Fiesta Regia Mag
La noche porteña toma fuerza de diferentes formas y se adapta al bolsillo de la dama y del caballero. El abanico se abre, mientras se cierran espacios para tocar, por eso las fiestas se convirtieron en escenario clave para que muchos hagan oír lo que saben hacer. Parte como festejo y parte como despedida del sexto número de Regia Mag, se pudo disfrutar de buenos set primaverales con nuevas presentaciones y rescate de géneros.
Así como el magazine va creciendo y va en camino a su primera edición impresa, también ha evolucionado todo lo que se genera alrededor de Regia Mag. Lo que hasta hace un tiempo era una publicación bimestral con una fiesta lanzamiento, ahora es todo un evento que no cambio su formato presentación: entrada gratis más barra al costo, respaldando el ofertón con sonidos nuevos o inéditos que podrían ser novedosos para muchos. A esto sumarle el plus de ser el eje al que todos quieren pertenecer, lo que permite que haya tanta oferta que sea arduo poder armar un interesante viernes por la noche con una buena propuesta. Sin embargo nada parece hacer tambalear al trío que comanda este magazine cercano a parir el séptimo hijo, mezcla de varón y mujer, pero lobisón seguro para un mercado aburrido en la perfección de focos, pieles, combinaciones y sonidos.

Dicho trío toma fuerza como tal lejos de las crisis de identidad que nacen al mamar un éxito. Rudy Rojas como Director de Arte, va ampliando su percepción y transforma cada número en un bombazo no solo visual sino desde las diferentes páginas que conforman a Regia (con videos y blog incluido); la asistencia de Facundo Pellegrino se afianza como la buena presencia de la elegancia no convencional nacida en su diversidad, y la Fotografía es la gran estrella, dirigida por el cada vez más versátil y perceptivo Juampi Bonino. No sería quedar bien decir que el último número fue de consolidación, y el próximo seguramente lo superará, por que así como en fútbol se plantea el nivel de los jugadores a modo individual y luego se habla del funcionamiento en equipo, acá pasa igual. A la capacidad extra sensorial de cada uno, se le suma ahora espalda para el crecimiento y el lugar hacia donde se estima apuntan a ir: un sin rumbo rompe pasos en el que se exponen sus laburos y se suma el laburo de seleccionar ajenos, pero con la unidad de criterio que hace más difícil distinguir entre lo que cada uno podría aportar a simple lectura. Haberse conformado desde ese lugar, hace que Regia gane ya sea desde sus publicaciones como desde estos recreos festivos que se dan, y el permitirse acompañar por otros talentos lo potencian, por eso merecen un subrayado aparte las ilustraciones arquitectónicas de Diego Roa y los escritos fotográficos de Emilio Alix, como colaboradores fijos, entre otras maravillas desordenadas.
Mientras que varios discuten acerca de la vanguardia y la comunión constante de la moda con el rock, la burla para todo el mundillo es tan amplia y segura de sí, que se dan el lujo de montar escenarios realmente ajenos a lo que podría imaginarse Tete Coustarot como algo “fashion”, pero a los más finos y delicados los tienta reconocer lo ajeno a ellos, y quieren formar parte aunque sea un rato. Y esa es la especialidad de Regia: dar vuelta la cara de lo obvio. La tapa del número a festejar tiene una señorita con un skate luciendo todo el glamour vintage junto, pero el concepto de la celebración es “Noche Peruana”, y así el leopardo, los taco aguja con plataforma, el brillo de lentejuelas o charol, los borcegos, los sonidos tropicales, las medias rotas de red o de nylon brillante pasan a estar bajo el mismo foco de la tenue luz. Y no hay diferencias entre una bailanta o un asalto setentoso a escondidas de alguna fiesta de preparatoria estilo “Volver al futuro”, donde todos bailan aunque por la calle mas de uno cruzaría si viera al otro y todos brindan esperando la irrupción de “las bombas españolas”. Los padres de la criatura podrían salir a escena exactamente como The Clash, o bien como The Rolling Stone, Viejas Locas o “un” Lisandro Aristimuño.
A veces es imposible reconocer lo que entra por los oídos como lo que pasa delante por los ojos, lo concreto es que sea aquello que sea a todos les sienta cómodo y no paran de posar para el fotógrafo que eternizará el momento, Brian Kazez, amigo de los anfitriones, con un buen curriculum no solo en arte y televisión, sino como buen mentor de proyecciones ya sea en solitario o con pares. Quizás junto con Bonino son los máximos exponentes del buen momento que pasa la fotografía en el cono sur más allá de las trabas que se puedan presentar socioculturales. Ambos desafían su propio techo, intercalando obras bien variadas para gatillar sus cámaras, pero para continuar las coincidencias y con algunas noches en su andar, siguen probando aumentar la diversidad ya no solo visual, sino que también auditiva y hasta ideológica pinchando pistas. Buena alternativa para darle un buen volantazo a los ritmos y rememorar los comienzos a los que muchas bandas han recurrido para empezar su historia.
Y ese es el ejemplo y el concepto máximo tanto de la revista como de las fiestas. Algo así como que la casa está en orden gracias al desorden que hay, pero no desde el pensamiento adolescente de “en mi desorden encuentro todo”, sino que se pueden mover las cosas de lugar y sino se encuentra lo que se busca, la realidad es que la supervivencia te lleva a hacerlo diferente, y eso es lo vital. Así en la misma ciudad que el gobernador pide que los cartoneros usen ropa con llamativos flúo para ser vistos de noche y evitar accidentes de tránsito, en vez de evitar el problema de fondo, el trash alcanza al floguer que baila con un punk al ritmo del ska y todos se visten de gala para responderle a María Elena acerca del mundo del revés o, como suele suceder muchas veces, del pseudo mundo del pseudo revés. Apto para todos, incluso hasta para aquél gobernador, aunque no se garantice la comodidad en la estadía.
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