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10.11.2003.-

La Renga detonó en Córdoba

Más de 20mil personas, trapos de todos los rincones del país, tres horas de show y la presentación del disco del año.



Chizzo en el Chateau
foto: La Nación

Una semana antes del show llegaba a Córdoba la plana mayor de La Renga, la banda de Mataderos. El escenario poco a poco se fue levantando y la espera alimentaba fantasías de todo tipo. Quizás desde aquel 4 de agosto del 2001 en que Los Redondos tocaron por última vez en este mismo lugar, no se sentía tanta energía en el aire de la docta.

Como en aquella ocación, los chicos fueron llegando de todo el país con sus carpas y mochilas, instalando sus ilusiones en el Camping San Martín (frente al estadio). Trapos, cajas de vino, una que otra guitarra y tantas emociones contenidas poblaban el lugar. La hermandad de Los Mismos de Siempre ya estaba en la ciudad y aguardaban ansiosos el día D.

Llegó el sábado y desde temprano comenzaron a reunirse en la puerta del Chateau Carreras. El sol partía la tierra pero no espantaba las miles de almas que esperaban ser los primeros en entrar y ganarse un lugar en las vallas. Mientras tanto, en el salón de conferencias del estadio, los responsables de esta sana locura hablaban con la prensa.

Entre muchas cosas, Tete aseguró: “Para nosotros estar presentando el disco en Córdoba siendo una banda de la capital, es un riesgo muy grande que nos gustó correr. El hecho de tocar acá supera las expectativas”, a lo que Chizzo agregó: “Queríamos que se pueda acercar la gente de otras provincias, que haciéndolo en capital por ahí te queda más lejos y llegar hasta allá es más difícil. Entonces fue más que nada para que la gente de los alrededores de Córdoba venga”.

Con este disco la banda volvió a ser totalmente independiente, un desafío que afrontaron y que sirvió para plasmar toda la crudeza del grupo: “Fue muy groso, porque es una nueva etapa de la banda, también, en un sentido de independencia total. Y fue un laburo que lo hicimos en nuestra propia sala que se adaptó como un estudio de grabación. Se hizo en vivo, se grabó en vivo digamos, sin sobregrabación de instrumentos ni nada, un poco como se hacía antes con las viejas bandas. Se tomó todo como un ambiente, es decir microfoneado a nivel ambiental y salió así. Por eso tiene un sonido así muy crudo, muy rústico. Está hecho de esa manera, para nosotros es un logro, producción 100% de la banda”, explicaba Chizzo.

Clima de charla y bastante distendidos, a pesar de no ser amantes del glamour mediático, una a una iban respondiendo las preguntas entre risas, fotos y una silla que se rompía por el peso de un colega. Sobre el porqué del nombre del disco, Chizzo explicó: “Es un poco como que está detonando todo el planeta a nivel ecológico, a nivel guerras, a nivel hambre”, a lo que Tanque agregó que se debía a que estamos en “un tiempo de cambios”, y Chizzo concluyó la frase diciendo que el disco “apostó a detonar sueños, que no sea tan aniquilante” la realidad.

Mientras ellos charlaban con la prensa, afuera miles de chicos soportaban la espera gracias a la buena onda de un guardia que no paraba de cargar botellas con agua. En las instalaciones del estadio desfilaban personas y personajes, que iban puliendo los últimos detalles antes de que se abrieran las puertas.

Como se hiciera en River, la banda pidió a “Los mismos de siempre” que acercaran un alimento no perecedero que sería distribuido por la organización piquetera Barrios de Pie. ¿Son una banda piquetera?, le preguntaron, a lo que Tete respondió: “No, somos una banda de rock”. Por si no quedaba claro, Chizzo agregó: “Tocamos música. Nosotros somos una banda que viene de gente laburante. Siempre nuestros viejos, nuestros abuelos, nosotros mismos laburamos. Hay ciertos artistas que apoyan quizás a tal o cual candidato. Nosotros cuando salimos en este último estallido social que hubo, salimos a representar por ahí a la gente laburante que no tenía laburo. Pero nosotros somos una banda de rock, tenemos nuestro propio movimiento, estamos libres de toda atadura a cualquier partido político o movimiento”. Pero Tete quiso aclarar: “Nosotros sabemos lo que somos y nosotros somos parte de esto”.

Aseguraron que para ellos el rock es un movimiento más que una industria aunque esté dentro de ella, que “es una forma de vida” porque desde siempre están en esta historia y que “la rebeldía en el lugar que mejor se manifiesta es en el rock”. No descartaron su presencia en el Cosquín Rock 2004, pero aclararon que solo pensaban en la noche sábado.

Las primeras explosiones se sienten en las afueras del estadio, y ya no hay carpa que no haya sido abandonada por sus pobladores. Adentro, Chizzo habla de las secuelas que dejó la masividad: “Lo que modificó es la forma de encarar el recital. Hacer un recital más grande, con un lugar tipo estadio, alquilar más sonido, escenografías más gigantescas de las que hacíamos. Pero la banda en general es lo mismo de siempre. Hace los temas y la música como siempre”. Y lo que todos queríamos escuchar: “Forma parte de nuestra vida. La vida reflejada en la banda. Somos los mismos arriba del escenario y abajo. La renga es lo que ves, no hay nada detrás”.

