Mamá, papá: soy heterosexual
¿Y sí mejor nos dedicamos a ser más humanos? Saquémonos los escudos y copemos la plaza de los Dos Congresos, copemos las esquinas, copemos lo que haya que copar hasta exorcizar el aire de todo este absurdo modismo de medir los valores de la vida, de acuerdo a lo que hacemos con nuestros cuerpos… Votemos por el amor, el amor entre personas, por sobre todas las cosas, cosos, cuestiones y cuestionamientos…y llenémoslo de lindas canciones. El miércoles una nueva cita de música en libertad a merced de la igualdad…

(Nota escrita por Barb Pistoia para Maldita Cultura)
Por el nombre del Padre, estamos escuchando las afirmaciones más aberrantes, más mediocres y más hipócritas de la historia de la humanidad. Por el nombre del Padre, el ser humano vuelve a mostrar su inagotable capacidad destructiva y soberbia barata, ahondada en superficies de fáciles conclusiones para decidir sobre la vida de otros. Entre el poder y poderosos, que dicen representar a los ciudadanos, entre las santas escrituras y las santas conjeturas, que nacen de hombres y mujeres por igual, sin sensación alguna más que la de sacar a luz una perversión personal, y dándose por autoridad moral de acuerdo al punto cardinal que les tocó nacer… pongamos la nariz respingada en el vidrio y veamos: mientras que aumenta la mortalidad infantil, mientras los hospitales no tienen materiales ni personal para salvar vidas, mientras el porcentaje de casas tomadas y gente viviendo en la calle sube, mientras los centros culturales cierran por falta de apoyo y las escuelas se caen a pedazos sobre los cuadros colgados de otra gran mentira patria, como el mal recordado Sarmiento… mientras suceden un sin fin de cuestiones que todos registran a la hora de las campañas y a la hora de salir a defender un interés propio, estamos perdiendo el tiempo en discutir si otros, llamados hermanos por el propio Santo Padre nos proclamó, tienen el derecho de amar o no, según hacia adonde apuntan el amor… Sí, estamos perdiendo el tiempo como si fuera algo que nos sobrará, que nos diera chances de recuperar lo que ya no fue o sanar lo que fue hecho mal, en esa desvalorización a la pura percepción abstracta de los momentos, en vez de ocuparnos de mejorar la calidad de vida, la atentamos en un acto involutivo que nos lleva a querer convencer que para todos los mortales solo hay una respuesta que nos siente bien a todos.
“Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo.” Esa fue la primer oración de una frase clásica de Anaïs Nin que leí hace más de quince años, y eso solo me bastó para llevarme a devorar su biografía hasta enamorarme de su lírica. Su sexo y su corazón hacían temblar a la tierra, y a un sin fin de penes y vaginas que la rodeaban. Ella sedujo hasta a los ladrillos, creyó, sintió, sufrió, se divirtió… vivió el amor y nos dejó sus diarios para que veamos lo que la libertad del alma puede bendecir a una vida. Ella ha convertido mi heterosexualidad, junto a Frida Kahlo y Alejandra Pizarnik, en un triángulo amoroso en el cual yo hago el amor a cada instante de mi vida, con ellas tres, con sus amantes, con sus formas, pero por sobre todo, con mis deseos que no dejan de pujar mi mundo. Oscar Wilde decía que la mayoría de los humanos se limitan a existir, pero que lo raro en este mundo es que alguien viva… y es tan así, que la existencia nos robotiza a un modo en el que solo podemos mirar nuestras zonas erógenas y hacernos voz cantante de un mundo tan inmenso, maravilloso y libre como es el mundo de los placeres, en el que definitivamente ni para nosotros mismos hay un solo camino, una sola respuesta y un solo inspirador. Entonces ¿por qué legitimar una sola opción? ¿Acaso nuestra historia humana desde la más remota iniciación religiosa no está contada por humanos? Sí, es cuestión de fe en muchos casos, pero la interpretación en su sublime subjetividad, ¿no puede dar margen al error de creer que en sí el heterosexual es una deformidad del amor, y la homosexualidad la pureza de la expresión? Y, la verdad que, viendo como viene la vida de las relaciones, hoy estoy convencida que así sea.

