Noticias


02.07.2000.-

De aquel amor...



Cerati

Los conciertos con Café Tacuba han quedado atrás, la gira Bocanada terminó y lo que ahora viene es el futuro. Gustavo Cerati asiente con una sonrisa leve, habla de sus próximos pasos con la seguridad que da la incertidumbre, y también acepta con gusto revisar su pasado y su presente.

En persona, confirma lo que dice su música: es un artista maduro. Dispuesto a sorprender y sorprenderse, como antes, pero asentado; si se quiere, asumido conductor de su propia experiencia, que es mucha. Entonces eso, sumado a su capacidad para reinventarse con música soberbia como la de Bocanada, es dos más dos. Por eso sigue estando donde está.


-Venís de tocar con Café Tacuba, fuiste invitado de Charly García en Obras, unas semanas antes de eso se había anunciado una presentación de los dos y de Fito Páez. ¿En qué medida te interesa compartir el escenario?

-Disfruto mucho de las colaboraciones. Lo de Café Tacuba, lo que hice con Charly, lo de antes con Daniel Melero, con Richard (Coleman). Yo aprendo mucho de todas esas combinaciones, algunas de las cuales por ahí son extrañas. Por ejemplo, uno de los discos míos que más me gustan es Colores santos (Cerati y Melero), y es un disco que se nos ocurrió, surgió como un deseo; nadie nos lo propuso. Ni siquiera hubo una necesidad de la compañía grabadora, ni una elucubración a nivel de carrera o de trayectoria. Fue una cosa de simbiosis, de amistad y de relación conjunta que... no se pudo evitar. Para mí, es uno de los discos más exitosos en cuanto a la real combinación y al deseo de hacer música juntos.<br>Después hay cosas más esporádicas. Que Charly me invite, o que yo lo invite. Y siempre hay una respuesta inmediata, porque hay una admiración mutua; cuando tocamos, nos miramos mucho, y es muy genial. Yo lo miro a los ojos a García, y él a mí, y disfrutamos mucho tocando. Hay gente con la que por ahí no tengo mucho contacto musical. Por ejemplo, con Fito Páez. No siento que estemos muy cercanos en lo musical. Como cuando comparan los solistas, y nombran a Calamaro, a Fito, a mí. Es como si compararan a Mariah Carey con... David Bowie.

-En ese caso, ¿quién es quién?

-(Sonríe) No, eso no lo digo, es solamente una... cosa. Lo importante es qué nos reúne. Nos reúne que somos solistas, nada más. Y a la vez está bueno que haya colaboraciones. Siempre en función de que algo artístico funcione. Porque si es en función de un impacto social, a mí no me importa.

-Viendo tu historia, se puede ver que no has cedido a presiones en función de impactos sociales...

-En gran medida sí. Pero la verdad es que también he sucumbido a presiones y he hecho cosas que no he querido hacer. Incluso hoy me encuentro con cosas que no quiero hacer pero que tengo que hacer. De lo que sí me puedo jactar, es de no haber enarbolado la bandera de la "independencia creativa total", porque eso no se lo creo a nadie. Probablemente uno de los tipos a los que he visto poner en acción más ejercicios de libertad, es Charly García. Es un tipo que puede hacer cualquier cosa, no le teme a nada. Pero aún así, en ese estado de locura libertaria, por mencionarlo de alguna manera, también hace cosas que por ahí no lo convencen demasiado. En mi vida he tenido muchos momentos de inseguridad.

-¿Vos hablás de ceder en cuestiones del andar cotidiano, o de la obra en sí?

-De la obra en sí, no. Porque en general es más difícil de percibir eso en la obra. Sí estoy convencido de que, con el primer disco, Soda Stereo salió a dar batalla y lo hicimos lo más pop que se podía.

-A la distancia, eso se ve clarísimo.

