Ezequiel Borra: laberinto de una mente con recuerdos
Ezequiel Borra es un músico que se cae de los catálogos, y despega por todos los oficios habidos y por haber, un aura de luminosidad que lo proclama como (no) brújula por la mente humana y lo nombra ciudadano ilustre de las emociones. Con profunda simpleza desnuda las complejidades más propias, las vuelve sonoridad y arco iris, aunque siempre necesitemos que vuelva la tormenta para experimentar la espera de un nuevo sol. A pocos meses del lanzamiento del disco doble “Las cosas del mundo. De todos los días”, lo sigue presentando en un año que pinta tenerlo tocando de acá para allá, y eso es una cita genial para todos… Es que hay tanto mundo, y es que nos pasan tantas cosas, que cómo no celebrar si tenemos un maestro de orquesta, para que el viaje pueda resultar mucho más cariñoso de lo que el mismísimo limbo nos puede dar! Adelante, acá hay música para sanar…

Hemos perdido canción. Y alguien ha dicho las palabras correctas para perderse un poco de tanto afán progresista, que nos sacó mucha esencia musical – de la más sentida y más latida acorde a nuestra vida misma – sin que sea necesario una historia con finales tristes o felices, sino que simplemente sea aquello que es: vivencias musicalizadas en constante movimiento.
Ezequiel Borra, escribe y canta desde que recuerda. Así, se presenta desde su mini bio en el MySpace. Allí también habla de la voz hermosa de su madre, como para dejar en claro una herencia genética que desprende goce en cuanto se lo puede oír. “Siempre hice canciones con cada recurso nuevo que aprendía, y las grababa en mi porta estudio de cuatro canales. Tengo decenas de casettes… Nunca apunté al virtuosismo, me interesa la composición y la orquestación. Disfruto de hacer música.” relata, y cada oración expuesta deja un claro reflejo de lo que se refleja en él: ternura versátil, poesía honda y ambición espiritual de la más honesta a la hora de crear. Suspiren naturalidad y no busquen una cura para ello, que benditamente no hay, es más, no deberían tomarse precauciones, y como alguna canción de su primer disco reza “lo mejor sería que te dejes llevar”… Ezequiel contagia buenas vibraciones de modo
veloz y profundamente cala hondo con sus tonos y sus versos; es una linda invitación a colmarnos de sensaciones celebrando que por eso mismo, es que estamos vivos. Todo lo que sale de él huele a hogar, ese mundo que cada uno tiene en su habitación, en soledad y que comparte, quizás, muy quizás con alguien, Borra lo hace arte, lo volcó en canciones hermosas, desnudas y puras aunque tengan la mugre de los que se atreven a jugar, sin saber si habrá jabón para mantener la blancura. Tiene discos llenos de vida, y verlo en vivo, lo lleva a uno a reconocerse para reírse y disfrutar de lo que somos, sin demasiada rosca y con mucho buen sentir. Y con el pesar que generan las definiciones, de ahí puede salir una carta bastante verídica de presentación: es un tipo de buen sentir con una capacidad sobrenatural de transmitir lo simple que a veces perdemos en el camino con la lejanía de la inocencia, la cercanía a los pretextos y la pasión por los estúpidos fundamentos. De lo más ínfimo, a corazón abierto, entre autocríticas y deseos, entre reciclaje y crecimiento, Borra regala tanto en “El Placard” (año 2005) como en este disco doble “Las cosas del mundo. De todos los días” (año 2009), lo que debería ser un tomo enciclopédico para muchos, o bien, lo que funciona como un diario privado en la vida de otros tantos. Todo desborda de sentimientos y su obra resulta ser una oda al amor que todo lo alcanza.
- ¿El disco doble es una necesidad de liberar todas esas canciones o te encontraste “casi sin querer” haciéndolo?
