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27.12.2002.-

"Me cuesta mucho estar bien"

A los 43 años y después de cuatro sin editar nada volvió con Información Celeste, un gran disco con canciones propias que parecen autobiográficas. Aquí habla de sus conflictos, fobias y miedos. La entrevista por Gaspar Zimerman, para Clarín.



El demonio de Tasmania existe, vive y está suelto en Palermo, aunque el peludo animalejo tuvo la curiosa idea de reencarnar en la forma de Fabiana Cantilo. Ella habla, se ríe, va de un lado a otro de su departamento, atiende el teléfono, se cambia de ropa, atiende el portero eléctrico, habla, se ríe, y seguirla sería un desafío hasta para un aguerrido stopper. O para alguna severa institutriz alemana: es una niña de 43 años entusiasmadísima con su nuevo chiche, Información celeste, y ahora juega a que le hacen una entrevista para un diario. Entonces se queda quieta un rato y, por más que enseguida se arrepienta, cuenta casi todo lo que se le pasa por la cabeza —"tengo una compulsión a decir la verdad"—, le grita al grabador, y, como si estuviera al aire, manda saludos para los conocidos, como sus ex compañeros de N.A. (Narcóticos Anónimos) y sus personal trainers. Pero a medida que suelta las palabras se va tranquilizando y reflexiona: "Si vas muy rápido te perdés un montón de cosas, por eso me quiero calmar".

Por ahora no lo estás logrando...

Soy muy enérgica, porque me encanta hablar de este disco. Calmarme también me encanta, y lo logro cuando miro la tele, pero si tengo un interlocutor me pongo como loca. Pero bueno, qué le voy a hacer. Llegás a la Tierra con algo y tenés que ver cómo te lo sacás de encima. Esa es la vida.

¿Vos con qué llegaste?

Con lo del abandono, sufrir por los hombres. Por eso estoy haciendo una especie de juego de ajedrez con mi psicóloga. Digamos que a los 40 te empezás a dar cuenta de un par de cosas, como que uno decide un montón y que hay que hacerse cargo, tener coraje, y no decir ay, por qué me pasa.... Y tampoco creértela si estás en un lugar. Es lo peor, te saca la sabiduría.

Es raro imaginarse a alguien que fue considerado un sex symbol sufriendo por amor.

No soy ningún sex symbol, eso lo inventaron unos que me vieron sobre un escenario. Eso me lo dio la música, y después de que tanto me lo dijeron pensé ¡qué bueno!. Pero soy bastante desastre para seducir, soy re torpe y graciosa con la torpeza. Lo de las piernas más lindas del rock... puede ser, pero hay que cuidarlas, entrenar.

Entonces lo de tu vida sana es verdad.

No quiero hablar mucho de eso porque me da miedo. En una época me preguntaban mucho sobre eso y se centraba todo ahí y decía ¿para qué hablé?. Son etapas. Dejé la vida de mierda y no estoy de acuerdo con la adoración a las drogas, porque finalmente es una pérdida de tiempo, pero uno hace lo que puede. Pero ojo que no soy una careta ni ninguna santa. Yo me pongo cremas y corro cuatro veces por semana, pero voy a la disco y me tomo un par de birras. Vivo en un mundo donde ser abstemio es muy difícil, habría que hacer una nueva terapia para los que vivimos en este ambiente.

¿Sentís este disco como un renacer?

Sí. Siempre me tomé mucho tiempo entre disco y disco, pero éste es un renacer porque me fui al sur y volví, porque es otro sonido, porque hace cuatro años que no sacaba nada.

Pregunta complicada para ganarse el premio final en un programa de preguntas y respuestas: ¿cuál fue el anterior disco de Fabiana Cantilo? Se llamó De qué se ríen y salió en el 98. "Fue un disco difícil —recuerda—, que tuvo quilombo, poco apoyo, no se vendió. Para mí era maravilloso, pero algunos le dieron con un caño. Era el último con la Warner y no le dieron ni pelota". Los anteriores, Golpes al vacío (93) —"por las peleas entre los productores salió un híbrido rarísimo"— y Sol en cinco (95), tampoco tuvieron mucha repercusión. Ni rozaron la popularidad de Algo mejor, que salió en el 91 y, con el hit de Andrés Calamaro Mi enfermedad como estandarte, relanzó la carrera de Fabiana Cantilo.