-¿Viste? Y también fuimos aprendiendo, está claro. Hacíamos lo que se podía. No era que salimos sabiéndolo todo. Fuimos conociéndonos. Salimos con shows muy energéticos. A veces nos comparan, y dicen que Sumo era algo realmente fuerte. Y Sumo sí era fuerte, pero tenía algo mucho más oscuro, tenía que ver con el power de un tipo de sonido, pero Soda Stereo no era un grupo de peditos tocando, siempre tocamos fuerte, incluso para suplir la escasez de integrantes. Eramos bastante ruidosos, íbamos al frente. Pero cuando llegó el momento del disco, creo que fuimos un poquito más... concientes, digamos, de que queríamos hacer una obra pop y de meternos por ese lugar, porque ése era el momento. Y después fuimos prestando atención a cosas más personales, aprendiendo a que, en la forma cantar y de tocar, las emociones queden más visibles.

-Imagino que habiendo vivido eso, podés entender qué pasó con Los Beatles. Lo de su evolución, del She Loves You a lo otro que hicieron después...

-Ellos fueron el gran modelo. Fueron algo fabuloso por la tremenda producción y el nivel que tuvieron. Eso que no ocurre muy a menudo. Uno naturalmente piensa en el mejor, y en ese aspecto Los Beatles significaron lo máximo. Desde chico. Recuerdo estar jugando en la calle a ser Los Beatles, a tener una banda. Eso es inmutable. Por lo menos, para cualquier banda del siglo XX. En el XXI me parece que va a ser otra cosa, pero en el XX era un poco así...

-¿Vos leés notas de las revistas musicales? Porque son muchos los grupos de hoy, en distintos países del continente, que reconocen haber empezado, de chicos, jugando a ser Soda Stereo...

-Ah, sí. De hecho, hay tipos de otra generación como Leo (García), que es un talento tremendo, que admiro, para los cuales Soda Stereo ha sido muy importante. Yo le veo los ojos cuando estamos haciendo un tema de Soda Stereo, y ahí se ve lo que ha significado Soda para él; por ahí algo más fuerte de lo que ha significado para mí...


Hombre al agua

-Que Soda Stereo haya ido mucho para México, y que ahora vos lo hagas, parece algo... natural. Y sin embargo no lo se ve igual si viene un grupo de México...

-(Piensa) Probablemente... hay que reconocer que Soda Stereo fue un tremendo empujón para todos... sin quererlo, porque la nuestra no fue una actitud con intenciones filantrópicas con respecto al rock. Sí, Soda Stereo funcionó en algún aspecto como una especie de "iluminador" para muchos grupos de rock de otros países.

Cerati hace canciones, no se dedica a contar la historia. Por eso no da los detalles: a mediados de los 80, Soda Stereo abrió el camino; fue a contarle, a miles y miles de jóvenes de todo el continente, que se podía hacer un buen grupo de rock, sintonizado con el mundo, cantando en castellano. Y que se podía ser pop y a la vez de acá, y que era posible sonar tan bien y tan fuerte como cualquiera de allá. Eso pegó en muchos países de Latinoamérica. En México, por ejemplo. Por eso no extrañó que allá, en un buen suelo, con humedad y lluvias, y con mucho sol, salieran plantitas por todos lados. De todo tipo y tamaño, algunas vistosas y otras no, pero se hizo el jardín. Hoy, en México, hay un movimiento que se mueve (no es un juego de palabras). Dice Cerati: "La verdad es que sigo rescatando individualidades, pero me gusta la idea de "movimiento" que ellos tienen. Ellos van muy por ese lado. Es interesante, se aprende mucho de eso; los argentinos no estamos acostumbrados a pensar así". Un rato después, luego de recordar que antes de esto se cruzó con Andrea Echeverri de Aterciopelados, el más importante grupo pop de Venezuela, tira una breve frase que quizá sobresalte a más de uno. Dice que esto de los cruces le gusta "porque... de alguna manera siento que somos hermanos, que tenemos que ver". A nadie sensato se le ocurriría pensar en un remix 2000 de "todas las voces todas"... pero es lo mismo.

-¿Por qué es difícil que los grupos de rock de otros países latinoamericanos interesen acá?

