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22.11.1999.-

Cerati presentó Bocanada

Como no resultaba difícil preverlo, su tema Puente sirvió de saludo al público que llenó el Gran Rex: "Ya estás aquí, y el paso que dimos es causa y efecto; gracias por venir". Sin apelar a la nostalgia y mirando hacia delante, el ex líder de Soda Stereo inauguró su camino como solista. Un gran show.



"¡Hola, amigos!", dijo Cerati sobre el final de Río Babel, el primer tema del show. Fueron sus primeras palabras en público desde su ya histórica despedida del "Gracias totales" de River. Precisamente así, en un Gran Rex lleno hasta la última butaca, Gustavo Cerati inició anoche en Buenos Aires su carrera solista. En la misma sala donde Soda Stereo tuvo tantas noches de felicidad.

El espectáculo fue tan compacto y contundente, que quedó bien claro dónde está parado Cerati: una zona pop que es territorio propio, donde hoy hay muchos elementos electrónicos que lucen como sello distintivo de la música de estas horas. Y en estas circunstancias, Soda Stereo podría haber sido un fantasma, pero la nostalgia no apareció en la escena. Felizmente. Aunque después de una de las pocas citas al pasado que tuvo el concierto de dos horas, el público coreó, si bien más en tono cariñoso que de reclamo, que "...volveremos a ver a Soda como la primera vez". Cerati se ocupó de contestar. Amable pero firme, dijo: "Para eso están los discos... Esto es otra cosa". Fue claro.

La banda de Cerati tiene una estructura bien del pop de fin de milenio. Suma batería, bajo y las guitarras sobre bases pregrabadas que dan el tempo y los colores, y aseguran la reproducción de los arreglos llevados en su momento al registro digital. Martín Carrizo (¡ex A.N.I.M.A.L.!) en los parches "analógicos" y Fernando Nalé en los bajos son la base tracción a sangre que suma potencia a la marcación de las máquinas, Cerati es el principal guitarrista y por supuesto la voz central, Leo García suma voces y guitarras, y Flavio Etcheto se encarga de perillas más que de teclas: desde su comando se disparan los samplers que aseguran que el show suene como el disco. Eso regala esta banda: una sucesión prolija, por momentos caliente, de Bocanada, el gran disco con el que Cerati comenzó su camino propio. Los temas de este trabajo son la base del show: Beautiful siguió a Río Babel, y luego pasaron, uno atrás de otro, Raíz, Tabú, Engaña, Bocanada, Puente ("ya estás aquí y el paso que dimos es causa y efecto, gracias por venir..."), Perdonar es divino y Alma. Recién a esa altura del concierto, Cerati dio una leve mirada hacia atrás con Zona de promesas. Pero enseguida volvió al presente con el significativo Aquí y ahora: "Precisamente todo está pasando aquí y ahora". Siguieron Sweet sahumerio, del premonitorio Dynamo de Soda Stereo, y el único tema clásico de Soda incorporado al nuevo repertorio, Hombre al agua de Canción animal, pero transformado al sonido de esta banda solista. Una gran versión. Después, salvo una cita a Amor amarillo -el primer álbum solista de Cerati- con Pulsar, todo siguió siendo de Bocanada. El sugestivo Verbo carne que Cerati cantó, parado absolutamente solo en el escenario, con la grabación de la orquesta sinfónica londinense hecha en Abbey Road -qué tema notable, y qué bien lo canta Cerati-, el instrumental Y si el humo está en foco... que convirtió a la sala en una rave con butacas, y el marchoso Paseo inmoral que sirvió de cierre. Después hubo dos bises, y hasta mañana.

Hay una nueva estética Cerati. Empieza en los gorritos Piluso marca Cerati que tan bien vendieron los chicos del stand del merchandising, y hasta en el programa de mano entregado por los acomodadores -que abre con una significativa frase de Engaña: "Soñé estar aquí y no recuerdo despertar"-, y se concentra en el sonido de esta banda que solo se parece a Soda Stereo porque su primera figura es Cerati, lo cual es inevitable. Porque en lo demás, tiene un perfil propio, y un sonido fácil de ser reconocido. Hay un gran camino por delante.

Lo de anoche en el Gran Rex, de alguna manera, fue para Cerati como Bring On The Night para Sting, el primer paso solista después de The Police. Aquella vez, en una noche Sting sepultó su pasado pero sin haberlo olvidado, básicamente porque lo nuevo tenía su propio peso. Eso mismo ocurre hoy con Cerati, solo que su búsqueda no está en el jazz, sino por la electrónica. Habrá más funciones de Bocanada -¿cuántas terminarán siendo?-, y más de Cerati en el futuro, en el nuevo milenio. Eso es lo bueno. Habrá más, y la nostalgia quedará para los tangos, que en eso son insuperables.



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