La nueva entrega cuarteto del sur viene con un poco de todo. Estribillos pegadizos, algunas baladas diet y otras no tanto, mucha conciencia social y, sobre todo, un trabajo impecable desde la producción. Por Nicolás Míguelez, para Los Inrockuptibles.
Lo dice María Fernanda Aldana –bajista del El Otro Yo, abeja reina–, y lo suscriben sus compañeros de grupo: “Colmena, nuestro último disco, está dedicado a todos los integrantes de la colmena de EOY, estén cerca o lejos. La música, muchas veces, acorta las distancias.” Sin embargo, no hace falta sentirse parte de ese universo exclusivo, adolescente e insurrecto (no hace falta ser una abeja obrera) para probar las mieles de su nuevo trabajo, un álbum tan digestivo como huidizo, en extremo personal y por demás evidente al mismo tiempo.
Colmena ensancha los límites inaugurados por EOY en Abrecaminos, con sus pequeños e imbatibles himnos semi pop (Desatándome, Inmaduro, Hoy aprendí, Siberiano), un poco de indisciplina punk para no quedar en deuda con su pasado hardcore (Calles, Bendición y Punk, cantado a medias con el desaparecido Flema con el espíritu del mejor Siniestro Total), y la incorporación de algunas baladas mid tempo que linkean su repertorio con el AOR –Perro, Revolución humana, Bajo la guerra.
Señales de tormenta. Quien mucho abarca poco aprieta. Ese es justamente el riesgo que corre este nuevo disco de los chicos de Temperley. Pero así y todo –y esto es ley–, en el rock más vale el apuro al aplazamiento, algo que EOY sabe mejor que nadie y que le permite seguir creciendo en público como hasta ahora. Lo bueno: la mayoría de las melodías, las inspiradas y fraternales estructuras vocales de los hermanos Cristian y María Fernanda Aldana y, más que nada, la producción, resultado de la unión Diego Vainer – Ezequiel Araujo, responsable este último de “popizar” desde los sintetizadores el sonido del grupo en algunos de los mejores momentos del disco.
Lo no tanto: la mayoría de las letras, entre la autoayuda post adolescencia y la canciones sociales que, según sus propias palabras, “vuelven a cantarle a la gente” (¿a quién le cantaban antes?) El detalle: un consejo al dorso del disco, en el que EOY propone, no sin desatino, “no lo copies, comprá independiente”. La pregunta del millón: ¿Cuánto hace que los autores de Colmena –que cuesta no menos de $24,90 en cualquier local del ramo– no pisan una disquería?