-Eso es algo que estuve hablando con Rubén, el cantante de Tacuba. Es que acá existe una tradición muy poderosa; uno puede discutir sobre Soda Stereo y los Redondos, sobre esto o lo otro, pero cuando se toma distancia, se ve que eso ocurre en la Argentina con un nivel de trayectoria bastante grande. Se nos hace difícil que se nos cuele alguna propuesta de rock, y sobre cuando está muy emparentada a Soda Stereo o a cualquier otro de acá, como ocurría en México con el caso de Caifanes, o en Chile con La Ley. Es difícil que ese tipo de grupo entre a la Argentina cuando hay exponentes locales que incluso, de alguna manera, les han servido de inspiración. El oído argentino escucha cuando hay propuestas de otro tipo, como la de Café Tacuba; propuestas que son como nuevas vueltas de tuerca, que van por más, que aceptan riesgos, que están en conexión con lo que pasa en el mundo pero a la vez tienen un contacto fuerte con la tradición de su país. Ahí sí, el oído argentino, que es muy musical, acepta. Porque no es una guachada, no es que no querramos escuchar otra cosa. Nuestra apertura tiene que ver con algo que, aunque lo desconozcamos, nos gusta. Eso pasa con Café Tacuba y con otros exponentes mexicanos que por ahí no son tan conocidos, pero que están en eso.

-¿Hay algún punto de contacto cierto de Café Tacuba con Soda Stereo?

-Sí, pero no es estilístico. Es que ellos aprovechan su potencial y su tradición pop, como grupo popular que aglutinó masas y llevó gente, para meter en sus discos las cosas que les interesa de verdad, y que son jugadas de ellos, de disfrute personal. Así movilizan a la gente a otro tipo de música.


Desde la cúpula

¿Qué músicos conocen el éxito de verdad, la presión de la multitud ululante, el vértigo de la notoriedad? Aquí, pocos: Sandro, Charly García, Palito Ortega, Fito Páez. Recientemente Soledad y Rodrigo. Sin dudas, Gustavo Cerati es otro de ese pequeño grupo.

-Vos viviste el gigantismo con Soda Stereo. Después de eso, ¿cómo sentís lo de Rodrigo? El caso de una popularidad que parece imparable, y después la muerte trágica...

-En principio, es shockeante. Pero antes quiero decir que no conocí personalmente a Rodrigo; en cambio sí, medianamente, a Fernando Olmedo. O sea, a nivel de los medios me pegó obviamente lo de Rodrigo, pero en lo personal me tocó lo de Fernando; es imposible no pensar en lo que le pasó al pibe sin comerla ni beberla. Por otro lado, la posibilidad de pegarte una torta en una situación vertiginosa como la que viven estos pibes de las bailantas que laburan cinco ó seis shows por noche, está a la orden del día. Yo tuve la oportunidad de tocar en bandas bailables o acompañando a solistas, cuando estaba aprendiendo a tocar, y tenía que tocar en bailantas, porque la bailanta no es una cosa de ahora, viene de antes. Fuera de Buenos Aires, y no tan fuera de Buenos Aires, había un montón de lugares en los que tocabas cinco o seis shows por noche, y entonces había que ir con el auto de un lado a otro, muchas veces con el artista mismo manejando. La situación es clásica, tanto como pegarse la torta. Lo que me parece increíble es que si pasaba esto un año antes, por ahí se hablaba más de Fernando Olmedo que de Rodrigo. Y quizá un año después también, no sé...

-Ahora viene el mito.

-Sí, no conozco la obra de Rodrigo, pero sí, se viene la mitificación. Algo como fue Gilda. Yo no sé si pasé por esa situación de la popularidad. Lo nuestro, aunque tuvo borbotones muy tremendos, fue bastante más progresivo.

-Sosa Stereo arrancó de abajo pero enseguida la pegó.

-Ya en el segundo disco (Nada personal) teníamos una popularidad muy grande. Y en algunos países de Latinoamérica era aún mayor que acá. En Chile, Colombia, México, lo que significaba Soda Stereo era gigantesco. No sé si la gente sabe que en Chile, cuando sacaron Signos, solo unos meses después que Nada personal, duplicamos las ventas de Michael Jackson con Thriller, que es el disco más vendido en la Tierra. Eso era muy loco. Pero yo tenía una edad para no asustarme. En otro momento no se qué me habría pasado. Pero a esa edad, siendo tan chico, pude soportarlo.

-No debe ser algo fácil.

