Doce años son un pedazo de vida. Más largo que un viaje largo, o una historia de amor intensa. Doce años en la vida de una banda es un montón de tiempo. Y a lo largo de ese recorrido existe una pequeña gran diferencia entre el deseo de “llegar” (adónde o a qué precio, no se sabe, pero llegar al fin…) o la idea de, realmente, trascender.