Me auto miro como un bicho raro, y así los veo a mis colegas heteros. No soy promiscua ni ambigua. Amo por amar. Soy libre, pero me comprometo. Soy un ser cien por ciento sexual, todo lo mido desde mi sensualidad para liberar luz sexual, sin embargo puedo estar semanas sin necesidad de ser penetrada… de hecho, me vuelvo bastante asexuada por tiempos, y sin embargo no dejo de sentir pasión. Convivo con el orgasmo a flor de piel, y me alimento absolutamente desde ella, en mí, para mi interior y el afuera, conquistando cada secuencia del día con ganas insaciables de respirar con esa profundidad tan brillante del fuego al unísono. Sin embargo, por una razón o por otra, en esa infinidad de sensacionalismo que me nutre, tengo un treintenar de marzos y una soltería que oficializo de elección. Porque cuando amé no pude mentir una vez que ya no había mas transformación como para trascender, y entonces solté más allá de la comodidad; porque cuando no amo, no cedo en nada y no doy oportunidad a nada, y ahora que vuelvo a amar, las cosas no están como querría pero no puedo dar vuelta la página, me quedo ahí, sin reubicar el amor mío en quien desee como tal recibirlo… Esa auto histeria que nos lleva a la no concreción, al quedarnos en la idealización de las ausencias y en la oda de la lealtad a la soledad por decisión, nos encierra y nos vuelve elitista, porque no tenemos otro que nos de exigencias humanas y comunistas de ningún tipo. Nos copamos de una sensibilidad que desborda momentos hermosos frente a películas, discos, canciones, libros y charlas compartidas con los más cercanos a nosotros. Inspiramos a los amigos y los contagiamos a la acción, pero en nuestra vida cotidiana vamos descalificándonos en el plan sentir, porque todo lo evitamos: el error, el vibrar, el curar, el lastimar, el ser lastimado, el decir te quiero, el decir no mas, el callarse… evitamos todo lo nuevo que nos clave hondo, como transfusión de sangre para gritarnos: ¡estás vivo carajo!
Pero a ver… vamos a lo claro. Podemos creer y ser fieles, pero no hay una existencia de fidelidad. Cómo así podemos creer que somos libres por estar con muchas personas a la vez, aunque haya amor por alguna en particular, y de esa manera nos distraemos de lo que podemos estar presos, por ejemplo de montón de temores que nos llevan a una rutina que no nos deja profundizar con ningún lazo. Ni la libertad, ni la fidelidad tienen que ver con la sexualidad, como así tampoco el amor. Todos sabemos que es incomparable el sexo vinculado al amor, pero aun sin llegar a la penetración, lo practicamos a diario y todos con todos, en la vía pública, en una conversación de apuro, en una cena, en una reunión, en el trabajo, en un boliche… Mirarnos es sexo en silencio. Somos energía hecha carne, y no hay voz más honesta ni profunda que la de los cuerpos, entonces joder! Somos seres sexuales por sabia naturaleza. ¿En dónde cabe la idea de lo anti natural?
Nada es más anti natural que buscar un matrimonio a toda fuerza cultural, acción heterosexual por excelencia. Cómo si los papeles profundizaran los vínculos… la cultura nos lleva a esposarnos, a abrir caminos paralelos en busca de oxígenos épicos, porque si es “una señora de la casa ciertas cosas no puede hacer, entonces acudo al engaño”… ¿Cuántas parejas heteros tienen un título oficial de noviazgo o matrimonio, y su relación emocional es mínima? Conversaciones nulas, poco compañerismo, estilo de vida montado en el sueño americano que es algo tan violento como lo es en sí la violencia verbal o agresiva. ¿Cuántos niños abandonados hay, frutos de relaciones que son obviamente de hombre y mujer? Los genocidas, violadores, asesinos varios, estafadores, y tantas personalidades que han atentado y arruinado a la humanidad, fueron criados en casas con familias heteros…

Estamos todos enfermos de amor, aquellos que todo lo hacemos desde ahí, como aquellos que nos escapamos constantemente de ese punto. Por ende nos enfermamos del no amar mutuamente, y ahí están ellos y ellas moviendo cielo y tierra para poder explayar todas sus energías amorosas a disposición de la vida que se les ha dado. Queriendo también continuar con su crianza de corajudos y sentimentales, buscan que se les permita un derecho primitivo, que es la unión de las almas y la ampliación de una familia. ¿Dónde hallan lo grave de la adopción de una pareja gay? ¿A qué le temen? Si lamentablemente no es contagioso, que mas quisiera que ese ímpetu de batalla lo tengamos todos!!! Hasta aquí no he oído una explicación que amerite ser reflexionada, todas tienen tan poca certeza que se caen antes de terminar de ser oídas, por lo que no voy a repetirlas en mi nota porque sería ser cómplice de un “de boca en