-Es también algo muy energizante. Y muy complicado a nivel de personalidad. Porque lo que vivís es una dicotomía muy fuerte, nadie te está asegurando que con el éxito popular tenés el éxito en la vida. Casualmente, los momentos de mayor éxito con Canción animal son aquellos en que sufrí la mayor paranoia de mi vida, y eso no es casualidad. La gran popularidad es muy generadora de paranoia, te saca del estado en el que naturalmente estás, y te hace entrar en una especie de compás de espera para saber quién sos. Uno tiene que vivir esa situación que se te provoca, muchas horas por día; salís a la calle y el impacto es tremendo. Por eso empecé a retirarme. Por mi propia paranoia, por mi seguridad y por mi salud mental. Yo corría serios riesgos, no salía de mi casa, me costaba relacionarme con la gente, era complicada la comunicación. Eso me lo marcaban los amigos; yo también me daba cuenta. Y uno de los primeros lugares de los cuales me retiré, fue la televisión. Es decir, quise evitar la gran exposición. Nunca me sentí cómodo con eso, pero de última lo llegué a hacerlo y vi cómo se agigantaba la cosa. Para el propósito que perseguíamos, para el hambre popular que teníamos, funcionó. Pero personalmente no me ponía contento verme protagonizando tal o cual cosa en la televisión. Así que empecé a retirarme de eso. Y en la medida en que volvimos a la música, para no perderlos la música, porque ése es el principal error, recuperamos cierta normalidad. Ahí vino, después de Canción animal, el Obras de Dynamo. Ahí tuvimos que juntar nuestros propios pedazos con cucharita.

-Ahora se habla de mucho de "actitud"...

-Claro, ¿y qué es la actitud? Todos los grupos hablan de actitud, y la actitud puede ser ir a los medios, o lo que sea, y eso no es lo que funciona. No podés descuidar la música.

-Vos decís que hay que tener capacidad intelectual para encontrar la salida a la locura del gran éxito.

-No, no se puede estar preparado para eso. A la vez, ojo, uno juega y se divierte con eso. Chicas, delirio, horarios absurdos, conocer gente que no te interesa conocer pero que está ahí, muchos reportajes por día. Cosas que insumen mucho tiempo y que te saca de lo más importante, eso que al final te deja el mejor gusto: la música. Entender esto lleva tiempo. Y también manejar tus niveles de paranoia y de encierro. Pero es natural que así ocurra. Por otro lado, no voy a decir que no lo disfruté. No conozco un concierto mayor que el de la 9 de Julio (presentación de Canción animal ante 250 mil personas), y lo disfruté, claro, pero a la vez no pude abarcarlo. Creo que Rodrigo tampoco pudo abarcar todo lo que tenía y le estaba pasando. En eso fue claro, dijo que éste era su momento y que iba a aprovecharlo.

-Y ahora la gente lo está endiosando.

-Sí, y lo que yo veía era un tipo enloquecido pasando de un programa de televisión a otro. La verdad es que me produce admiración que una persona tenga esa capacidad. (Charly) García) es otro tipo con una capacidad de acción medio terrible con los medios. El es capaz de ir a todos lados. Yo no soy así, no disfruto de esas situaciones. Admiro que otros tengan esa energía, pero lo más probable es que terminen olvidándose de la música.

-Estás hablando de ese sitio que mencionabas en la canción; aquello de "yo conozco ese lugar donde todos se la creen"...

-No se quiénes se la creen. Yo no creo que Rodrigo haya sido un estúpido. Incluso cuando lo vi, me dije: "parece que éste viene del rock". Pero eso es una actuación. Nadie puede creerse demasiado eso. Creerlo sería la estupidez máxima, porque todo es muy fugaz. Y solo estás amparado por tu creatividad. Nadie te asegura nada. Cuando yo me meta en el próximo disco, no sé si va a ser bueno. Voy a hacer todo lo posible, hago toda la gimnasia musical como para conseguir algo interesante, pero todo es relativo, y muy poco mensurable. Nada se puede asegurar, y menos la popularidad. Lo único que te queda es actuar. Actuar, eso. Ser un actor, presentar un personaje. Y escudarse detrás de él. Eso es lo que hacemos todos. Los que no lo hacen..., es increíble. En verdad, no creo que nadie se crea mucho nada... Porque la realidad no pasa por la televisión, aunque la televisión parezca cada vez más real...


