Ser Isella, Fer
Nuestro diccionario dice: Fuente de energía si las hay. Mágica capacidad de revertir lo lineal en ondulada sintonía sonora de amor. Mente abierta al mundo abierto, mente abridora de mundos cerrados. Ser sensacional y sensación en su mas brutal expresión. Persona para abrazar y gritar “un, dos, tres, cua’… luz, cámara y acción”.

Su agenda es el terror de las masas, no hay mayor piquete que su ultra ocupado tiempo, sin embargo, buen domador, él se lo hace. Entonces atiende todo: lo humano, lo laboral, lo espiritual y lo que se le vaya viniendo en gana. Eso es lo que no le falta: ganas de todo. Fer Isella es Fer, simplemente. Así como sabemos quien es “El Diego”, “El Flaco”, “Charly”… sabemos que “Fer” es Él. Porque como una especie de pulpo va cobijando proyectos musicales que acomodan los nombres al presente y a él mismo, cosa que lo hace no ser ausencia en quienes lo rodea, en esa constancia absoluta de no haber “tiempo pasado mejor” ni que “cada día cante mejor”, sino que todo sucede aquí y ahora con la misma pasión que fue concebido, ya sea desde su propio arte como músico o bien, desde las obras que él produce o regenera. Un tipo común de corazón descomunal dispuesto a poner en el tapete lo mejor de cada uno. Da lo mejor de sí, y saca lo mejor de los otros. Lo cual lo hace ser un gran productor de la vida misma.
(foto. Lula Bauer)
Es argentino, sí, pero lo compartimos muchísimo con Nueva York. Sus boletines de formación llevan pavada de escuditos institucionales: fue premiado por Fulbright con una beca para estudiar en la Berklee College of Music (Promoción 2000). La línea del tiempo nos lleva a sus años de Productor en Sony, logrando desde su labor quince discos de platino y oro. En estas oraciones, que son tiranas como el tiempo de televisión pero con menos glamour (en buena hora) y sin polémicas vanas (en hora buena), nos paramos en éste “hoy” que lo encuentra al mando de su propio sello discográfico “Limbo Music”. Y en el desorden que me permito, y con derecho a la subjetividad que me auto otorgo, sentencio que no hay palabra más hermosa y libre que esa: Limbo, seguida de la palabra más profunda e intensa que es: Música, la construcción constante en todas las direcciones y sentidos potencian la connotación energizante de Fer Isella. Así como hay una frase nacional registrada por un viejo ¿ilusionista? que se justificaba “Puede fallar”, desde el limbo con la música y el “power” de Isella: nada puede fallar porque todo está en suceso pleno y por suceder a pleno.

Volviendo al sello discográfico en sí, se puede hablar de un máquina de aglutinar, motivar e incentivar la nueva ola de jazz, pero en lo inquieto que es su creador, aun en su propia obra, hay mucho más que jazz y quizás tiene que ver con el atrevimiento fresco de quienes conforman esta jovial camada que corre riesgos muy copados a la hora de tocar, y que apuesta a lo que es difícil de ver en otros géneros, o al menos cuesta mucho de ver en otros escenarios, que es el fluido cruce entre bandas y artistas. Cada uno puede tener un proyecto propio, pero a la vez interactúan con los demás, y se invitan, se prestan sus obras, y las tocan durante largas jornadas, participando de performances interminables y maravillosas. Y en ese súper curtido escénico, gana el publico panzadas tremendas de pentagramas volando las cabezas y el alma.
Como músico vale agregar a su costado jazzero, que su columna más vertebral es la unidad de músicas latinoamericanas, autóctonas, que en esa comunión terminan siendo algo diferente a todo y universales. Una especie de prostituto que prueba, experimenta, adjudica su estilo y no se casa con ningún sonido en particular. Por eso hay que festejar tanto que más allá de tanta agenda ocupacional de Productor y como padre de un sello propio, ya se esté previendo la salida de Fer Isella Quinteto con su disco.

Mientras tanto entre sus manos hay proyectos que ya están siendo como todas las hojas, del viento. Hoy, sin ir más lejos se estará presentando, recién salido del horno, el Homenaje al Cuchi Leguizamón, a casi diez años de su fallecimiento. De la mano de Guillermo Klein y su grupo, a partir de las 21hs. en la Terraza del Centro Cultural Recoleta, más invitados sorpresas, se oirá este laburo que hace un año viene siendo moldeado y súper moldeado. El contexto será exacto, porque la cita es dentro del marco del Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires, y mientras Guillermo la está rompiendo en el exterior con su jazz, será un lujo verlo hoy en uno de los cien barrios porteños.
Siempre desde éste espacio hablamos mucho de cómo el cuerpo es el principal puente de expresión y el mejor lenguaje para trascender lo que las palabras no pueden decir, y a eso le sumamos la reacción emocional al percibir los sonidos más primitivos, y como la transgresión y el atrevimiento de muchos de nuestra era, los han rescatado de lo más interior con su capacidad lúdica (y lúcida) para hacer desde ahí música, teatro, fotografía, pintura, libros, etc. En éste caso Limbo Music suma a sus huestes a los muy buenos exponentes de esto que hacíamos referencia. Porque no hay dudas que de De La Guarda y Fuerza Bruta han logrado fusionar consigo mismo todas las herramientas y elementos universales para hacer obras multitemáticas y multigénero, que los ponen en el tapete de la libertad emocional siendo el principal instrumento “uno mismo” dentro de un grupo de varios “uno mismo”. Así la música –que es obra de Gaby Kerpel- y los videos de ambas compañías, nos llegarán a nuestros equipos gracias a la distribución de Limbo.
Por último, o por inicio, en ese paralelo de elementos que Fer Isella maneja como él solo puede, mientras aun se recuerdan noches memorables del Limbo Fest pasado, resaltando las noches en Thelonious Club (como cada noche que suele acontecer en ese bello lugar de la calle Salguero donde el ambiente es ideal para estremecerse con la música, comer y tomar rico entre amigos), ya se está “craneando”, usando las propias palabras de nuestro protagonista, el del año próximo.
Por lo que nada de estar muy distraídos porque las noticias llueven, y hay que recibirlas sin paraguas para que ninguna nos quede sobre la cabeza, evitando que llegue al corazón, porque este buen hombre tiene mucho “haciendo y por hacer que ya está haciendo”, y mucho aun por encontrar en su cabeza literalmente gigante, que seguramente ya tiene pistas o señales de lo impensado, pero él ya les dará la forma para que sean hechos concretos ubicándolas en su corazón, que es desde donde sale toda esta verborragia creativa. Tampoco seguir propagando que hay música elitista, porque la música es una sola, solo que algunos la tratan mal, muy mal, o bien, no saben como tratarla ni se dejan tratar por ella, benditamente hay muchos que la tratan hermosamente bien, la estimulan, la miman, la cuidan, la hacen crecer en libertad y con conciencia, y hay un plus, que son los más destacados y entran en una cúpula del arte porque además de todos esos cariños, antes de irse a dormir le leen un cuento, le dan un beso en la frente y la tapan para que no tenga frío o le prenden ventilador para que no sufra el calor. Y ese es Fer Isella, un artista como pocos que hace creaciones para todos, absolutamente todos, con el plus de unos pocos.












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