El Flaco de la gente
“La verdad es el concepto de todo, hoy estamos acá por la verdad” Gran verdad, Flaco, como otras tantas que has hecho caminos de canción, poema o dibujo, y también declaración, lucha y aprendizaje. Has logrado lo que a nivel nacional o latinoamericano no creo que tenga precedentes: una sola persona dando de sí toda la historia de su vida, que no es ni mas ni menos, la historia de nuestra cultura en gran parte y del rock en su mayor concepción, frente a un estadio repleto durante casi cinco horas, con un público que iba desde meses de vida hasta canas con bastón. Todos unidos para oír tu canción, tu sonrisa y percibir una clase magistral de amor, del más puro amor nacional trascendiéndolo todo. Pero sos nuestro Flaco querido, nuestro Maestro, y todos estábamos ahí para ser parte de tu verdad: inmenso Luis Alberto Spinetta, inmenso!
(foto: Rafa Suarez)
Hace meses que se venía esperando por esa noche que nos alcanzaría la historia: a muchos por primera y única vez, a otros como un recordatorio de aquellos años de exploración en los que su voz hacía diferencia cuidando tan bien cada acentuación, tanto, como el cuidado que le brindaba a las palabras para presentarlas en el romance perfecto con sus melodías. La noche del 04 de diciembre de 2009 desembocó en la madrugada del día sucesivo, con un torrente emocional pocas veces logrado. El Estadio Amalfitani del Club Vélez Sarfield parecía un Woodstock versión presente, incluso hasta por detalles que no se deberían haber escapado de vista a nivel producción en estos tiempos, pero había claramente algo más fuerte que nada lo podría opacar pero… valen algunos “pero”.
¿Será qué El Flaco es tan inmenso qué ni una productora puede estar a su altura? Una entrada lenta y demorada, con un zigzag en vano que provocaba amontonamientos en un día que era laborable, y mucha gente llegaría justa de horario, se tendría que haber hecho más práctico el pase, más teniendo en cuenta que no habría revisión. En el campo no VIP (¿campo popular sería?) un sonido muy bajo que se vio opacado literalmente por la misma dificultad para poder mirar al escenario, con dos pantallas (muy) chicas a cada costado que pocas veces enfocaban en planos cercanos (nunca se poncharon los abrazos de excelencia entre El Maestro y los grandes invitados que iban pasando) y una tercer pantalla que se subió (muy) promediado el recital, casi de uso exclusivo para el sector nombrado pero que en realidad tubo poca utilidad, gracias al viento y las imágenes en cortocircuito.

El Flaco lo supera todo con su voz, con su estómago y sus pulmones colmados de amor y de un asombro inocente que asombra, con sus canciones que son millones de imágenes por instante, con una generosidad y humildad que hasta lo ubica en un plano sobre humano, teniendo en cuenta las miserias cotidianas a las que nos vemos expuestos a diario. Tiene un público lindo, que se emociona y comparte la emoción con el de al lado sin importar si es conocido o no, un público que convida no solo los sentimientos sino la conversación, el intercambio de opinión y ansiedad mientras se opina de precios, se toma algo y se comparten puchos. Un público tan amplio y tan firme de convicción para con lo que El Maestro enseñó, que agotó las entradas de todos los precios, a pesar de esta moda de los campos VIP que había desaparecido (o aflojado) y volvió con precios aun más profundos en tiempos de bolsillos más vacíos, y a la que pocos acontecimientos (dejando de lado los nombres de los artistas) podrán seguramente darse el lujo de decir “entradas agotadas”. Hay tanto para discutir y rever sobre la industria de la música, que las productoras al menos deberían garantizar una estadía amena, sin dejarle todo el laburo al músico. Porque el momento a vivir lo valía todo, así como su obra es invaluable también lo era el concierto de ayer, y así debería haber sido todo lo ajeno a la música. Esta claro: la canción lo hizo todo bien, lo pudo todo y colmó sobrepasando lo imaginado, incluso hasta por el mismo uso de los relojes y un frío caprichoso en robar la piel de gallina causada por la emoción.
