Tomás Aristimuño: Sabia savia
Verde Árbol te acerca entre los edificios algo tan inmenso en plano auditivo y sensorial, que no tiene comparación con la dimensión de un bosque aunque haya una representación natural impuesta desde su presentación. Más allá de lo visual, de los nombres de sus canciones, de las fotografías que visten el proyecto, y más allá de cualquier primera o última impresión recibida, de la mano de Tomás Aristimuño el apellido vuelve a dar que hablar, dar que sentir, dar que buscar y abrir así la puerta de una música conceptual, tan psicodélica como electrónica y autóctona, en ese arco (iris) que no se sabe donde inicia ni donde estaciona pero todos vemos sus colores cuando sale al cielo, y sonreímos en su inmensidad.

Kandinsky ha dado clases acerca de la psicología de los colores, haciendo profunda referencia a su influencia en el arte, detrás de él, han sido varios (benditamente) los especialistas en avanzar acerca de ello, ya que hoy en día estos conocimientos tienen influencias notorias mucho más allá de lo artístico en sí, sumando alternativas en terapias y temas sociales. Este color verde que algún verano llegamos a despreciar gracias a las reiteradas pasadas de una canción que le pateaba el tablero al tema “Presente” con un chapuzón de “esperanza”, ha ido como todos los colores, mutando en sus definiciones de acuerdo a los contextos históricos. Hasta fue prohibido a inicios de la era cristiana por su uso en ceremonias paganas, pero cuenta la leyenda que Robin Hood no solo robaba para ayudar a los pobres, sino que su vestimenta y constante relación con la naturaleza, le dio al desarrollo de este color la posibilidad de ganar el mote de “fortuna, buen augurio, fortaleza”. Entrando de lleno al análisis en sí de lo que genera en el espíritu, y con la confirmación científica de las reacciones cerebrales que despierta la recepción sensorial de los colores, este tono es el más fácil de visualizar al ojo humano, es el más familiar. “Trae paz, seguridad y esperanza. Simboliza la fecundidad, la vida y la primavera. Es curativo y renovador. Es fresco y húmedo, induce a los hombres a tener un poco de paciencia. El verde natural es el pigmento de la clorofila, que ayuda a las plantas a absorber la energía solar para elaborar su alimento. Por eso es esencial para la vida vegetal, siendo un ejemplo de relación natural entre el color y la luz. Es el color más fácil de visualizar por el ojo humano.” (Fuente: Comunicación con poder).

Así como las propagandas de ciertos productos hacen la mágica transformación de un comedor miniatura en un paisaje soñado, con aroma fresco y real (¡nunca veremos a un hombre recibir dichos productos de mano de mujeres heroínas?, ya estamos en el 2009!) el Myspace de Verde Árbol, te lleva a esos mismos aromas y sitios, con el plus de sumarte lectura y proyección de lo que cualquier bicho de ciudad no pudo vivir, sueña con hacerlo o lo hace de tanto en tanto. También el corazón tiene su lugar, sin amor no habría canciones. Somos energía de amor en movimiento, de hecho el verde por sí solo ya habla de una concepción vital. Y así como quien no quiere la cosa, en alguna casita de madera sobre alguna rama, los sentimientos se amontonan con colores sepias y la nostalgia de cuando las estaciones eran tal cual nos contaban la indispensable “Anteojito” de nuestra infancia: con esos climas puntuales, esa ropa de media estación y esa idea de imaginarse una típica tarde de “verano-otoño-invierno-primavera” con la piel a disposición de los climas, en éste caso la piel queda en completa entrega al efecto de los climax. Cada canción tiene diferentes colores, matices, como no hay un casamiento con género ni instrumentos, no hay fidelidad al verde ni al árbol en cuestión sensorial o imaginativa, sí en lo que a nivel “despertar y salir al mundo” incita: treparse, tropezar, caerse, correr, ensuciarse, embarrarse, zambullirse, chapotear, siestas, fuego, zapada, respirar, etc…
Tomás Aristimuño tiene apenas 23 años, por lo que estamos hablando de un potencial bien parido y bien direccionado, porque está en pleno crecimiento. Si todos somos pasajeros en transito perpetuo, Tomás esta con suelas prácticamente nuevas en este andar, y oír – leer – mirar la vida integra, en lo que a la vez hace a su obra musical o fotográfica, a su buen gusto selectivo y a su aura patagónica. Este buen mix le dan la autoridad de decidir como acompañar lo que simplemente podría ser una banda, y no toda una escena a explorar.
Voz tan apta para canciones de cuna como para agudizar el rock y sus ramificaciones, con ternura cercana y cuestionamientos que toman distancia de lugar de ciudadano común, ofrece en sus palabras respuestas a incertidumbres, o al menos, puntos de partida para comenzar a ampliar el juego de las propias reflexiones. Comparte sus claras influencias literarias y musicales, en un formato musical que podría ser muy interesante escuchar en vivo, haciéndose a pura imaginación y antojo mío, en un lugar al aire libre pero con grandes mesas para conversar entre tema y tema, porque te dan ganas de ampliar cada línea que él deja reposar en la oreja desde su realidad: profunda, intensa, libre.