¿Sentís que no manejaste bien ese éxito?

¡Socorrooooo! Yo no me manejé nunca, tuve 1500 managers... Hay un error en Mi enfermedad: no tiene video. ¿Y quién se olvidó...? Igual es una canción por la cual no puedo protestar, quedé ahí para siempre. No sé si es buena o mala la inmortalidad, yo quiero ser feliz hoy y ahora. Pero bueno, estuvo Mi enfermedad y es mi karma. Ahora me puse menos rebelde, cuando la gente la quiere escuchar se la canto.

En una nota dijiste que en esa época estabas muy mal, algo llamativo por el éxito que tenías.

Me encanta decirle a la gente cosas que no se espera, para que entiendan que ser rock star no sirve de nada, que igual sufrís como un pelotudo. Mi mensaje es que la salvación no es ser famoso y andar en limusina. Yo siempre estoy mal. La verdad es que soy un plomo. Me cuesta mucho estar bien. Cuando estoy empezando a lograrlo, me molesta muchísimo.

¿Te sentís una niña rica que tiene tristeza?

Y sí, pero ¿qué? ¿Hago rewind y nazco en una villa? Además, no soy rica. Toda la plata que tuve la gasté en unos viajes increíbles por Tahití, Cuba... Si uno no se la gasta en vida... Ahorros no tengo, ni cuenta en el banco, ni nada. O sea, que para mí fue como si el corralito no existiera. Y mi familia es medio concheta pero nunca tuvo mucha plata.

¿Y todo lo que hiciste en estos últimos cuatro años como lo pagaste?

Y... cuando venda este disco. No, te cuento: hasta los 30 años me mantenía mi mamá. Cuando viví con Fito me mantuvo él, porque yo trabajaba, pero no ganaba un mango, me la tiraba toda por encima. Luego apareció AADI (Asociación Argentina de Intérpretes). Y en tooodos los discos de rock nacional canté yo: tingui tingui cada seis meses. SADAIC cada cuatro. Y siempre toco. El terreno en San Martín de los Andes me lo va a comprar mi mamá.

¿No te da cosa que tu vieja te dé guita?

No, para nada. Me encanta.

¿Es verdad que tu prima Patricia Bullrich te llevó a tu primer recital?

Sí. ¿Le gusta la música progresiva?, me preguntó, porque nos tratamos de usted. Yo tenía 11 años, y me llevó a ver Pescado Rabioso. Estaba David Lebón con las chapas largas y una túnica, y yo no sabía si era un hombre o una mujer.

Dijiste que te fuiste de Los Twist por fóbica. Como fóbica, ¿cómo hacés para salir al escenario?

Sufro todo el tiempo sin parar. Muy pocas veces no sufro antes de tocar, y sigo sufriendo si está mal el sonido. Tengo encima la pata de elefante de la angustia.

¿Y qué hacés para sufrir lo menos posible?

Hice análisis sistémico, estuve en N.A., y desde hace cuatro meses me analizo con una señora maravillosa que es una especie de sabia. Está todo mejor en general: es mejor saber que te va a doler que que te duela sin que lo sepas. Entonces ya estoy preparada, y sé que todo pasa. Siempre estoy reforzando la salud. Uno tiene que tomar de cualquier lado. Es como probar diferentes comidas; me gusta probar diferentes terapias. No está loca la piba, ¿no?

¿Tenés miedo de que piensen eso?

No, ya me acostumbré. Ahora no me importa nada. No me parece que esté loca, sí que me cuesta tranquilizarme. Saber que uno está un poco loco hace ver que uno no está tan loco. Los más locos son los que no se dan cuenta.



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