El Flaco es un obrero de la decencia y docencia. Incansable maestro, habló de todo, de todos y a todos. De sus músicos invitados y de los que por alguna razón no podían ir. Entonces el inicio del concierto ya es una marca más de su ángel, de su diferencia. Citó uno por uno a quienes no podían estar en ese escenario, luego compartió compungido las reversiones que no pudo realizar. Hizo hincapié en el gran trabajo atrás de cada reunión, que más allá de no haberlo hecho se notaría igual al transcurrir los set. Nunca se notó que hacían pares de décadas, y un poco mas, que no tocaban juntos, o que directamente tocaron a lo largo de la vida algunas contadas veces. Siempre se notó profesionalismo, respeto y compromiso, no solo de Spinetta para con lo que él hace y ofrece, sino de cada uno de los nombres que sue fueron paranso a su lado. Así se pudo a ver a grandes referentes de nuestro rock siendo fans, siendo seguidores, emocionados y agradecidos de estar allí con total entrega a la hermosa y profunda larga lista de temas, de bandas, de climas y de latidos de corazón. La gente devolvió eso mismo, aplaudió y celebró cada invitado con pasión, respeto a todos, incluso a los que seguramente no pagaría por ver, pero insistimos, es coherencia. Así como vemos lo que somos, vamos siendo un poco lo que oímos, y ayer en esa concentración humana, muy humana, esa multitud de sensibles ideales sin ideal alguno, siguieron aprendiendo las lecciones pero aprobando otras que fueron repasando en sus días.
Javier Malosetti, Fito Páez, Gustavo Cerati, Ricardo Mollo, Dante y Valentino Spinetta, Nico Cotta, Gustavo Spinetta, Juanse y Charly García. Spinetta Jade (ese progresismo que todos sí queremos!), Invisible (observación tan personal como egoísta: “fue tocar el cielo con las manos” literal, y la sensación de por fin haber entendido el significado de esa frase común, tan hermosamente común), Pescado Rabioso (esto sí es rock!), Almendra (tan emotivo como para guardar en un cofre miniatura, sujetarlo a una cadena y llevarlo colgado con uno para todos lados e ir contagiando esas sensaciones del aire por doquier) y Los Socios del Desierto, a los que el Flaco redenominó con Malosetti en batería, como Los Socios del Concierto (sí todas las asociaciones fueran así, los desiertos y/o los conciertos serían un punto de encuentro de reflexión y vuelo). Asistencia perfecta y completa en la lista de Las Bandas Eternas, más los que motivados en gran parte (total general, diría Cortazar en su Rayuela) por nuestro artista más grande, comenzaron a acercarse a una viola o un piano o un bajo o el instrumento que sea por aquél, fueron recorriendo grandes canciones propias y reversiones de otras.
Gracias por ese precioso instante de “Mariposas de Madera”, “El Rey Lloró” y “Amor de Primavera”. Tremendas duplas con Fito (“siempre estarás Luis Alberto en mí”) haciendo “Todas las cosas tienen movimiento” y “Asilo en tu corazón”, ambos protagonistas de uno de los mejores discos de nuestro rock “Lalala” que ya desde su tapa (foto de Eduardo Martí) dispara fantasías por todos lados, y con Gustavo Cerati (“Si hay un sueño cumplido…” manos entrelazadas y un silencio de esos que son nudos para desatar en un “disfrutalo Luis”) al igual que aquel recital multitudinario de Figueroa Alcorta, hicieron “Te para tres” y “Bajan”, tan perfectas en lo vocal como en lo musical, con un estadio que festejo notoriamente esta selección, y el deseo que Gustavo se contagie de su propio ser para volver a hacer esas performances que dejan el alma dada vuelta, algo tan lejano en sus últimos dos trabajos. El encuentro de Charly y el himno “Rezo por vos” está lejos de análisis por la realidad de García, muchos festejan y a otros nos duele la incertidumbre de que tan bien está realmente, pero no deja de ser una maravilla tenerlos a los dos ahí cruzando miradas que descosen todo para volver a coserlo con la autoridad de ser quienes han primoreado este fuego sagrado de nuestro arte. “Adónde está la libertad” de Pappo (que siempre está) y con Juanse al lado, sin desentonar y con un lugar merecido entre los elegidos a estar, gustos al margen hay un estilo propio que lleva su marca y mostró estar a la altura de la situación rockeando con sus típicos movimientos y haciendo quedar muy bien el tema de Norberto Napolitano, que habrá festejado ese logro con alguna buena puteada como debe ser lo que en palabras no se define. “Cielo de ti” fue otra hermosa composición con Malosetti, que como dijimos antes lo tuvo yendo y viniendo en escena y del bajo a la batería, con la excelencia y la pasión que le conocemos.