La pesadez del creer y crear es la mejor terapia de pareja para que no se rompa el matrimonio con la Pachamama. Verde Arbol dispara con pasajes tan conceptuales y experimentales mostrándo a Tomás un gran alumno de su entorno. Si no hay peor ciego que aquél no quiere ver, la ignorancia nace desde el no querer hacer uso de las herramientas y el esfuerzo de llegar a ellas para poder potenciarnos. No es que sea bueno por estar donde está, seguramente su lugar de origen es una gran nutriente a su arte, pero su ímpetu de expresión lo hacer ser lo bueno que es, abriendo una ventana de una nueva generación que calma estas almas sensibles que se angustian con las no novedades de nuestras propuestas musicales y ampliamente socioculturales.

Habla de “tener timidez” frente a mostrar su obra, hace poco comienza a hacerlo. Habla de su familia, como vínculo, como inspiración y refugio. Habla de los buenos maestros que son sus hermanos: “Mi música nace por ellos.” Por un lado, Lisandro, ese amante ideal de la Madre Naturaleza como gran generador de poesía y celestino oficial del arte con la vida más cotidiana, la que puede ser tan feliz y tan triste como un sentir lo amerite, sacudiendo e inquietando lo establecido desde su generoso virtuosismo para elevar los sentidos propios y ajenos. Por otro lado, Rocío, una hembra de voces mayúsculas, quien rompe los escenarios con los Azules Turquesas, explotando el mejor instrumento de percusión que hay en este Universo que es el cuerpo con su transpiración y sus gestos, cada zapateo y revoleo de manos es pura pulsación, y Rocío lo entrega todo en una especie de ofrenda maravillosa, al punto tal, que hay canciones en vivo de Lisandro que despiertan una trastienda paralela a lo que ya de por sí acontece. Mas lejos de escena también se encuentra Luz, que desde la lejanía está constantemente presente participando de las páginas en las que sus hermanos hacen que la vida de muchos tengan otro sentido a la hora de dejarse acompañar. Los tres son hijos de Hugo y Alejandra, ambos también artistas, ligados al teatro y al folclore, como para que no queden dudas de la docencia y la decencia del dejar ser. Padres ante todo, aun se asombran por lo que sus “hojas del viento” han logrado y les agradecen por este imperio emocional levantado, con tanto sentimiento a flor de piel como cualquier desconocido que se asombra y goza del arte que de los Aristimuño emerge, pero con la panzada de saberse haber dado el vuelo ideal para fortalecer éste crecimiento. Y si hay algo que es esencial a la vida, es la fotosíntesis y desde allí parecen fusionar y funcionar en perfecta desarmonía para no dejar nunca de ser pequeños exploradores de rincones de mundo y de cuerpo-mente-alma que entre sí se retroalimentan para alimentar el afuera. Verde naturaleza, que no es lo mismo, para nada es lo mismo, que verde light.
Desde Los Beatles a Caetano Veloso, pasando por Liliana Herrero, Atahualpa Yupanqui, Massive Attack, Nirvana o el Flaco Spinetta, con toda la diversidad inimaginable que en el medio de unos y otros transita, más los versos de Alejandra Pizarnik, la palabra de Julio Cortazar, la rebelión de Galeano, los mundos ¿fantasiosos? de la mano de Tim Burton o Michael Gondry, hacen de su radiografía un instrumento aparte de aquellos que pueda tocar. Las influencias no significan más que un abrir la puerta para salir a jugar, y todo queda a merced de la percepción o contexto personal para darle diferentes formas. Tomás, con una mirada más de “fondo”, resulta un cassette de esos difíciles de conseguir de 120 minutos, en el que rebobinando o adelantando no hay nada que lo lleve a un segundo exacto para dejarlo ahí en pausa.
