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16.06.1999.-

"No tengo una carrera, sino... una trayectoria sinuosa"

Quizá sorprenda a muchos, pero en la hora de triunfo de la música electrónica, Daniel Melero, el ícono más visible del tecno nacional, el mismísimo precursor de las máquinas en la música pop local, se declara rockero de alma y denuncia el vaciamiento de contenidos de la música que hoy se llama rock y que de rock -dice- sólo tiene la forma.



En los últimos tiempos, Daniel Melero ha estado muy activo. Lo que pasa es que no anda por la vida con un megáfono, contando a propios y extraños todo lo que pasa por su cabeza y se hace música. Por eso no muchos saben que próximamente habrá vario sucesores a su (hasta ahora) último álbum solista, Rocio, que salió en el 96. Dentro de un mes lanzará Piano, el disco de versiones acústicas de sus temas, interpretado a dúo con Diego Vainer, que ya salió en Chile y en España, y que también espera turno para aparecer en Japón. Luego vendrá un CD ROM con la música que compuso para la película El gabinete del doctor Caligari, la joya del cine mudo que dirigió Robert Wiene en 1919. Como adelanto, Melero acaba de interpretar esa música en vivo en un cine de la Recoleta, como los viejos músicos del cine mudo, mientras se proyectaba el film. Y más tarde seguirán un álbum tecno confeccionado exclusivamente con instrumentos bajados de Internet, y otro disco más de canciones.

Tantas novedades rondándole, parecen ser un buen marco para pedirle que cuente dónde está parado, y quién es.

-Es una situación por lo menos rara, si se quiere, que tengas un lugar destacado en la historia del rock argentino de los últimos años, siendo un artista que muchas veces se declaró no-músico.

-(Sonríe) Sí. En los comienzos, el discurso era que yo era un no-músico. Eso venía un poco de la línea de (Brian) Eno.

-Estaba bueno el posicionamiento.

-En cierto sentido creo que cuando un artista empieza, si no es un poco arrogante, es decir, si no quiere cambiar todo, nada cambia. Entonces es necesaria esa cosa hasta pretenciosa de autodenominarse de una forma, y también de tener la vanidad de aparecer y tocar. A veces me avergüenza haber dicho todo eso, pero también pienso que fue un buen proceso. Era necesario punkizar un poco la situación. En el momento en que aparecí en la escena, de alguna forma todavía estaba lleno de gente tocando jazz-rock, o un new-wave que todavía era mirado así con la mano en la barbilla, dudando de que estuviese bien tocado. El concepto de bien tocado y mal tocado era medio jazzero todavía, y yo utilicé algunas fórmulas que pertenecían al punk, a pesar de tocar con máquinas. Eso de hacelo por vos mismo, sé tu propio modelo.

La pecera que está en medio del living de su departamento aporta un toque de videoclip a la escena. Los peces son de colores. Daniel Melero ha mirado el atardecer por la ventana que da al río. Esa por donde se ve, abajo, la avenida del Libertador atestada de autos que huyen, y más allá, los trenes que van y vienen de Retiro, la villa que se reconstruye porfiadamente después de cada barrida, la autopista que cruza por encima de las casillas, y más allá de todo el río marrón. De vez en cuando pasan los aviones, dice el dueño de casa, y así el cuadro se completa. Un Scalectric gigante.

Ahora Melero, ícono del pop de los 80, adorado por las vanguardias de ayer y de hoy, respetado por propios y ajenos, y eterno perdedor por decisión, convida agua mineral y con buen ánimo comienza a descubrir quién es en realidad: un músico de muchas músicas que se siente parte del rock porque entendió, y sigue entendiendo, que más allá de las formas debe haber un contenido que respalde esa categorización tan idealizada por tantos.

Así: el tema es el rock.

-Declararse no-músico, en el momento en que apareciste, también se puede entender como un posicionamiento didáctico si se quiere. Porque por entonces no se entendía la inclusión de las máquinas para hacer música.

