Cuatro días de festival, 40 horas de rock, más de 60 mil personas presentes, 43 bandas en escena y un millón de pesos invertidos. Son sólo algunos de los números que arrojó este Brahma Cosquín Rock 2003.
 Charly en Cosquín foto: perroproducciones.com.ar
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 Charly y Fito en Cosquín foto: perroproducciones.com.ar
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Llegar fue toda una odisea para muchos de los chicos que se dieron cita en la plaza Próspero Molina de la ciudad de Cosquín. Terminales desbordadas, calles saturadas y mochilas desde las que se asomaba un dedo levantado en señal de "¿me llevás?" plagaron el lugar.
El miércoles ya se podían ver los campings llenos de toldos de todos los colores, y las plazas cercanas se llenaban lentamente de huéspedes; y para el jueves todo estaba cubierto, incluso los jardines y galerías de las casas coscoinas. Y es que todo vale cuando se trata de ser parte del festival más grande de todos los tiempos.
Los rockeros de todo el país no fueron recibidos con bombos y platillos por muchos de los vecinos del lugar. Sin embargo este año demostraron que la violencia y los disturbios comenzaron a ser cosa del pasado. Con una policía menos intimidante que en años anteriores, el vallado colocado a 200 metros de la plaza y el aporte indispensable de los asistentes; este año no hubo incidentes mayores que empañaran esta gran fiesta.
Las Vacas Sagradas de Mendoza (ganadores del Pre-Cosquín Cuyo) pasarán a la historia como la primer banda en pisar el Atahualpa Yupanqui, en una noche en la cual Karma Sudaca, Juan Terrenal, Hierrock y Natas demostraron que desde los rincones más recónditos del under se están gestando bandas con todo lo necesario para destrozar un par de cabezas.
Carajo hizo su ingreso luciendo unas remeras que al juntarse el trío formaban PAZ. En conferencia de prensa Marcelo Corbalán explicó: "La intención fue mostrar que el rock es buena honda y tira energía. Y más que nada habiendo tantas tribus diferentes, nos parecía bueno tirar ese mensaje".
Mientras sonaba La Mancha de Rolando en el escenario, Ricardo Iorio hacía su ingreso a la carpa de prensa donde luego de exclamar "¡Parezco un político, la concha de Dios!", y disparó un par de esas frases a las que nos tiene acostumbrados. Sobre su presencia en Cosquín dijo: "Estamos orgullosos de estar acá sabiendo que no hacemos el rock de LA - RE - MI ni de nadie. Nos ponemos el mameluco, y no los pijamas de la Bersuit". No podía faltar su referencia hacia las trabajadoras de la noche ("Yo creo que a las putas hay que pagarles y no hacerles canciones") y a la cumbia villera: "Si no haces cumbia y hablas de la concha y la teta…no te dan bola".
El jueves, el clima ya llegaba a su mejor momento y luego de la explosión del público con Catupecu Machu, Las Pelotas dejaron bien sentado por que son una de las bandas más respetadas de la nación.
Se vino el estallido de la Bersuit y para qué seguir hablando. Si bien algunos ya se habían ido, el 95% de los 15mil presentes participó de uno de los pogos más grandes de todo el festival. Y despacito, habiendo transcurrido ya las primeras cuatro horas del viernes, el telón de la primera gran noche se cerró.
La segunda jornada empezó con Triología, siguió Mal de Parkison, la seducción de Hyperstatic dio paso a la potencia de Bull Dog y Praxis, hasta que con Karamelo Santo la Próspero Molina empezaba a calentar gargantas para lo que se vendría después.
La noche de Divididos, Attaque, El Otro Yo y Kapanga mostraba una leve mejoría en lo que respecta al público asistente y a la organización en general del festival.
Bien entrada la tarde, el Mono de Kapanga se acercó a la carpa en que un enjambre de periodistas se tomaba cuanta lata y botella encontraba destapada. Habló de todo: su relación con el rock, su amistad con La Mona Gimenez y el por qué de que este año no hiciera las pizzas para todos los músicos. La noche anterior, Attaque 77 había estado charlando con la prensa sobre el presente, pasado y futuro de la agrupación punk nacional más convocante, y Christian de El Otro Yo aprovechó la ocasión para hablar con la prensa sobre Colmena, el último disco de la banda.
Haciéndome la distraída, logré infiltrarme entre la prensa V.I.P. que tenía a su disposición una tribuna tubular al costado del escenario, lugar desde el cual pude ver (y me refiero a ver en el escenario y no desde las pantallas gigantes a los costados que eran para la prensa "común" la única forma de enterarnos qué sucedía) las actuaciones de las bandas más esperadas de la noche. Lo de Attaque 77 fue espectacular, y lo que hicieron Ricardo Mollo y los suyos sobre el escenario hicieron valer las casi ocho horas de espera de sus seguidores.