Lo de Ricardo Mollo merece un párrafo aparte. No porque haya sido presentado como su preferido para luego rapidamente evitar celos y decir: “Los amo a todos, y todos me han dado mucho amor”, pero lo dicho ya estaba dicho cuando sentenció: “Si a todos los quiero, a éste… –por referencia a Mollo- a éste más… hay gente que uno la quiere con caca y todo” y se notaba que ya no había palabras para esa chochera, que claro, era mutua, y con esa timidez que le conocemos a la voz de Divididos, agradeció ser testigo de todo lo que él había vivido en los ’70. Pero lo que hace la diferencia de este momento al resto, fue que Ricardo se sumó para cantar en homenaje a los chicos que perdieron su vida en la Tragedia de Santa Fe. Ambos desde el vamos están comprometidos con la causa por diferentes razones, pero válidas (validísimas) hablando del compromiso, y una vez mas, hay que decir, la coherencia entre lo que dicen, lo que cantan, lo que hacen y la lealtad a lo que son. El tema lleva la fecha en la que ocurrió el accidente en el que nueve alumnos fallecieron junto a la docente que los acompañaba. Los chicos del Colegio Ecos, hacían estos viajes con frecuencias que tenían fines netamente benéficos. “Ellos eran músicos, poetas… y lo mas importante es la verdad, estamos acá esta noche por la verdad, por eso reservé ésto para el final, por que la verdad es todo” dijo Luis. En este octubre pasado, a tres años del accidente la causa quedó sin responsables según nuestra (in)justicia, lo que no quiere decir que no haya culpables. Mas allá del dolor propio, los familiares de las victimas y cercanos, mas la gente que se va sumando, hacen campañas constantemente bajo el lema “Conduciendo a conciencia” y otra cuestión a resaltar, que también resaltó El Flaco, es que los padres convirtieron el dolor en acción, y no solo por la constancia en la lucha de hacer cumplir la condena a quien corresponde, sino por el compromiso de hacer ver que es necesaria la educación vial “por respeto a la vida”. La canción “8 de octubre” fue escrita por L.A. Spinetta y León Gieco, quien no estuvo en el concierto por encontrarse en La Habana presentando la bella “Mundo Alas”.
