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19.05.2002.-

La Renga desbordó la Vieja Usina y arrasó con todo

El viernes se presentó en la ciudad de Córdoba Capital una de las bandas que por estos momentos se levanta como el símbolo del rock ‘n roll argentino: La Renga. Unas 7 mil personas se dieron cita para ser parte de una de las mejores puestas en escena del rock nacional.



La Renga en vivo

Llegamos temprano, eran las 19 del viernes, y el clima en los alrededores hacía predecir una gran fiesta. En pocos minutos se formó una cola de varias cuadras de largo, que se movía de un lado a otro como una serpiente crispada. Una sola voz se hacía escuchar: “...el que no grita La Renga para qué carajo vino...” Remeras negras, remeras rojas, banderas, pañuelos; la indumentaria era la tradicional y la pirotecnia estaba debidamente camuflada entre los trapos a fines de sortear el control policial.

Las puertas se abrieron cuando promediaban las 20 y el ingreso fue rápido y tranquilo. En la otra punta del recinto, invitados y periodistas hacían su ingreso; allí un comentario no dejaba de repetirse: “se vendieron todas las anticipadas, no hay más entradas”. Y fueron los preciados tickets y el deseo de tenerlos los que produjeron los únicos incidentes de la noche, al enfrentarse policías y gendarmes con aquellos que querían ingresar de una y sin pagar.

Mientras las instalaciones se iban colmando, salimos un rato a ver que pasaba del otro lado del escenario. Sonidistas e iluminadores alistaban los últimos detalles para que la fiesta fuese perfecta y el rugido del público retumbaba entre las paredes. Escondido en el fondo un dragón gigante (ya visto en la presentación de la banda en el Pajas Blancas Center, 6 meses atrás) sin inflar y el paisaje de la ciudad en ruinas que acompaña a los de Mataderos en toda la gira, daban forma a uno de los escenario mejor montados del ambiente, listo para el gran comienzo. Solo faltaba una cosa: “que salga Chizzo y todo el año es carnaval”...

“Yo soy La Renga” coreaban las furiosas bestias que pedían a gritos el inicio del espectáculo, demorado por un problema en las vallas. Los hermanos Iglesias, Chiflo y Chizzo Napoli ya estaban en los camerinos. La presión que ejercía el público era incontenible, incluso las vallas dispuestas para tal fin fracasaron en su intento por contener la masa agitada y fueron desbordadas.

“Hola todos, yo soy el león...”. Esta frase marcó el inicio de la gran fiesta. Casi siete mil gargantas al rojo vivo hacían sentir su presencia. Y mientras vagábamos de pogo en pogo, la noche se consumía. Las bengalas se fueron prendiendo y algunos estruendos se escucharon bajo el techo del lugar. El mantel estaba puesto y la cena servida, el menú: rock, rock y más rock.

Los mismos de siempre y los nuevos de ahora se mezclaban entre la marea humana que no paraba de saltar y gritar. Mientras tanto, en el escenario, una nube de humo hacía casi invisibles a los responsables de semejante euforia. Tete, como siempre, corría de un lugar a otro con el jardinero que lo identifica y Tanque, en el centro, mostraba todo su poderío.

Y las velas se fueron apagando, los temas pasaron uno a uno hasta perderse en el recuerdo. ¿Qué si valió la pena? ¡Por supuesto! Una vez más la magia arrolladora de una de las mejores bandas locales dejó su huella en la noche cordobesa, mientras en un local ubicado a escasos 15 metros se presentaba, sin pena ni gloria, un popular grupo cuartetero.



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