Kuko es una banda australiana compuesta por dos uruguayos y un chileno. Vinieron a grabar aquí, con Michel Peyronel como productor y Pappo como músico invitado.
Que digan lo que quieran, pero es al menos curioso que una banda angloparlante esté integrada por gente apodada Cucharita, Caco y el Facha. Kuko, el grupo en cuestión, viene de Australia, pero está compuesto por dos uruguayos y un chileno. ¿Perdón? "Mi viejo siempre nos insistía ''Hablá casteshano, hablá casteshano''. Si a eso le agregás todo lo del fútbol, más el tango, el mate amargo y ese tipo de cosas, te vas a dar cuenta de que, aunque somos australianos, también tenemos otros componentes, porque crecimos en un ambiente bastante diferente". El que habla es Carlos "Cucharita" Camacho, montevideano de nacimiento y bajista, cantante y alma mater del trío que completan su hermano menor Leonardo (el Facha) en guitarra y Jan Carlo "Caco" Mauad en batería. Actualmente, la banda está en los estudios Del Abasto dando los toques finales a su nuevo disco, que contó con producción de Michel Peyronel y la presencia de Pappo en calidad de invitado. Pero no sólo se trata de las ventajas que les dio a los extranjeros la caída del ahora lejano uno—a—uno. "Elegimos grabar acá por varios motivos, pero el más importante no era la plata: si te ponés a pensar, el dólar australiano está a la mitad del americano, o sea que no hay tanta diferencia. Además, entre pasajes, estadía y el alquiler del estudio, gastamos lo mismo que si hubiéramos grabado allá. Pero nos parece superlativa la calidad de la gente que trabaja con nosotros, y volver era una cuenta pendiente: cuando nuestros padres se fueron, no lo hicieron porque quisieron, se tuvieron que ir por cuestiones políticas y económicas". Como si eso fuera poco, pese a que nacieron en Uruguay, la mitad de su familia vive de este lado del Río de la Plata. "Por eso, y por la influencia que ejerció en nosotros el rock argentino, el hecho de estar grabando y tocando acá cierra un círculo que comenzó hace muchos años".
Los hermanos Camacho hablan casteshano sin esfuerzo. Al que sí le cuesta un poco es al baterista, que suele quedarse pensando cuál es la palabra castellana para lo que está tratando de decir, pese a lo cual insiste en hacer la nota en español. "Nosotros vivimos en Blue Montains, que es lugar declarado world heritage (patrimonio mundial): es como una ciudad dentro de un parque nacional, no lejos de Sydney, a unos treinta minutos", cuenta.
Para Carlos, "este sería el primer disco de la versión definitiva de Kuko: lo primero (Síndrome, 2002) fueron temas que habían sido compuestos por otra formación. Ahora es totalmente diferente porque, cuando una banda anda bien, funciona como un organismo vivo que va evolucionando solo, y eso no lo podés parar". Esa concepción orgánica se traslada sin más a la música de Kuko: contra la tendencia general de las bandas de funk, ellos casi no usan samples, sino que prefieren tocar-tocar "Nos gusta la electrónica (de hecho, Caco es DJ), pero buscamos un sonido más crudo, más rough (áspero).
El nuevo material, aún sin título, incluye diez canciones originales y un cover de Don''t You Forget About Me, de Simple Minds. Pero lo más curioso fue la participación de Pappo. "El estaba en el estudio de al lado nuestro, y ellos (por los Camacho) me habían contado que era una de las royalties (miembros de la realeza) del rock local", cuenta Caco. Luego de un intercambio de equipamiento ("yo le presté el wah—wah, y él me dio una guitarra. Después me dijeron que no las presta nunca", cuenta, orgulloso, Leonardo), el Carpo le puso su voz y su viola a Dirty, una de las mejores muestras del "estilo Kuko": un funk gordo de sonido netamente rockero, condimentado de hip-hop y estribillos pegajosos, al que sus miembros gustan llamar jungle funk.
Algunos datos al margen: es de antología escuchar a Pappo rapeando. Además, esa parte vocal le gustó tanto que decidió incluirla en una de sus canciones. Eso, sumado a la producción de Peyronel, hace que Carlos, fan de Riff desde pequeño, esté como tocando el cielo con las manos. Cumplido ese sueño, queda el de Caco: "Mi acercamiento al rock argentino se dio desde el festival de Viña del Mar. Cada año, quería ir a ver a grupos como Soda Stereo y Virus, así que tocar allí sería lo máximo para mí".