La cita tenía el condimento mágico de ver Las Bandas Eternas, algunos de los temas que elevaron el Estadio por cada una de las formaciones fueron: No te busques más en el umbral, Alma de diamante, Maribel se durmió, Durazno sangrando, Cementerio Club, Me gusta ese tajo, Despiértate nena, Ella también, Bosnia, Vida siempre, Color humano, Nasty people, Abuela, Perdonado, Jugo de lúcuma, Poseído del alba, Muchacha ojos de papel, Fermín, Post-crucifixión… Perdón el desorden y perdón a las canciones que no cité, “no se enojen canciones nuestras”, en una especie de “sin repetir y sin soplar” caen imágenes tan difíciles de refugiar como querer guardar la lluvia más feliz de nuestras vidas. Imagínense que en cuarenta años de trayectoria ni cinco horas son justas con el repertorio, pero nada que reclamar ni que agregar, bien incluso hasta acomodado su orden, para terminar con “Seguir viviendo sin tu amor”, “Yo quiero ver un tren” y “No te alejes tanto de mi”. A propósito, más allá de esa dosis electroshock de ver a los eternos nuestros de todos los tiempos, rodeados de tres generaciones de argentinos que en patota fueron como abuelos – padres – hijos, la formación actual de Luis es un lujo, no solo vale un subrayado sino un reconocimiento estelarísimo porque son tan inmensos como para ser elegidos como los mejores alumnos para acompañar la cátedra. Claudio Cardone, súper hombre de los teclados todo terreno, el magnifico e imponente Sergio Verdinelli mostrando toda su madurez desde la batería y la bajista maravilla Nerina Nicotra, con absoluto control del mismo.
Después de advertir “queda más”, llegó “con ésta nos despedimos”, y todas las voces todas al unísono dijeron “No”. Habían pasado cinco horas del comienzo a las 21:55 hs exactas y estábamos a las 3:20 am terminando de corear “No te alejes tanto de mí”, con mucha menos temperatura y el fuego más sagrado frente a nosotros. Muchos con el alma en las charlas de nuestra infancia cuando nuestros padres nos contaban, cantaban y acercaban sus discos, otros con la garganta gastada de haber podido cantar libremente esas canciones que le dieron identidad a su adolescencia o adultez, abriéndolos a otro mundo que acá no dejaban llegar. Sin embargo ese hombre, ese hombre solo que puede estar durante ese tiempo dándonos su integridad absoluta y más inmensa, sonrisa de dientes gigantes nos hizo a todos morir de amor como cada vez que respiramos su obra, y a ese eterno gracias que se le da siempre, se le suma el haberle dado a las nuevas generaciones la posibilidad de corear en vivo tantas canciones únicas frente a las formaciones únicas… entonces morimos de amor, para vivir de canción en canción.
Y ese hombre que es un Señor Hombre, aun en el final, ya sin pañuelitos descartables agotados a lo largo de cada set y con la panza convertida en un edén sentimental, cursi pero del mejor, siguió hablando con la verdad, pidiendo un “Fuck up” a la revista que publicó una foto de él con Charly pero obvió mostrar el mensaje de sus remeras, ese mensaje que representa la lucha de la Tragedia de Santa Fe, y se rodeó de sus músicos, de sus amigos, de su mundo vistiendo todos con “esa remera” y siguió rompiendo muros: “A ver si ahora pueden borrarnos el mensaje a todos”. Mostró la prenda, la levantó y leyó la verdad para los presentes, sabiendo que en el boca en boca irá con más honestidad y más fuerza que en cualquier otra tapa de revista, porque sus alumnos aprendemos la lección y la decimos, la hacemos con esa brutalidad que sale de corazón entonces ya no duele la estupidez de pocos, hay algo más potente que todas las potencias, incluso la que maneja el tiempo con su paso y lo mantuvo siempre a él cerca de las voces más profundas y silenciadas. Esa potencia es la de la vida misma.
“Yo me comprometo con la vida. Porque… todos fuimos, Porque… todos somos, Y porque todos podemos ser”.
Por los siglos de los siglos, al Flaco… dale gracias.
Links para “no despegar de Vélez”
- Cobertura de Leandro Falcón para Rock.com.ar: Ver acá
- Algunos varios videos: Ver acá
(Pescado Rabioso, Fito Paez, Gustavo Cerati, Charly García, Dante y Valentino Spinetta, Javier Malosetti y Ricardo Mollo)
December 7th, 2009 at 18:26
fui el viernes y fue increible la cantidad de poesia y musica que disfrute.
sera algo que quedara en mis retinas y oidos por mucho tiempo.
creo que el flaco es el artista mas genial que han dando estas pampas.