Entrevista de Walter Gazzo, para el diario Los Andes de Mendoza.
Reina Madre, Honor y Gloria, Che Pibe Vení Vota, Bailando en las Veredas, Algo de Paz, Sentado en el Umbral de Dios, Ningún Rey, Bajaste del Norte, Metegol, Televisión, todos estos son títulos de canciones de un artistas icono de los ’80 como lo fue Raúl Porchetto.
Sus conciertos eran seguidos por multitudes. Hubo épocas cuando la trilogía Mestre-Porchetto-Serú Girán se cansó de llenar estadios. Y ni hablar cuando después de la Guerra de Malvinas, "Reina Madre" se transformó en un himno para los jóvenes -y no tan jóvenes de la época-.
Hablar de Raúl Porchetto es hablar de uno de los músicos que cimentó el rock argentino, que tuvo músicos importantísimos a su lado, que fue parte del mundo del rock y que dejó todo. Se fue. Desapareció.
Hoy, ocho años después de haber editado "Fuera de juego" -un disco con viejos éxitos y un solo tema nuevo- y a más de nueve de haber grabado su último disco con títulos desconocidos, Porchetto está de regreso.
"Centavos de amor" es el disco que lo trae de nuevo a la realidad. Un disco con letras muy críticas, donde sus hijos ya son parte de la banda. Y al escucharlo, uno se da cuenta que volvió el mismo Porchetto de siempre, de canciones pegadizas, de baladas amorosas, de rockitos interesantes y de compromiso.
Por ese motivo, y dispuesto a hablar de todo, Raúl Porchetto estuvo en Mendoza, visitó Los Andes y dejó sus palabras.
-Pasaron muchos años sin Porchetto en Mendoza. De golpe venís con disco nuevo, banda nueva y a anunciar un show...
-Para mí es algo muy bueno. Después de tanto tiempo estar sacando un disco con temas inéditos es algo que me llena de expectativas. Es bueno volver de esta manera.
-Después de leer los créditos, te das cuenta que es un disco familiar.
-Sí, mis hijos ya me acompañan en esto. Daniel es el tecladista de la banda y mi hija Ana Clara hace los coros. Pero además de ellos, el resto de la banda es muy buena. Está Javier Torrecillas, Sirso Iseas, Rafael Valle.
-Siempre tuviste la particularidad de rodearte de buenos músicos, inicialmente desconocidos pero después fueron y son muy importantes.
-Hay mucha gente que no sabe que Charly García empezó a tocar conmigo, en mi banda. Lerner también lo hizo, Pedro Aznar y Lito Epumer pasaron por mi banda. Los GIT fueron mi banda antes de que fueran GIT. Yo también les debo a ellos mucho de lo que soy porque sus talentos enriquecieron mucho mi música.
-De un tiempo a esta parte no apareciste más.
-Me borré del mapa.
-¿Fue una decisión tuya?
-Sí. Llegó un momento en que tuve una saturación muy grande y sentí que no tenía sentido seguir haciendo mis cosas mecánicamente, sin sentimiento. No tenía sentido grabar, tocar. Siempre traté de manejar mi ego y eso es muy jodido para un músico, porque cuando no tenés dónde tocar ni cómo editar tratás de arañar algo a cualquier precio, y ahí vienen los errores. Yo no lo hice, traté de no caer en eso. No me llegué a divorciar de la música, pero sí tuve un parate grande en lo profesional. Mucha gente lo ha hecho, y cuando tomé la decisión de parar, de desaparecer por un tiempo fue algo muy difícil y sabía que iba a pagar un precio grande. Pero otra cosa que me hizo parar fue sentir que en los noventa no me sentía cómodo. Argentina era pizza y champán, todo light, muy plástica, y hasta la música se transformó en eso. Y nada de eso tiene que ver conmigo.
-¿Cuánto cuesta el regreso?
-Mucho. Hacer música en nuestro país es algo muy difícil; de la boca para afuera es muy lindo. Todos te dicen que están de gira pero la reman muchísimo y pasan malos momentos también. Es muy duro ser argentino y vivir en Argentina. Si en actividad las cosas cuestan, imaginate lo que significa volver después de mucho tiempo de inactividad. Por suerte, la gente me recuerda y me tiene cariño. En este país -y en el mundo- lo de ayer es viejo... incluso lo de hoy a la mañana ya es viejo, y yo no me prendo en ese juego. Bien o mal tengo cosas para decir, es mi arte y apuesto a eso. Yo edité este disco pero sin una intención comercial inmediata; lo hice porque quería mostrar lo mío. Si después puedo volver a vivir de esto, todo bien.
-Vi muchos shows tuyos en Mendoza y te dabas el lujo de llenar Pacífico cada vez que venías. ¿Extrañaste eso, el acompañamiento de la gente durante este retiro?
-Sinceramente no. Acá se venden mucho los espejitos de colores. Todo el poder y la gloria lo tiene el de arriba. Hoy te pueden decir "genio", "maestro", y mañana se lo dicen al que está de moda. Si vos te la creés, perdés. A los políticos les pasa eso. Y cuando te pasa eso, te empezás a convertir en un verdadero tarado.
