Hogar, dulce hogar rodante

Había un reconocido sketch de un humorista que quedaba frente a la vida moderna en blanco y negro. Verlo a Frankie Langdon podría dar esa sensación, pero benditamente no lo es literal, para poder disfrutar de esa colorida admiración de culto por lo, modernamente, llamado vintage. La mejor carta de presentación para las lecturas fáciles es su propia presencia: Frankie no podría ser otra cosa que estrella de rock, sin embargo lo es y vale la pena conocerlo.
Lo hemos visto sobre el escenario liderando la banda que irrumpió en escena para refrescar un ambiente muy enviciado respecto a las sub divisiones del género del rock. Don Adams cayó tan bien parado en ese mundo que con buenas canciones, pegadizas, simples, hablando del amor al amor sin confundir con metáforas que hacen perder el hilo de los temas, pasaron por La Trastienda, el ND Ateneo, diferentes teatros nacionales, y hasta se dieron una panzada en el Club Ciudad teloneando a The Strokes. Los lugares que los recibían no quedaban con espacio para un alfiler (como dirían los abuelos) y ellos se mofaban de los que se rasgaban las vestiduras cuestionando el éxito de la banda armando sus shows con cuidadoso sonido, buen repertorio propio y muy buen ojo para elegir covers que le sentarán exacto al rock clásico que se montaban en su figura. En ningún lado dice que para hacer buena música o ser buenos músicos no se debe cuidar una estética ni debe ser de tal o cual edad el público, tampoco es un castigo o una ayuda nacer bajo ciertos contextos socioculturales, lo cierto es que lo que Don Adams contó y recorrió fue bueno sin lamentar los prejuicios ajenos, y sirvió para que Langdon abriera las puerta de su baticueva para que una nueva generación reconociera los inicios de esta historia del Glam y Stone rock, aunque en nuestro país se haya ido todo por las ramas hasta conformar incluso un estilo propio.
Fernando Peña solía calificar a la gente que lo sintonizaba como “escuchadores” y no “oyentes”, por que los primeros eran participantes activos y comprometidos con lo que sucedía durante su programa, y los segundos son de perfil masivo. Años atrás llevo su Parquímetro a los estudios de la Radio FM KSK, y en desde ese mismo lugar, literalmente, hoy se emite el programa “La Casa Rodante” conducido por Frankie Langdon, un gran escuchador que se complementa siendo un gran conversador y seleccionador de grandes canciones que evidentemente son un buen imán de público entendedor del tema. Así como con la televisión pasa que uno sabe que programas ver si quiere ver cuerpos exultantes bailando alrededor del conventillo enjabonado, uno sabe que oyendo “La Casa Rodante”, la santísima trinidad conformada por el cuerpo-mente y alma, se rendirán frente a las delicias de la musicalización, que tanto en sonido LP o en formato MP seguido del número que la tecnología nos reinvente, será una exquisitez para coleccionar. Igualmente lo mejor de la cocina de este domicilio que rueda a base de canciones nafteras, es que el conductor no se dedica a llegar, sentarse y hablar, sino que en su bolsito carga sus propios discos pertenecientes a una gran colección de especímenes que conviven con él. Mirada fina y sensibilidad profunda en elección musical, para sumar una faceta desconocida para muchos, la de periodista, con título no colgado en la pared pero ganado a buena hora.
Así Langdon sigue descolocando los preconceptos que han sabido caer sobre su espalda. Look higiénico, vestuario en buen estado, estilo retro por donde se lo mire y no por estar en composé con una moda instalada que retrocede y circularmente se repite, sino por una cuestión cultural que se percibe a simple vista o simple oído entendiendo cada una de sus formas y citas. Todas las charlas con el músico-conductor tienen referencias de bandas, de series y de sucesos ligados a la música en toda su inmensa historia. Un título que legitimiza lo que sabe, y eso que sabe le permite sentarse de par a par a llevar adelante las notas que se presentan naturalmente o por esos arreglos que en momentos de difusión lo enfrentan con lo que se siente más a gusto o no, pero es la aventura del oficio, y el placer de los Dioses ver que los invitados se van satisfechos con su estadía en “La Casa… “.
El anfitrión y su troupe estacionaron este hogar en Kosiuko Radio hace poco más de un año, a fines de junio del 2008. La ponen en marcha de lunes a viernes a partir de las 10 am hasta las 13 hs., mutando los días miércoles en su última hora de la mano de Cintia Kern a “El Probador” para hablar, chusmear y analizar tendencias, dejando en claro que hasta el pelo más despeinado está allí descolocado pensadamente por alguna razón.
Muchas de las radios que no permitían que los vinilos se llenen de polvo han ido desapareciendo o están en constante lucha de supervivencia frente a la invasión hitera que nada discrimina. Mientras eso sucede, es bueno festejar que hay variedad y gustos para todos si uno sabe donde buscar en este medio de comunicación que nada tiene que envidiar al color de la TV, por que le gana con el poder de la palabra, el ritmo de la mejor musicalización, y esa magia inexplicable que cursimente es indescriptible pero que acompaña a laburantes, a estudiantes, a menores y mayores sentados en pleno transito por la ciudad o desde un cómodo sillón hogareño. Para la radio no hay límite de lugar para conquistar, y más aun si te pasa a buscar para recorrer la línea del tiempo a bordo de “La casa rodante” que la familia hippie de la compañía celular seguro envidiaría y mucho.