Ezequiel Borra: - Hay una necesidad en mí y por momentos urgente, tiene que ver con la salud. Las canciones me devuelven unos reflejos precisos, en cuanto condensan intenciones o estados que me resulta nutritivo develar y repasar, y al mismo tiempo cambiantes, en cada vez que las canto. Igualmente vivo el hacer música como algo irresistible, más que necesario. Encontré por ahí un mirar, más que una liberación, y si dejo de hacerlo, ahí viene la necesidad. Al mismo tiempo y como suele pasar: las mismas cosas que a uno lo traen al momento, también pueden quedar en falso si no se está permanentemente habitando el proceso. Cuando terminé “El placard” no pude parar de grabar, seguí de largo. Ya estaba haciendo estos discos sin saber. Y me enajené mucho en ciertos momentos del proceso. Y me subí al lomo del diablo. Desde ahí también pude cristalizar unas canciones, fragmentarias, identificadas, para después desenredarse. Hay en nuestra vida muchas canciones oscuras o irónicas que nos exorcizan. Yo me expuse a eso, a registrarme en estados. Es el experimento del presente. Estos discos no se grabaron como se suelen grabar los discos. No había horas contadas de estudio, ni arreglos preconcebidos. Fue cuestión de años superpuestos. Son discos confesionales y crudos.

En éste dúo de CDs – que lo tiene con una agenda muy interesante para este año – la variedad instrumental es lo que aflora, y el enriquecimiento musical que logra es un colchón para que las letras puedan tener mayor libertad de vuelo y aterrizaje. Algunas pegadizas, otras de esas que resultan catarsis divina, y entre las todas inolvidables hay muchas para “candombear” el cuerpo mientras se nos caen las preocupaciones y sonreímos. No hay manera de anclarlo entre lo romántico que puede ser y lo religioso que se vuelve en su valoración a la fe del ser. No pierde sensualidad en ningún extremo, ni tampoco esa magia de niño grande que se trepa a un árbol pero ya sabe de memoria el camino para ir y venir. Escuchándolo a simple profunda vista, el ensamble de Eduardo Mateo cae como obviedad para dar una referencia sobre él, pero no se necesitan demasiadas canciones y ni siquiera varios minutos, para, en ese instante posterior, linkear definitivamente con Syd Barrett, uno de los padres cósmicos en este mundo de laboratorio sonoro, con collages y conceptualismo al máximo. Con todo lo que queda en el medio, yendo de la cama al living y de un temporal a otro, cruzando charcos y océanos, en ese kilometraje de influencias y sucesos ocurridos, nada queda afuera de los puentes que cruzan los sentidos de Ezequiel.
- Dejando de lado que los discos los haces a puro pulmón y todo lo que a la concepción de la auto gestión se relaciona, que ya de por sí genera demoras en finalizar proyectos… tu obra tal cual la haces ¿cuánto laburo minimalista tiene, qué tan obsesivo te volves con esos sonidos? Hay mucha perfecta imperfección en cada pieza, parece un disco que no podría haber tardado menos tiempo en hacerse, aunque tuvieras todo lo necesario servido en bandeja… y ya con “El placard” eso también se refleja, pero al ser este doble queda mucho más expuesto todo un trabajo de nutrición a cada tema.
E.B: - Qué bueno, es así como decís. La “perfección” que busqué fue tramada sobre bases de momentos imperfectos en cuanto no preproducidos, y perfectos en cuanto verdaderos. El hecho de que no sean registros de alta definición ni con recursos o cualidades de audio estandarizadas favorece la experimentación tímbrica, pero también es parte de lo que lentifica el proceso, ya que las sesiones de mezcla se vuelven algo paralelo a la grabación. La ecualización, los planos, la espacialidad es parte de la construcción y se desarrolla a partir de la limitación del registro. Si hubiera estado todo “servido en bandeja” hubiera salido otro disco, porque hubiera sido menos solitario quizá, y la fricción, la confesión, la crudeza hubieran tenido otro matiz. Quizá se habría agilizado el proceso de grabar, pero la cualidad del audio hubiera sido otra. Seguramente más fácil de mezclar también, pero sinceramente hasta que no lo experimente no puedo más que suponerlo. En mi caso la obsesión fue y es mucha. Lo disfruté y lo padecí, y después de esta aventura en soledad, quiero tener esa otra experiencia de poder hacerlo en un contexto de mayor control.
