar que se puede arrancar bien de abajo y llegar hasta lo más alto.
Ellos al principio querían ser sólo una buena banda y fueron más allá, y llegaron a hacer “Matador”, “Vasos vacíos”, “Surfer calavera”, “Mal bicho”, “Manuel Santillán”, “Yo te avisé” y “Gallo rojo”. Y quién sabe cuánto más pueden seguir haciendo ahora que están re-unidos, porque era cierto, son fabulosos.
Este blog, editado por rock.com.ar, relata la historia de Los Fabulosos Cadillacs y su reencuentro en 2008.
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