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Había un reconocido sketch de un humorista que quedaba frente a la vida moderna en blanco y negro. Verlo a Frankie Langdon podría dar esa sensación, pero benditamente no lo es literal, para poder disfrutar de esa colorida admiración de culto por lo, modernamente, llamado vintage. La mejor carta de presentación para las lecturas fáciles es su propia presencia: Frankie no podría ser otra cosa que estrella de rock, sin embargo lo es y vale la pena conocerlo.

Lo hemos visto sobre el escenario liderando la banda que irrumpió en escena para refrescar un ambiente muy enviciado respecto a las sub divisiones del género del rock. Don Adams cayó tan bien parado en ese mundo que con buenas canciones, pegadizas, simples, hablando del amor al amor sin confundir con metáforas que hacen perder el hilo de los temas, pasaron por La Trastienda, el ND Ateneo, diferentes teatros nacionales, y hasta se dieron una panzada en el Club Ciudad teloneando a The Strokes. Los lugares que los recibían no quedaban con espacio para un alfiler (como dirían los abuelos) y ellos se mofaban de los que se rasgaban las vestiduras cuestionando el éxito de la banda armando sus shows con cuidadoso sonido, buen repertorio propio y muy buen ojo para elegir covers que le sentarán exacto al rock clásico que se montaban en su figura. En ningún lado dice que para hacer buena música o ser buenos músicos no se debe cuidar una estética ni debe ser de tal o cual edad el público, tampoco es un castigo o una ayuda nacer bajo ciertos contextos socioculturales, lo cierto es que lo que Don Adams contó y recorrió fue bueno sin lamentar los prejuicios ajenos, y sirvió para que Langdon abriera las puerta de su baticueva para que una nueva generación reconociera los inicios de esta historia del Glam y Stone rock, aunque en nuestro país se haya ido todo por las ramas hasta conformar incluso un estilo propio.

Fernando Peña solía calificar a la gente que lo sintonizaba como “escuchadores” y no “oyentes”, por que los primeros eran participantes activos y comprometidos con lo que sucedía durante su programa, y los segundos son de perfil masivo. Años atrás llevo su Parquímetro a los estudios de la Radio FM KSK, y en desde ese mismo lugar, literalmente, hoy se emite el programa “La Casa Rodante” conducido por Frankie Langdon, un gran escuchador que se complementa siendo un gran conversador y seleccionador de grandes canciones que evidentemente son un buen imán de público entendedor del tema. Así como con la televisión pasa que uno sabe que programas ver si quiere ver cuerpos exultantes bailando alrededor del conventillo enjabonado, uno sabe que oyendo “La Casa Rodante”, la santísima trinidad conformada por el cuerpo-mente y alma, se rendirán frente a las delicias de la musicalización, que tanto en sonido LP o en formato MP seguido del número que la tecnología nos reinvente, será una exquisitez para coleccionar. Igualmente lo mejor de la cocina de este domicilio que rueda a base de canciones nafteras, es que el conductor no se dedica a llegar, sentarse y hablar, sino que en su bolsito carga sus propios discos pertenecientes a una gran colección de especímenes que conviven con él. Mirada fina y sensibilidad profunda en elección musical, para sumar una faceta desconocida para muchos, la de periodista, con título no colgado en la pared pero ganado a buena hora.

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Así Langdon sigue descolocando los preconceptos que han sabido caer sobre su espalda. Look higiénico, vestuario en buen estado, estilo retro por donde se lo mire y no por estar en composé con una moda instalada que retrocede y circularmente se repite, sino por una cuestión cultural que se percibe a simple vista o simple oído entendiendo cada una de sus formas y citas. Todas las charlas con el músico-conductor tienen referencias de bandas, de series y de sucesos ligados a la música en toda su inmensa historia. Un título que legitimiza lo que sabe, y eso que sabe le permite sentarse de par a par a llevar adelante las notas que se presentan naturalmente o por esos arreglos que en momentos de difusión lo enfrentan con lo que se siente más a gusto o no, pero es la aventura del oficio, y el placer de los Dioses ver que los invitados se van satisfechos con su estadía en “La Casa… “.

El anfitrión y su troupe estacionaron este hogar en Kosiuko Radio hace poco más de un año, a fines de junio del 2008. La ponen en marcha de lunes a viernes a partir de las 10 am hasta las 13 hs., mutando los días miércoles en su última hora de la mano de Cintia Kern a “El Probador” para hablar, chusmear y analizar tendencias, dejando en claro que hasta el pelo más despeinado está allí descolocado pensadamente por alguna razón.

Muchas de las radios que no permitían que los vinilos se llenen de polvo han ido desapareciendo o están en constante lucha de supervivencia frente a la invasión hitera que nada discrimina. Mientras eso sucede, es bueno festejar que hay variedad y gustos para todos si uno sabe donde buscar en este medio de comunicación que nada tiene que envidiar al color de la TV, por que le gana con el poder de la palabra, el ritmo de la mejor musicalización, y esa magia inexplicable que cursimente es indescriptible pero que acompaña a laburantes, a estudiantes, a menores y mayores sentados en pleno transito por la ciudad o desde un cómodo sillón hogareño. Para la radio no hay límite de lugar para conquistar, y más aun si te pasa a buscar para recorrer la línea del tiempo a bordo de “La casa rodante” que la familia hippie de la compañía celular seguro envidiaría y mucho.

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