Raúl Porchetto apareció en 1972 con el "Acusticazo" y con su primer disco: "Cristo-Rock". Rápidamente se colocó en la vanguardia del folk acústico, junto a Sui Generis y León Gieco. Justamente con ellos formó PorSuiGieco, un grupo de amigos que tocaban y salían de gira cuando sus respectivos proyectos así lo permitían. Registraron un álbum en 1976.
Consolidado como compositor, grabó una seguidilla de cuatro LPs entre 1976 y 1979, para llegar a 1980 con "Metegol", su obra cumbre. Acompañado por Pablo Guyot en guitarra, Alfredo Toth en bajo y Willy Iturry en batería (es decir, los futuros GIT), este disco que fue producido artísticamente por el mismo Porchetto, revolucionó el sonido local y ganó en las encuestas de popularidad, superando incluso a "Bicicleta" de Serú Girán. En la misma línea editó "Televisión" (1981).
Con un estilo más simple y directo, Porchetto sacó "Che Pibe" (1982), que le otorgó un prestigio masivo inesperado y se reflejó en "Reina Madre" (1983), uno de los discos más vendidos del rock nacional.
Dos grandes giras nacionales realizó en los dos siguientes años, batiendo récords de público en casi todas sus presentaciones. Sin embargo, las ventas de "El mundo puede mejorar" (1984) y "Noche y día" (1986) bajaron considerablemente en relación a los trabajos anteriores.
Si bien editó más LPs, Porchetto "desapareció" de la masividad y se recluyó hacia una vida más interior, más mística, que ya había dejado entrever. interior, ahí la empezás a pifiar.
-Hablaste de Dios. Muchas veces te pegaron duro por hacer manifiesto en tus canciones tu creencia en Dios. ¿Te dolió?
-Sí, al principio me dolió mucho y además no lo entendía. Steve Wonder, Sting o los mismos Beatles le hicieron canciones a Dios. "Let it be" es una canción dedicada a la Virgen. Yo se los decía a mis amigos y todos me decían que nada que ver. Cuando Paul McCartney tocó en Argentina, empezó a tocar "Let it be" y por las pantallas apareció la imagen de la Virgen. Ahí muchos se dieron cuenta que no había mentido. Siempre fui un devoto de la Virgen y nunca entendí qué tenía de malo hablar de Dios en mis canciones. El rock siempre fue medio fascista. Si vos no te ponías una campera de cuero o no ibas a determinados lugares y no hacías determinadas cosas o no usabas el pelo de determinada forma, no eras rockero. Te tildaban de reaccionario. En otros países es mucho más aceptado pero en la Argentina siempre existieron muchos prejuicios con respecto a este tema. Al principio me dolió. Después dije: "Cada uno que se haga cargo de su ignorancia". Y ya no me molestó.
-¿En la actualidad seguís viendo al rock encasillado?
-No tanto, pero el rock se empobreció mucho. En los últimos tiempos, los artistas del rock argentino quedaron deslumbrados por las luces del centro. Había que ser famoso a cualquier precio. Y no fueron auténticos. Pero la gente se dio cuenta.
-¿Qué viste de plástico en los ’90?
-Todo. El país fue plástico. La onda de ser de primer mundo fue algo que lo vendieron unos doscientos y la compraron unos 36 millones. Ahora te das cuenta que nos engañaron. Creo que lo que está pasando hoy es peor que la Guerra de Malvinas. Pero es una tendencia mundial.
-¿Sentiste algo por los atentados?
-Después de los atentados, también cambió el mundo. Fijate que después de las Gemelas, la generación Backstreet Boys quedó relegada. Era lo que se venía, lo que iba a dominar la música. Pero ahora apareció gente que estaba olvidada, aparecieron otras propuestas. El mundo maduró de golpe, porque todos nos dimos cuenta que Estados Unidos era falible. Antes del atentado, la gente del Norte escuchaba toda esa música y era como que decía "qué lindo es ser estúpido". De golpe, se despertaron y volvieron a escuchar a los que no son estúpidos.
-¿Cómo llevarás adelante tus shows cuando vos querés presentar temas nuevos y la gente va a querer escuchar el Porchetto de siempre?
-Voy a partir la lista. Uno y uno. Siempre hice discos y siempre me pedían lo anterior. Después que escuchen los temas nuevos se van a prender. El disco nuevo me gustó mucho y creo que le gustará a la gente. Igualmente, nunca reniego de mis temas. Si los hice, los grabé, también los tengo que cantar.
-Se juntó Sui Géneris, fue León Gieco, pero vos no. ¿Nunca se juntará, al menos por un rato, PorSuiGieco?
-Cuando se juntó Sui no estaba en Buenos Aires. Igualmente, Charly me dijo que fuera pero después la producción no me llamó. Estuvimos a punto de juntarnos en un programa de televisión, pero no se dio. Esa banda es una gran recuerdo para mí, y los quiero mucho a todos. Capaz que se dé.