El cuarto disco de Catupecu es un giro de 180º en el estilo de la banda. En esta entrevista, las razones y justificaciones. Por Laura Araujo, para Los Andes.
Un día de la semana. Fernando Ruiz Díaz, carismático y verborrágico líder de Catupecu Machu, está del otro lado del teléfono. Alguien de su compañía lo debe haber llevado de las narices para hacer la nota telefónica con este medio. Hace dos días que no duerme (“estamos grabando unas cositas, aunque el disco ya está pero seguimos; además estamos pensando en el próximo Obras”, dice). Pero cuando se le nombra a Cuadro Dentro de Cuadros, su desconcertante cuarto disco, el músico se despabila al instante y es el de siempre: apasionado, arrollador y fan número uno de su banda.
-Van a desconcertar a varios seguidores con este disco.
-Es parte de la búsqueda eterna de Catupecu; cuando algunos piensan que vamos a ir por un lado, aparecemos por otro.
-Es que Cuadros... tiene oscuridad, también está despojado del impacto de las guitarras y el bajo, como sus anteriores trabajos
-Puede ser que tenga oscuridad pero siempre para ir a un lugar de claridad. De entrada te para los sentidos, más que los otros discos. Cuando lo escucho me dan ganas de salir a romper todo.
-Aunque la emoción viene por otro lado...
-Es que cuando uno hace un disco no está pensando para dónde quiere ir. Casi todo sale de las vivencias. Cuando estoy componiendo busco la emoción, que no siempre significa estar corriendo y saltando. Busco lo interesante de la vida, que siempre corre por los caminos de lo que te hace bien. Además, la música tiene vida por sí misma. A pesar de nuestras ganas, el disco va tomando su sentido más allá de nosotros. Eso hace que cuando lo escuchemos digamos: “¡mirá lo que hicimos!”.
-El tema que abre Cuadros..., Origen Extremo, habla de la necesidad de volver a “quebrar el control” ¿Catupecu ya estaba muy controlado?
-Después de todo lo que hicimos con Cuentos Decapitados, llegamos a un momento en el que sí, sabíamos qué camino teníamos que seguir para lograr el éxito. Pero nuestro camino y éxito personal es perder el control, volver a sentir la misma incertidumbre que sentimos cuando salió Cuentos... No sabíamos cómo iba a reaccionar la gente. Ahora pasa lo mismo pero está bueno. Si el arte no nos lleva al carajo, al extremo, le estaríamos fallando al público.
En gran parte, el “nuevo” sonido de Catupecu Machu tiene, en principio, dos motivos. Uno, es la partida de Abril Sosa, el baterista y la incorporación en su reemplazo, de Javier Herrlein, un integrante de las primeras épocas. El otro, es la búsqueda de Gabriel Ruiz Díaz, bajista y productor de la banda, que venía investigando las posibilidades sonoras de las nuevas tecnologías. Tanto, que se podría decir que colgó el bajo, por lo menos para este disco...
-¿Cómo va a ser Catupecu en vivo a partir de estos cambios?
-En los temas de este disco, Gabi va a tocar la guitarra y yo nada más me voy a abocar a la voz. Por lo tanto, la música va a cobrar otras emociones.
-¿Por qué está tan al frente la voz?
-Por que me fui descubriendo como cantante de Catupecu y de verdad, ahora estoy más conforme con mi voz. Lo disfruto mucho.
Cuadros... fue grabado en una quinta donde los músicos tenían su propio estudio, separados por habitaciones y conectados por una red informática. Después, las distintas pistas se fueron ensamblando como “un montaje cinematográfico”, pero finalmente, la idea fue el despojo, sacar capas de sonido para concentrar las energías. Así, si bien a la primera escucha remite al cyber rock, no está muy cerca de los ya conocidos cultores argentinos del género (o que por lo menos coquetearon con él), Cabezones o Santos Inocentes. Todavía están esas señales que forman la particular personalidad de Catupecu Machu y que son difíciles de describir. Simplemente son; forman parte de la química de la banda. Ahora: no hay machaque de rock industrial, ni la velocidad y efectismo del nü metal. De hecho, la canción que le da nombre al CD es un tema a medio tiempo, que no termina de explotar. Así y todo, hay algunas canciones de formas más conocidas, Gritale al Viento y un cover de Los Héroes del Silencio, Hechizo.
-La pregunta del montón: ¿por qué Cuadros Dentro de Cuadros?
-Venía por la ruta, de noche. Vi una imagen hermosa: la luna y unos árboles que enmarañaban la imagen. De repente una casa. Esa imagen pasó y apareció otra que estaba al fondo. Me sorprendió: eran cuadros dentro de cuadros. Después, con el disco, empezó a pasar eso. Estás escuchando y te perdés en un sonido que está al fondo. Por otro lado, me gusta mucho Dalí y ese concepto también está. Vos mirás una imagen que está delimitada por un marco pero si te deslizás hacia el fondo puede ser algo infinito. Tal vez esa sea la mejor forma de escucharnos en esta etapa. El sonido no se desarrolla en la distancia y el tiempo, sino en las profundidades, en los relieves altos y bajos, como espejos enfrentados que van al infinito. Pero Cuadros... a la vez, tiene un principio y un fin. Los temas no están puestos de forma aleatoria, hay un concepto que los enmarca.
Catupecu Machu tuvo tres nominaciones para los premios MTV latinos, pero no pudo obtener los galardones como la mayoría de los grupos argentinos (salvo Diego Torres, que fue uno de los grandes ganadores de la noche), que caían ante músicos colombianos, mexicanos, chilenos o españoles. Todos, con un rock pasteurizado, hecho a la medida de la industria discográfica.
-¿Qué te pareció la ceremonia?
-Por un lado, estábamos contentos por estar nominados porque fue como una yapa, después de todo lo que nos dio Cuentos Decapitados. También porque era algo que permitía que la música latina se viera en todo el mundo. Pero realmente, no fuimos con expectativas de ganar porque había grupos que estaban editados en toda América Latina, por eso tenían más votos que cualquier banda argentina. Además, el rock estuvo más representado por System of a Down, una banda estadounidense, que por una latina. Todos eran pop. Igual, me emocioné mucho con la actuación de Café Tacuba.
-¿Por qué ha pasado esto con el rock argentino?
-Es extraño. Ganaban bandas como La ley o Maná, que hace diez años que le copian a Soda Stereo. O sea: ganaban músicos que aún copian del rock argentino, que fue el que tuvo más proyección y que hizo que en América Latina creciera el rock en castellano... Pero después el rock argentino cerró sus fronteras o dejó de hacer cosas innovadoras como en otras épocas. Sin embargo, puede ser bueno. Fue una cachetada para que nos despertemos y digamos: “¿Qué estamos haciendo?”.