La dupla Frenkel-Schachtel confirmó el cambio de rumbo estético que venía anunciando, con dos temas nuevos y nuevos arreglos de algunos clásicos.
 Diego Frenkel Foto de archivo
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Cuando Sebastián Schachtel dejó los teclados, tomó su acordeón y Javier Weintraub regresó a escena con su violín para atacar, junto a sus compañeros, con "Cumbiecita", algunos sintieron que recién ahí comenzaba el auténtico show de La Portuaria. Al menos de La Portuaria que el público, que colmó el Ateneo, conoce y aprecia. La banda ya estaba sobre el octavo tema de la larga lista que había preparado para esta segunda presentación de su EP "Hasta despertar". Y, precisamente fue allí que el teatro estalló.
El comienzo, a sola excepción de "Nada es igual", emblemático tema en versión acústica 2002, coreada devocionalmente por toda la concurrencia, había sido una demostración de rock guitarrero con Schachtel sumándose desde sus samplers básicamente a la percusión con algunos toques de electrónica, en lo que pareció ser una marcación del terreno que, el ahora cuarteto, se propone pisar en el futuro. Estéticamente más cercanos al excelente - e inexplicablemente frustrado - proyecto Bel.Mondo que a la innovadora y colorida mixtura poliétnica que fue la marca registrada de la banda durante años.
Ese primer set, incluyó siete temas, tres de los cuales pertenecen a sus primeros discos, otros tres al EP y el restante, un estreno: "Dónde nunca sopla el viento". Los arreglos de los tres temas viejos ("Mira las nubes", "Rodando con el viento" y "Donde hubo fuego") evitaron cuidadosamente los toques de "color" que poseían sus originales y se adecuaron estrictamente a la nueva forma.
Los temas del EP, excepción hecha - nuevamente - de la cuidada e interesante revisión de "Nada es igual", fueron "Perfidia" (versión originalmente creada para el comercial de un supermercado, de atractiva factura) y "Hasta despertar", tema que da título al EP, y que semeja una estereotipada balada alla Sandro que Frenkel "dice" brillantemente pero que, a pesar de eso, desconcierta.
Decíamos que con "Cumbiecita" el teatro estalló y literalmente fue así porque a partir de ese momento se sucedieron, uno tras otro, los hits que el público estaba deseoso de escuchar, corear y bailar.
Los puntos altos de la noche estuvieron en una sensual versión - para beneplácito de la platea femenina - de "Los mejores amigos", tema que según el mismo Frenkel "hace mucho tiempo que no tocamos"; una potente versión de "Dios" con cambio de vestuario incluido y un despliegue escénico de Frenkel al más puro estilo Chuck Berry y el remate, con un "ahora párense y bailen porque esto se está terminando", previo al set final que incluyó: "Aya", "Ruta", "Huracán" (el otro estreno) y "Me mata la vida". Los bises de rigor contemplaron, finalmente, los dos temas más pedidos de la noche: "Selva" y "El bar de la calle Rodney".
Merece una mención el trabajo de El Descueve que ilustró algunos de los temas con sugestivas imágenes proyectadas en una pantalla por detrás de la banda.