El trío Natas presenta su material 'norteamericano' en Buenos Aires. La entrevista de Adriana Franco, para La Nación.
 Natas Foto: La Nación
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"Fueron como mensajes en una botella", dice Sergio, guitarrista y cantante de Los Natas. Se refiere a cuando, luego de tres años de tocar con el trío en el circuito local, decidió tomar el toro por las astas. Así, anotó todas las direcciones de sellos de afuera y se dedicó a enviarles cassettes con canciones de la banda y "una gacetillita".
Un año después, el mensaje tuvo respuesta. Al sello Man´s Ruin norteamericano le había llegado la cinta, pasando de mano en mano, y quería editarla. Así salió su primer disco, "Delmar", al que siguió "Ciudad de Brahman" (grabado en los Estados Unidos) y la participación en el compilado "Welcome to Meteor City". Ahora, tras un cambio de sello (graban para el también norteamericano Small Stone), editaron "Corsario negro", producido por Billy Anderson, un peso pesado de la movida stoner rock y heavy psychedelia y que presentan en El Sótano, de Perón al 1300.
Es con ese rótulo de stoner rock como ha sido catalogado el trío, que ya estuvo dos veces de gira por los Estados Unidos y que también tiene ediciones en vinilo, de origen europeo. Pero, más allá de nombres y categorías, Natas hace rock potente y crudo, a buen volumen y con mucho énfasis en la improvisación. "Desde que me compré la guitarra eléctrica, lo primero que desarrollé fue la música nuestra. Nunca me puse a sacar canciones de otros. Empecé a buscar sonidos, y así salieron las melodías."
Poco después, en 1994, se sumó Walter Broide, baterista que venía del jazz, y la química funcionó. "Fue mi primera y única banda de rock -dice-. Y en estos 8 o 9 años se fue armando la manera de tocar en función de la música, de lo que las composiciones e improvisaciones iban pidiendo."
Lo importante, insisten, es que todo surge "de adentro de cada uno, de la relación que tiene uno con uno mismo y de cómo manifestarla a través de las melodías y ritmos. Fue al revés de lo que sucede en general, porque no hubo una intención de hacer una banda de un determinado estilo. Era hacer música que ayudara a despejar las preguntas internas", dice Sergio.
"La música es como un caballo por montar, a pelo, sólo con la rienda", agrega, para dejar en claro que tocar es, cada vez, una experiencia única e irrepetible.
La pregunta es inevitable. ¿Cómo graba un disco una banda que se apoya tanto en la improvisación?
Walter: -Hay una preparación previa, referida a con quién vamos a grabar, cómo, con qué sonido. Pero a la hora clave, cuando se aprieta el botón de "rec", somos los tres en una sala, preferentemente sin auriculares, haciendo lo mismo de siempre. Tratando de buscar no una versión perfecta sino una versión con espíritu, que tenga contenido.
Sergio: -El disco lo vemos como una fotografía musical de lo que pasa en ese momento, en ese cuarto, con esa gente. No es un rompecabezas que se va armando.
El secreto de su sonido también pasa por la elección del equipamiento. Aquello que se denomina vintage . Mucha válvula, en el caso de la guitarra. "A mí me da la sensación de que la válvula te permite transmitir mejor lo que te pasa cuando estás tocando que un sonido digital, que cambia el volumen pero suena siempre igual. La válvula tiene como una cierta sensibilidad", dice Sergio. En el caso de la batería, se las busca "de medidas enormes, con platos grandes".
Que la música es su pasión, no hay duda. El trío, que luego de varios cambios de bajista se completa ahora con Gonzalo Villagra, tiene otras dos caras. Por un lado, Santoro, rock más rápido y duro, junto al cantante Adrián (ex NDI) y, los tres, en versión más experimental, acaban de grabar un disco que editará un sello finlandés en el que a la guitarra, el bajo y la batería, sumaron flautas dulces, bombos legüeros y charangos.