-Incluso la exclusión de una batería no se entendía. Y eso que ya había discos que estaban utilizando máquinas. Hasta León Gieco estaba trabajando cerca de las máquinas. Pero creo que había una cuestión de lenguaje que era diferente. Se acababa el rock del fogón, era un poco dificultoso encarar las canciones con una guitarra, sentándote con tus amigos a tocarlas. También empezaba la idea de ensayar alrededor de una mesa, viendo qué estábamos haciendo y qué queríamos decir.

-¿Tenés conciencia de que ha pasado mucho tiempo después de eso?

-Y, sí. Mi primer show fue en año 80, con una banda que se llamaba David Vincent. Era un dúo con Ulises Butrón. Yo tocaba dos grabadores Revox y un sintetizador, y me ocupaba de la consola, y él tocaba la guitarra. A la usanza de (Robert) Fripp y (Brian) Eno. Después hubo un tiempo en que yo tenía una casa en la que ensayaba y adonde pasaron... muchos. Ahora me doy cuenta quiénes pasaron y veo que son como... celebridades, de alguna forma. Pero bueno, éramos los que éramos.

-¿Quiénes pasaron por esa casa, por ejemplo?

-Mirá, a Richard Coleman lo conocí por un aviso del Expreso Imaginario, en el que buscaba gente a la que le gustara David Bowie. El día que vino por primera vez, estábamos tocando los que después íbamos a ser Los Encargados, y como sonábamos tan fuerte, no oímos el timbre. Y ahí en la puerta se encontró con Ulises, y así nació Metrópolis. En realidad, el embrión del grupo, que fue una banda que se llamó Siam. También pasaban por esa casa los Soda, Ricky Sáenz Paz; el cantante de Los Pillos era uno de nuestros plomos; Fabio Suárez, de los Suárez, también trabajaba de asistente nuestro. Calamaro venía de vez en cuando de visita. Pero él ya era más conocido, era tal vez la persona del mainstream que más cerca estaba de nosotros. Tal vez no en lo musical, pero sí personalmente.

-En el momento de repasar los años 80, da la impresión de que todo ocurrió en una baldosa. En una noche de La Esquina del Sol (pequeño club de rock de aquellos días) podían coincidir el Indio Solari, Luca Prodan y posiblemente Gustavo Cerati. Los tres en ese mismo lugar chiquito...

-Claro. En el Einstein yo compartí shows con Sumo, y tal vez a la noche siguiente tocaban los Soda. Y estábamos todos ahí. Era chiquitito el ambiente. A medida que pasan los años, uno empieza a mirar las cosas con cierta perspectiva, y ahora veo que las grandes revoluciones empiezan en un puntito. Generalmente es así. En los 80 había muy pocos lugares. Hubo que inventar la escena. Cuando yo empecé a tocar no conocía a ningún músico, y no había lugares por los que circuláramos. Todo eso se hizo.


Niño rockero

"Yo veo rock desde los 12 años", dice Melero cuando el sol, afuera, ha caído definitivamente. En ese momento, su rostro parece reencontrar el entusiasmo del niño encantado con el sonido fuerte de las guitarras. Su relato se vuelve entusiasta. "Vi a Pescado Rabioso en vivo, a Almendra con muy poca gente en el lugar. Fui a los Olimpia de Pescado rabioso y a los de Color Humano. Vi a Tanguito en vivo. Supuestamente yo soy un moderno, mucha gente debe pensar que no tuve acceso al rock, pero la verdad es que pertenezco mucho a la cultura del rock de los 70. A los 11 ó 12 años leí los libros que había que leer, para escuchar los discos que había que escuchar. Hablo de cuando el rock era una música que acompañaba a una cultura".

-Daría la impresión de que en el momento en que apareciste en la escena, hubo un quiebre. Porque no hubo una continuidad con el rock de los 70. El de los 80 arrancó de cero, de alguna manera.