- ¿Y cómo manejas la ansiedad, sin que perjudique el acto creativo en sí, en ese proceso que hizo larga la diferencia de años entre el primer disco y este doble?
E.B.: - Sinceramente me cuesta mucho manejar mi ansiedad. Busco maneras de sacar para afuera la energía que tengo. Tocando, ensayando, componiendo, haciendo deporte y yoga, pero siempre es más. Un amigo hermano mío, Sebastián Escofet, en un momento muy especial que estábamos viviendo juntos, me dijo una frase que nunca me voy a olvidar (pero que a pesar que recuerdo sigo cayendo en la trampa): “la ansiedad no acelera los procesos”. La ansiedad es enemiga del presente y socia del miedo. Hay que “habitarse” donde sea que se esté, sin temor a proyectar, pero sin olvidarse de ser protagonista de la propia vida mientras tanto. Ojalá podamos estar cada vez más presentes, o al menos mirar nuestra ausencia, nuestro olvido, e incluirlo en la experiencia. Justamente de eso se trata el disco que hice: las cosas del mundo como lo que concebimos, lo que registramos del adentro y el afuera nuestro, una imagen, un espejismo que nos mantiene hipnotizados. Creo que la mayoría de mis temas hablan de alguna manera de eso.
Esta maravilla doble editada el año pasado, viene con un disco gris que guarda “Las cosas del mundo”, y otro amarillo que representa “De todos los días”. Pasaron
casi cinco años de su primer joyita larga duración, y la inspiración que madura con el curtirse, lo delata redoblando la apuesta y la experimentación para este presente. Se identifican como “Momentos” a los tracks del mundo y “Canciones” a las piezas de los días. En uno se vuelve impredecible la inmensidad sonora, el derrape de señales y lenguajes que ofrece para profundizar armonías encuadradas en hermosas melodías, y en el otro, rebotan las imágenes como fotografías de uno, qué él nos las cuenta hasta lograr la fotosíntesis más palpable, con la que nos oxigena gracias a la elaboración lírica que aquí presenta. El paso siguiente tras la doble degustación, es aplaudir hasta el cansancio la diferenciación conceptual al dente que hace, entre uno y otro, pero a la vez, como encontró en sus letras un puente de luz que los une y los hace inseparables, más allá de las diversidades de cada lado, logra fusionarlos hasta hacerlos “parte del aire”, con la connotación impune que eso implica… En definitiva sin el Ying no hay Yang, y viceversa.
“A “De todos los días” fueron a parar canciones que durante estos mismos años compuse y fui grabando, y comparten los recursos y las energías con “Las cosas del mundo”, pero quise hacer una cara más cotidiana y quizá menos densa, como contrapeso del otro, que es para doble paladar. Entiendo yo, desde mi enajenación de ser quien los dio a luz, a “Las cosas del mundo” como un disco más laberintezco y complejo, y a “De todos los días” como más soleado y llevadero.” define paternalmente a sus críos.
A hoy, sin saber adonde nos llevarán los días, le ponemos resaltador fluo preferido a los Momentos: “Neófito” (contradicciones del control y contraindicaciones del fluir, marcando las ansias a puro ritmo) ; “Foto en el agua” (una genialidad
que dibuja su ductilidad tan versátil) y , “Nada es mío, nada es mejor” (de las mejores entre las mejores de él, y de muchos otros también, es que acá Ezequiel canta la vida misma…) De las Canciones, se llevan coronita: “Tierra” (para que la pancita se nos estruje haciendo golpecito con los pies); “A tu abrazo” y “Canción orgullosa” (estas dos últimas despliegan una sanación de amor puro sobre los vaivenes de los amoríos… todos estamos allí, pero claro, las parió él y eso implica todo lo que de su ser emana luz… una manera de limpiar el desamor con la profundidad y la mirada más mimosa de las vivencias, fiel estilo Borra).