Un puente nuevo

¿Bocanada fue algo realmente distinto a lo que hacías Soda Stereo?

-Bocanada fue nuevo, pero lo que voy a hacer ahora va a ser mucho más nuevo. Porque si la vida y la creatividad me lo permiten, Bocanada es un paso de transición hacia otra cantidad de cosas que quiero hacer. Bocanada fue muy importante porque debía plantarme en la posición del solista y desprenderme de alguna manera de Soda Stereo. Pero dentro de todo, el disco conserva cierta cuestión de cercanía con lo último de Soda. Una buena parte del material de Bocanada venía gestándose desde antes, por ahí sin una dirección cierta, pero con la idea visible. Y lo próximo va a arrancar de cero. Incluso la interpretación de Bocanada que estamos haciendo ahora es mucho más novedosa que la del disco, seguramente porque el grupo se afianzó y hay más fluidez creativa entre todos, y yo estoy empujando hacia esa nueva cosa que pienso.

-¿Lo nuevo va más hacia lo electrónico?

-Una cosa que me ha sorprendido es que uno de los momentos del show en que más disfruta la gente, es la parte electrónica. Todo lo contrario de lo que se suponía que iba a pasar. Además, ¿qué es lo que más me interesa de la electrónica? Que más allá de las cosas estilísticas y de instrumentación, hay una posibilidad cierta de improvisar. Para mí, como músico, esa libertad es muy agradable. La mayoría de mis trabajos electrónicos son improvisados. Ahí me despego de la necesidad de hacer una canción con una estructura y una idea, que por otro lado me sigue encantando. Pero toda la parte del show que es pura improvisación, donde partimos de una base concreta pero después pasa cualquier cosa, es donde más disfruto.

-O sea que el disco que viene...

-No, no sé cómo será, sencillamente porque no empecé a trabajar ese material. Lo que sé, es que voy a empezar de cero. Tengo ganas de hacer eso, no seguir recuperando cosas que dejé en el pasado. Me parece más desafiante. Pero no tengo ni idea de qué va a tratar.

-¿Siempre compusiste a partir de cosas que venían de arrastre, o alguna vez empezaste algo tan de cero?

-Con Soda Stereo era algo común empezar de cero, porque con tantas giras no teníamos tiempo de desarrollar material. A lo sumo algo que grabábamos en las pruebas de sonido, alguna idea anotada en los hoteles. Entonces hacíamos un disco, salíamos a tocarlo, casi siempre con las modificaciones que siempre proponía el grupo, y después venía el disco, y el disco significaba arrancar de nuevo. Pero siempre había y hay cosas que vienen de otro lado. Por ejemplo, La ciudad de la furia es un tema que había compuesto cuando era un niño, temas así son ideas que yo tenía de antes. En el caso de Bocanada tuve más tiempo para desarrollar las ideas. Temas como Beautiful que no tenían la letra definitiva, pero que estaban pautados incluso cuando Soda Stereo existía. Como otras cosas que había empezado a hacer, y que podrían haber sido de Soda Stereo si el grupo hubiera seguido. O sea, hay un banco de cosas donde uno va depositando bases, ideas. Pero ahora quiero empezar realmente de cero. Cero en la cuenta. En este caso, tiene que ver que tengo, para empezar, una banda formada, donde yo puedo ser una especie de administrador de energías como lo hacía con Soda Stereo.

-Esta banda te conforma...

-Sí, es maravilloso cómo ha crecido el grupo. Y quiero aprovechar esto. En Bocanada fue diferente, ese trabajo fue mucho más artesanal, en el aspecto del collage de cosas que yo iba haciendo. Acá va a surgir una cuestión más grupal. Y vamos a improvisar mucho. Estoy por ahí.



Enciclopedia: #  A  B  C  D  E  F  G  H  I  J  K  L  M  N  O  P  Q  R  S  T  U  V  W  X  Y  Z 
Blog.Rock.com.ar: lo último