-Pienso que eso tuvieron que ver con los militares. Aunque Los Violadores ya habían hecho alguna cosa incipiente, recién cuando los militares tuvieron que empezar a retroceder, es que volvieron a aparecer lugares donde la gente se podía juntar y tocar. En esa situación de pre-democracia fue reinventada la escena, lo que era el mainstream del rock. Algo que era chiquito, si lo pensamos en las proporciones actuales. Pero eso tuvo que aggiornarse con esto que empezaba a pasar. A mediados de los 80 era obvio que no había demasiadas opciones. Por eso los artistas de los 70 tomaron el nuevo sonido...

-Clics Modernos de Charly (García).

-Sí. Y Privé de Luis (Spinetta).

-Todo eso pasó hace mucho tiempo, y cuántas cosa pasaron en el medio. Y cómo cambió todo. El tipo que subía al escenario con dos grabadores Revox era alguien que había dejado el plato volador en la esquina...

-(Vuelve a sonreír) A mí me parece la historia de otra persona. Hoy también sería así. Lo de los dos grabadores es más fuerte que lo de los teclados...


Pibe rockero

-Hay músicos que tienen una notable caudal de información cultural de rock. Vos sos podrías ser un caso. (Andrés) Calamaro es otro.

-Yo me formé en eso, soy un producto de eso. El primer disco que me compré fue el simple Frutillas (Strawberry Fields de Los Beatles), y cuando lo escuché no pude comprender qué era eso, mucho menos cómo se hacía, y por qué no se parecía a lo que llamaban música. Esa fue mi sensación, y todavía me sigue produciendo la misma sensación, y las cosas que vienen con la música también. Aunque últimamente, sobre todo en la última década, el rock parecería ser sólo un fenómeno musical. Ya no viene acompañado de otro tipo de contenidos como antes. A mí me interesa más lo que pasa alrededor de un grupo que su música en sí. Inclusive hay grupos que he llegado a escucharlos más por lo que generaron alrededor de ellos. El rol del rock es generar nuevas formas de vida. No generar un nuevo disco, sino una nueva forma de vida.

-¿Antes cómo era?

-En los 70, todas las bandas hoy recordadas tenían a su alrededor un sistema de vida que no encajaba con el resto. Nadie que tuviera un trabajo formal y que usara un attaché, estaba en un recital de Pescado Rabioso. Había códigos completamente diferentes. El tipo del attaché no hubiera sabido ni siquiera cómo se entraba a ese concierto, porque hasta la puerta era un misterio.

Hoy una persona completamente aburguesada puede escuchar Sumo. Y eso que Luca era una propuesta de forma de vida diferente, proponía creencias y valores diferentes. Me da la impresión que ahora la música tiene valores muy parecidos a los de cualquier consumidor medio. Otra cosa que inclusive en los 80 era distinta, y tal vez Nirvana haya sido el último ejemplo de esto, es que el rock modificaba los medios. Digo que tenían que tenían que cambiar para pasar cierto tipo de música. Hoy los grupos están más preocupados por hacer un video que encaje en MTV o tener un tema que dure el promedio de lo que acepta la difusión. El rock, como música, hoy es algo mucho más adaptado.

-¿Es todo así?

-No, hay lugares del rock que no son tan masivos. Es más, estoy convencido que el rock de hoy está ocurriendo en una habitación, en manos de tres o cuatro haciendo algo no imaginamos, y que va a traer consecuencias dentro de un tiempo. Ese es el verdadero estado de rock. Lo que entiendo por rock nunca es masivo. Cre que es elitista, pertenece a una elite de decepcionados, de músicos que no saben para dónde ir y que están buscando un renacer del espíritu de su música; tiene que ver con gente trasnochada que no sabe qué hacer con su vida. El rock tiene que ver con cualquier cosa que pueda ser un problema para lo que sea sistematizado en ese momento. Todavía hay zonas donde eso ocurre. No tanto en el plano de la música, donde parecería que la única manera de evolucionar que tiene el rock es encontrar géneros que pueda mezclar.