- ¿Cual es el proceso de composición que haces en lo cotidiano, más allá de pensar o de proyectar que posiblemente sean publicadas? Imagino infinidad de canciones por ahí sueltas…
E.B.: - Sí, tengo carpetas infinitas de canciones inconclusas, letras sin músicas, músicas con letras incompletas y fragmentos instrumentales. Hasta ahora no tuve ningún criterio preciso ni una disciplina o proceso cotidiano de composición, o de selección. Sobre la marcha vi crecer más unas sesiones que otras, porque en general grabé sólo para registrar las ideas, sin pensar en que podían ir a parar a un disco. En un momento descubrí que estaba trabajando sobre una cantidad de registros improvisados, y ahí encontré parte del concepto del disco y subrayé esa actividad más a conciencia. Ahora sí, después de tantos años de no poder parar, saqué este doble, y aunque tengo un montón de cositas que quedaron afuera en el mientras tanto, con las que estoy terminando de armar algo, puedo dedicarme a escuchar todas estas otras ideas a las que les falta atención, desarrollarlas y preproducirlas. Es algo que ahora quiero y puedo hacer sin apuro. De todas formas me falta para ponerme al día. Y también es lindo tener una canasta de canciones a medio hacer.
Todos los laberintos conducen a algún lado, pero gracias a sus propias llaves fue avanzando hasta conseguir desde sus propias puertas, las libertades de orquestación con las que soñó de chico… Amo y señor de su propio vértigo compositor, entre paredes lineales y curvas imaginarias, ha sido generoso con nosotros en dejarnos pasear por sus pasillos tan propios, y, más aun, no agotarse de satisfacer las expectativas que hay sobre él… Podremos bailar suavecitos sus danzas, sin miedo al olvido y con calidez para corromper lo inocente, porque la transgresión de Ezequiel Borra – que manda al frente a todos los espíritus como duendes bajo un mismo halo de luces y amoríos- quiebra la ley en una escena donde se teme patear cabezas, y él empieza por la propia para descolocar las ajenas, teniendo resto para el boomerang sin necesidad de escapar trepando sogas… Por eso la canción sigue dejándolo ser, y en el salón de las memorias, más allá de las caretas y la lentitud de la sin razón, hay esperanza. Mientras “Las cosas del mundo” se vengan abajo… hay un músico “De todos los días” que con sus inquietudes, va a estar a tu lado…
Próximas presentaciones
Ezequiel Borra & Los dibujantes
Café Vinilo: 22 y 29 de Mayo // 23.00 hs
Gorriti 3780 (Palermo, Capital Federal)
Entradas $20.-
Anticipadas -hasta un día antes del show- $15.-
Horario de la boletería: De Martes a Domingo de 20 a 24 hs.
Reservas: reservas@cafevinilo.com.ar
Consultas: 4866-6510
Para saber las siguientes presentaciones, se puede ingresar al Myspace, que desde allí se actualiza la agenda a medida que van pasando las fechas. En paralelo a su proyecto solista, a Ezequiel Borra se lo puede ver también con:
Santiago Vázques & La Grande
Ciudad Cultural Konex: Lunes de mayo y junio // 19.30 hs
Sarmiento 3131 (Capital Federal)
Los lunes de Mayo con Emme de invitada y los de junio con Juana Molina
Entradas $20.-
Se venden en boletería (no se aceptan reservas): Lunes a partir de las 16 hs. o de Martes a Domingo a partir de las 17 hs.
o por Ticketek aquí.
Tomi Lebrero y La Filarmónica Cósmica
Niceto Club: 10 de junio // 20.30 hs
Niceto Vega 5510 (Palermo, Capital Federal)
Entrada: $30.-
Anticipadas: $20.-
Boletería de Lunes a Viernes de 12 a 18 hs.
O por Ticketek (2×1 Club Nación)
Apto para mayores de 18 años – se pide DNI en la puerta y no se permite pasar aunque estén acompañados de mayores-