“¿Como creciste sin preguntar?” cuestiona en el primer tema que abre el fuego del reproductor del MySpace. En lo causal de la vida y lo sucesivo de la lista a escuchar, con fotos por las que el Señor Discovery debe haber arruinado su teclado de baba al observarlas, me deja yendo de la cama al living con los pies mojados, relajados de pisar granulados paisajes y un calambre en el alma totalmente personal de peso mundial
: debemos cuidar esa medicina sensorial que nos permite levantar voz en alerta, para que sea notorio las buenas consecuencias humanas que profundizan la magia de las personalidades, cuando han de tener buen trato con lo más cercano a uno, que es el Planeta que habitamos. Y bien, si vemos que cada vez se oye menos el grito de auxilio, habrá que avisarle a los relojes biológicos donde es el lugar de concepción ideal para que las nuevas generaciones hagan lo que ignoramos nosotros y a otros que quisieron, no los dejaron. Ojala haya muchas lenguas que como la de Tomas lleven sobre sí “un hermoso día” y desde el instante cero, respiren este aire y pisen, tropiecen y se levanten de estos suelos que tanto los necesita con esta necesidad intensiva de cuidados de alto riesgo a puro corazón.
Tomás Aristimuño, ya tiene su Verde Árbol, desde el que también se planta la lectura. Le queda mucho tiempo, y ya tendrá su hijo al que seguramente no hará falta explicarle demasiado porque preguntará solo, como rasgo de inquietud natural de una familia que comparte con todos su naturaleza.

Las fotos pertenecen al espacio Verde Arbol y las que está Tomás Aristimuño tocando son de sus presentaciones con Mañana en la batalla piensa en mí , banda conformada junto Carli Aristide (otro de los geniales Azules Turquesas en Guitarra, Ronroco y Voz) y Tomás Aristide (Bateria y percusión). Este trío que también se las trae (y ya nos explayaremos al respecto) se estará presentando en Tucumán el 10 de diciembre en Arbol de Galeano. No creamos en las coincidencias, es la buena sincronización de la Madre Tierra tal como ellos sincronizan sus canciones compartidas entre sí con la sensacional sensación de seguir en familia cultivando nuevas formas…













November 26th, 2009 at 16:02
solo es para desirle q megusta el rock
November 27th, 2009 at 18:59
Tu tremenda capacidad de expresar más la inmensidad naturaleza de crear de los Aristimuño y sus secuaces…… hacen estas ultimas dos notas algo fantastico, que bueno es tenerte Barb entre nosotros y que bueno podes leer de nuestros artistas lo que ellos generan y merecen recibir-
November 27th, 2009 at 19:01
AH y quienes lean esto no tendrian que dejar de ir a esos espacios resaltados jajaja son muy buenos y muy buen plan oirlos de fondo mientras se leee
December 8th, 2009 at 23:40
un mago!
December 9th, 2009 at 03:15
en vivo te transporta a otro mundo, su voz es puro amor!
el arte de esta familia no se puede explicar
que siga siga el baile!!!
muy linda nota.
Saludos
Jaz
December 10th, 2009 at 11:41
totaaal el arte de esta familia es delo mejor que le pudo pasar a los argentinos, ojala valoremos esto y los cuidemos no como a otros genios