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17.04.2000.-

Violencia es mentir



Los Redonditos

El sábado, cuando se advirtió que las corridas entre el público ubicado en el campo habían dejado como saldo un par de heridos, los Redondos detuvieron el show, que avanzaba ya por la segunda y supuesta última parte, y al volver, después de quince minutos de tensión y silencio, el Indio Solari se quejó. Dijo que el grupo iba a seguir con el concierto solo por respeto al público, pero que su corazón lamentaba los incidentes -qué importante fue que hablara con el corazón en la mano-, y que por culpa de los violentos que habían convertido la fiesta en drama, sentía que éstos eran los últimos conciertos de la banda. Porque así no se puede más, dio a entender, y se le entendió. Si esto se confirmara -en el segundo concierto, el domingo, no hubo incidentes importantes dentro del estadio, pero sí afuera, donde chocaron redonditos sin entrada con la policía-, quedará en claro que los Redonditos de Ricota -el grupo- hicieron esta vez todo lo que debían hacer para tener una gran fiesta con las bandas -su público-: eligieron el mejor y más grande estadio de la ciudad, contaron con la más cuidada organización de su historia, informaron cuanto fue necesario de cómo iba a ser el espectáculo, a partir qué hora, desde cuándo se podía ingresar, por dónde eran los accesos. Y la realidad los desbordó. La realidad -la violencia, el descontrol- es eso con lo que, evidentemente, la contundencia del mejor rock que hay en el sur del mundo no puede. Por eso, los dos conciertos que dieron los Redondos en River este fin de semana, ante 130 mil fieles seguidores, quizá fueron los últimos de su historia. En nombre de lo que es el grupo como grupo, de lo que significa para muchísima gente, y de la impresionante concentración de energía que hay en sus conciertos, ojalá que no. Ya se verá.

Más allá de aquello en lo que se regodearon durante el fin de semana algunos medios periodísticos interesados en relacionar el rock con la violencia, hay instantes de felicidad suprema, vividos durante estos conciertos de los Redondos, que merecen ser contados para que se sepan. Porque eso, al fin, será lo inolvidable, lo eterno. Por ejemplo, el temblor que se registró en el Monumental cuando el Indio y Skay, y el resto atrás, atacaron con Ñam Fri Fruli Fali Fru, aquel viejo tema atrevido y picante de Gulp!, el álbum debut del grupo, y el coro de 65 mil personas estuvo a punto de derrumbar el cemento y toda la adversidad de hoy. Eso sucedió en el arranque de la segunda parte del primer show, el sábado, un cuarto de hora antes de la interrupción por los navajazos arteros que tiñeron con sangre la belleza de la fiesta.

Estos son tiempos en que hay miles -millones- de postergados, desesperanzados, descreídos, desilusionados. Y parado en este tiempo, un grupo de rock de acá contiene a los que aún creen en que es posible tener, en la vida, un momento de felicidad. Aunque quizá con un exceso de simplificación, ésa es la importancia de esta gran banda de rock llamada los Redonditos de Ricota. La que dice: "Nuestro amo juega al esclavo / de esta tierra que es una herida / que se abre todos los días". Ese tema propone un coro que, en River, la multitud cantó -gritó- para que todos oigan, por si acaso éstos eran los últimos conciertos de los Redondos: "Violencia es mentir".

Ojalá que esas voces nunca se callen.



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