El sábado apareció la primer sorpresa del festival. El Negro Coy, devenido en el presentador oficial del Cosquín Rock, anunciaba la llegada de la banda italiana Carlitos. Una mezcla de Eros Ramazzoti con sonido punk, esta banda tuvo su bautismo de fuego en Córdoba y de seguro encararía más confiado su presentacion en Carlos Paz pocos días después.
Otra sorpresa, pero esta vez para la prensa, fue encontrar un vallado que separaba a la prensa VIP del resto. No es por mera comodidad ni mucho menos, pero intentar hacer la crónica de un festival que ves por una pantalla no tiene demasiado sentido, así que optamos por meternos entre la gente y así sentir un poco de la adrenalina que emanaba el Cosquín Rock.
Decenadres, Sur Oculto, Musse, Abuela Coca, Pez, Mimi Maura, Vicentico... todos hicieron lo suyo en el escenario y se fueron con el corazón contento y el alma llena, gracias a la respuesta del público. Sin detenernos en Babasónicos, banda que por Córdoba no acostumbra a transitar los recintos más tradicionales del rock (actúa frecuentemente en discotecas o lugares afines), pasamos a las dos máximas estrellas que pasaron por Cosquín esa noche.
Fito Páez le dio alegría a los miles y miles de corazones reunidos en la plaza, en la noche con más convocatoria de todo el festival. Si el sonido no había sido el mejor durante los días anteriores, con él las fallas pasaron desapercibidas entre tanta magia y carisma. Un verdadero astro del rock nacional, que brilló entre guitarras y pianos, y además se dio el gusto de interpretar uno de los hits de Sumo como sólo él puede hacerlo.
Adivinen quién llegó en limusina y con la alfombra roja tendida a sus pies. Sí, señores, entre medio de rumores sobre su ausencia en el festival y la pérdida del avión que lo traía a Córdoba, Charly posó sus pies en el suelo de Cosquín para que todo este megaevento tuviese sentido.
Subió a tocar a las 2:30 sentando en una silla de ruedas y con ropas un tanto en mal estado. García irrumpió en la noche para dejar bien en claro por qué en el rock él es Dios. Invitó a tocar a Fito "Cerca de la Revolución" y crean que por ese sólo momento más de uno pensó en morirse tranquilo.
Las emociones continuaron cuando Charly dio paso a su hijo Miguel, al cual presentó como "el verdadero" entre risas y aplausos. Y de tal palo, tal astilla: si nos emocionamos nosotros, imaginen como se puso Charly: "Lo que pasa es que soy puto... y me quedé emocionado".
Uff…¡que noche!...y todavía quedaba otra.
Domingo, día agitado si los hubo, sobretodo para los integrantes de Sub Cielo que además de ser "desenchufados" del escenario tuvieron que lidiar con una denuncia formulada por la Policía local debido a una payada que la banda realizó sobre el escenario antes de su último tema, en la que literalmente se cagaban en todo el mundo, inclusive la cana. Con varios de los integrantes del staff de la banda golpeados por las fuerzas legales, fueron despojados de sus credenciales y obligados a abandonar el predio. Si nos detenemos en esto es porque la censura le costó al rock largos 7 años de silencio y clandestinidad, y con el advenimiento de la democracia creíamos que ya era una etapa superada.
Infierno 18 (pre-niños), Skabeche, Soberano (pre-niños) y los Umbanda dejaron su huella por Cosquín. Pero si de huellas se trata, MAM viene pisando fuerte y el trabajo de Omar Mollo y sus jóvenes músicos mantenga viva la llama de una de las agrupaciones con más historia del país (casi 33 años pasaron desde su primera formación).
Pappo se tocó todo en el escenario dejando que el blues tuviera su gran noche dentro de Cosquín.
Cuando son las 23:30 comienzan los fuegos artificiales que marcan la llegada de la última banda. El Himno Nacional tocado con la armónica de uno de los responsables de lo que sería la noche más piojosa, produce grandes corridas en la plaza. Y es que nadie se esperaba que Los Piojos subiera tan temprano a tocar, lo que creó un verdadero problema para los encargados de controlar el ingreso al predio.
"Finales" fue el tema elegido para dar por finalizadas cuatro tardes, noches y madrugadas de rock. Entre el anecdotario quedarán los rumores de la no presentación de Almafuerte que fueron cobrando fuerza hasta desvanecerse con el primer acorde de Iorio; el paso de Tete Iglesias infiltrado en la plaza a modo de escucha; el culo de Charly asomándose por sus amplios pantalones; la presencia de la esposa de Ricardo Mollo escondida entre los parlantes; los detenidos por sobredosis de alcohol; el periodista mexicano que no se pudo reponer después de "probar" al sponsor del evento; los precios súper inflados dentro de la plaza; las manos que entretuvieron al público mientras aguardaban el reingreso de Charly tras su primer corte en el show... detalles y detallitos de una de las fiestas por excelencia de nuestro rock.
Y ahora es el turno de regresar al hogar. Y empezar a ahorrar las monedas para comprar los tickets del año que viene.