-¿No habrá que pensar en que son diferentes el rock y la música del rock?

-Hay un fenómeno que tiene las formas y los gestos del rock, pero no los contenidos del rock, y se lo denomina rock. Pero no lo es, porque no tiene el contenido que lo haría verdaderamente rock. Que es la modificación. Si un grupo te deja en el mismo lugar en el que estás, y podés seguir viviendo tu vida cómodamente, seguro que no era de rock. Probablemente sea buena música y hasta un buen entretenimiento -yo no estoy diciendo que no consumo ese tipo de cosas, y hasta me es grato, en muchos momentos, porque la verdad es que no siempre estoy tan dispuesto a vivir revoluciones internas-, pero el rock es cambio, de lo contrario no es rock. Será rock & roll, hip-hop, cualquier género establecido o un híbrido a partir de dos géneros. Pero lo que importa no es la música sino si eso te cambia.


Hombre ¿tecno?

-¿Cómo estás viviendo este momento en que la música electrónica parece ser lo nuevo?

-...Opté por hacer un disco (Piano) con un piano como instrumento. Me parece que era la manera más saludable de pasar este momento.

-Un disco que acá todavía está inédito, pero que en España le va bien.

-Sí, tuvimos la suerte de que el disco, aunque no es un hit ni nada por el estilo, en España ha vendido un par de miles de discos. Por eso ahora me voy a tocar por allá. A la vuelta vamos a presentarlo acá. Las situaciones que se han generado a partir de ese disco han sido muy lindas. No estoy diciendo que no me guste más la música electrónica, pero ahora ya no estoy tocando con teclados. Sólo toco con una computadora, aprovechando esa situación de que soy un no-músico ya me liberé del acorde. (Sonríe) Tengo una sola tecla para apretar, el mousse, y es muy confortable. Trabajo con instrumentos que bajo de internet. Internet es lo más rockero que hay en el mundo de hoy. Es un lugar anárquico donde podes tener acceso a información por carriles de hackeo o de acceso abierto. Es uno de los lugares menos regulado que existe, y donde existen más capas de pensamiento nuevo.

-Entonces no aprovechás el momento de la música electrónica.

-Creo que éste es un muy buen momento para no aprovechar ese auge. Eso es lo que te permite persistir. No me quise montar a eso porque no me siento un músico de tecno. Soy un rockero que en un momento entendió que el lenguaje más rockero que existía, lo que más crisis producía, era tocar con máquinas. Además eso era más barato comprar una caja rítmica que comprar una guitarra. Yo vivía en Flores y allá junté unos pesos de la peor manera, y con eso me compré un caja rítmica. Lo hice no porque creyera en la música electrónica, sino porque sentí que era lo más rockero que podía hacer. Además fijate que mi discografía no cumple con las leyes del tecno. Yo no tengo una carrera, sino una trayectoria sinuosa (sonríe).

-Y nunca te desveló ser famoso. Ni tener éxito.

-La fama y el éxito son cosas distintas. A la noche, cuando te vas a dormir, el desfile de personas y de disfraces que tenés en el techo, tiene que ver con tu éxito. O con tu fracaso. Lo otro es la fama, es lo que te da o te quita la gente. El éxito te pertenece o no lo tenés, la fama es algo que te dan otros. El éxito es personal y tiene que ver con cómo te sentís con vos mismo. La fama puede llegar a quitarte el éxito. Yo sin fama puedo vivir muy bien, porque ascender en el poder te lleva a tomar compromisos con los que ya tenían el poder; por la tanto significa no introducir cambio, o introducirlo de manera formal pero no profundamente, no en los contenidos. Esas cosas ocurren, y es lo que tiene que ver con ese vaciamiento del aspecto cultural del rock que no tiene poder de cambio. Eso es el rock adaptado.



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