boca” que no me interesa en lo más mínimo. Realmente, necesito y exijo una explicación con validez para poder comprender porque tanto debate acerca de algo tan simple. A mi me encantaría que la homosexualidad sea contagiosa, este mundo sería otro!!! Yo quiero un mundo de valientes, de apasionados, de enamorados que salen a la calle a buscar camorra aun sabiéndose que están defendiendo un ataque que, desde el vamos, es un absurdo como discutir cuanto es uno más uno… es dos. ¡¡¡Siempre es dos!!! Así que ahí van ellos, elevándonos en busca de la maravillosa idea de legitimar el amor entre las personas. Y de este lado, están todos esos que tienen anillo y una agenda colmada de vidas paralelas; o los que salen a hablar de familia y dejan a sus hijos con niñeras full time jugando en un country mientras se hacen la pedicura o miran un canal de la (no) mujer para aprender a hacer tortas, que jamás las harán porque tienen cocinera o las compran hechas, y los chicos entonces en esa cárcel a cielo abierto de virtualismo familiar reciben una crianza que se “supone” es sana… ¿Sana de qué? De no caerse en el cordón de una vereda, de no jugar en una plaza y que te muerda un perro abandonado por alguna familia conformada por heterosexuales… de no comer nunca una salchicha mal cocida porque mientras se hacían mamá estaba bailando en el comedor con todos nosotros… ¿Quién les hizo creer a todos estos que sus mentes, sus vidas ordinarias y lo que sucede en sus sábanas – porque no los imagino innovando lugares – es sano? Nos enferman de causas y consecuencias. Nos mienten, nos establecen, nos empujan a una caja de zapatillas y a golpearnos siempre la cabeza en el mismo pino, cuando tenemos un bosque para correr, para caernos, para levantarnos, saltar y rasparnos… Nos enferman hablándonos de normalidades y anormalidades que no están en nuestro DNI, ni porque acaso quién puede decir qué es normal y qué no?
Nada es más inmoral que el Vaticano, bendita Iglesia y sus casos de pedofilia, sus riquezas, su complicidades con la ultra derecha, sus matanzas internas por la jerarquía y externas entregando a padres que caminan descalzos por el mundo latiendo los problemas más hondos de la humanidad, nada más inmoral que sus comunicados de tres renglones pidiendo soluciones a la pobreza mundial, sus convocatorias a los ciudadanos anti democráticas, sus respuestas obtusas que culminan con un despotismo ilustrado donde el hombre más hombre de todos, Jesús, y su torrente de filosofía, no podrían congeniar ni siquiera en su inagotable fuente del perdón y el amor con esto que se hace llamar Institución Eclesiástica. Y como clave, como contrapunto potencial, una sociedad que claramente vota a un tipo como nuestro Jefe de Gobierno, que es un modo de legitimar la ignorancia en la que nos hundimos: ahí va un claro ejemplo que teniendo riqueza y acceso a los mejores estudios del mundo, siendo criados en familias conservadoras y convencionales, uno igualmente puede ser un ignorante, un mediocre y un incoherente, rodeado de cuadrados como sí, para poder manejarse con ese derrape de intolerancia que los estúpidos usan como mejor arma. Y ahí en el silencio especulativo de Mauricio frente a todo este temita, sale de su entraña Cinthia Hotton con su planchita de pelo, para defender los valores de una sociedad que ya de por sí esta degeneradísima habiéndola llevado a ella a ocupar un asiento en representación de vaya saber que pueblo.

Y así nos hacemos los que despertamos en un 2010, donde Michael Fox en su película andaba en skate por los cielos, y nosotros estamos a la deriva del desamor cuestionando si lo que el cuerpo pide es sano o insano, según por donde haya que dárselo… y de repente en el país del algo habrán hecho, del no vi nada, del no sabía nada, de nunca nadie nos contó… todos levantamos el dedo índice y nos autogestionamos en una dictadura emocional que nos costará caro. El único exterminio nacional que nos faltaba es el de matar la libertad de amar, y sí, señoras y señores, con estos pensamientos estamos en extinción, y solo se salvarán los libres… Ese día creeré en el amor para toda la vida, aunque ya no esté en este cuerpo para poder festejarlo.
Mientras este miércoles en la plaza de los Dos Congresos nos juntamos todos a festejar que en las venas tenemos sangre ni rosa ni celeste: rojo pasión.
- 18 hs. abre Don Pirulero
- 19 hs. sigue Francisco Bochaton
- 20 hs. cierra Kevin Johansen
Lecturas recomendadas:
* Nota Página 12 // Dom. 11/07: La guerra de Dios
* El amor según el más amor: John Lennon
Bienvenidos a la era de la madurez: vamos por la igualdad de derechos!
Imágenes. Créditos:
- Primer historieta por REP
- Segunda historieta por LINIERS
- Última imágen de DASH SNOW