Los carritos de choripanes se van instalando uno a uno, en los accesos al estadio los guardias están listos y la policía se coloca los guantes de goma para revisar cada bolso y cada bolsillo. Las puertas se abren pasadas las 17, y corren los primeros a colocarse en el mejor lugar. Cientos de cajitas de vino y jarras improvisadas con un pedazo de botella quedan desparramadas en el ingreso. Todo está listo para que comience la fiesta y los invitados al banquete ya están sentados a la mesa.

Desparramados en el campo se cocinan “vuelta y vuelta” las espaldas descubiertas, cuando el plástico que cubre el pasto hace a la vez de papel aluminio para que se asen lento y parejo. Perdidos en la platea, los chicos de La Negra pasan a saludar, mientras el “gordo” Gaby coordina todo desde su handy. En el escenario todo está en calma, después de las tres pruebas de sonido que debían garantizar la prolijidad del show en esa área.

Los primeros pogos y grandes coros aparecen cuando en los parlantes sonaron algunos temas de Divididos, Las Manos de Filippi y Los Redondos. Éstos últimos hicieron notar la fuerza del pueblo picotero que espera el regreso de la banda anunciado por Skay, al que La Renga refirió con un esperanzado “ojalá vuelvan”.

21:45 se apagan las luces del estadio y la primer bengala se enciende. Las pantallas reproducen los personajes que vagan por el escenario en zancos y con máscaras de cabras, llevando en sus manos el “Detonador de Sueños”. Una escenografía impactante que reproduce el estilo de arte del octavo disco de la banda, entre la que se cuelan las siluetas de Tanque sentado en su impresionante batería, Tete listo para hacer de las suyas y Chizzo que irrumpe con el primer tema del CD, A tu lado.

Al que he sangrado nos traslada a la Esquina del Infinito para que Detonador de Sueños nos devuelva a la realidad. Sobre el escenario explota la primer carga de explosivos al tiempo que la gente se desborda de alegría.

“No se si se dieron cuenta que estamos pasando por un eclipse. Miren la luna”, les dice Chizzo a las más de 20mil almas que lo escuchan, “va a ser una buena noche” anticipa mirando al cielo mientras comienza a sonar El rastro de la conciencia, un tema “oscuro” dedicado a “esa dama de negro que uno en su interior la puede ir siguiendo y a lo mejor puede estar perdido”, explicó en el escenario.

El Twist del pibe y Lo frágil de la locura, anticiparon un nuevo tema, Estado, para luego seguir por las veredas del recuerdo con Tripa y Corazón hasta quedar atrapados En los brazos del sol, tema que dedicara a las civilizaciones aborígenes que lo veneraban, y dejarnos llevar por El ritmo de los corazones sangrando.

Dementes en el espacio fue el tema que marcó la primera hora de show, mientras las pantallas revivían el momento en que Chizzo entregaba el pelo sobre el escenario de River. Justamente a una de las cómplices de su locura le dedicó Las cosas que hace: “Este tema se lo quiero dedicar a mi mujer Carolina que me estuvo cuidando mucho de una tremenda gripe que tuve”.

En conferencia de prensa, el cantante había dicho: “El sonido va a ser un desastre. Estrenamos un sistema nuevo acá así que estamos con todas las luces” y siendo yeta agregó entre risas: “Ahora se quema todo”. Porque nunca se debe hablar antes de tiempo, la mala fortuna hizo que durante gran parte del show su micrófono fallara y numerosos problemitas técnicos tuvieron que superarse en el momento. Sin embargo, con tanta euforia descontrolada nada podía opacar tamaña fiesta.

Estábamos Bien Alto en un extremo de platea y decidimos bajar al campo donde comenzaba a vivirse una Noche Vudú entre poseídos y herejes. Un viejo rengo subió al escenario con su guitarra y así Guilé se reencontraba con el resto de la banda para seguir diciendo que Somos los mismos de siempre.

Quien fue alguna vez a un recital de La Renga, sabe que a lo largo de la noche hay algunos ritos que deben respetarse y que son el eslabón que une al público con sus ídolos. Una de esas ceremonias es la interpretación de Balada del diablo y la muerte en la mitad del show. No hay garganta que resista la tentación de desgarrarse mientras se consumen las bengalas. La imagen de cientos de encendedores, manos alzadas y luces de colores que caminan entre la gente; es la postal que caracteriza cada show de la banda y eleva las emociones a su máxima expresión.

“A los niños del futuro” y especialmente a Tete que “es un gran procreador”, Chizzo dedicó el tema Míralos, la balada más lenta de la historia de la banda. Luego de asegurar que “si hay que poblar al país cuenten con La Renga”, en alusión al puñado de niños que llegaron a la agrupación, el tema sonó acompañado de las voces de aquellos que tuvieron el último disco de la banda en sus manos algunos días antes del show.

Veneno dio paso al segundo gran ritual: La Nave del Olvido, en la que se mezcló parte de la zapada “bonus track” de Detonador de sueños. Hielasangre, El final es en donde partí, El Ojo del Huracán y El rey de la triste felicidad marcaban la primer retirada de la banda.

Público entrenado si los hay, se quedaron firmes en sus lugares esperando el regreso que vino de la mano de un enlace de canciones que incluyó Panic Show, Arte infernal, Negra mi alma negro mi corazón, Me hice canción y El rebelde para luego retirarse nuevamente. Nadie engaña a los mismos de siempre, que sabían que faltaban un par de ceremonias más.

“Para los que hablan giladas, se nota que están entre buena gente” dijo Chizzo al anunciar que una cedula de identidad y una billetera con los pasajes de regreso a Buenos Aires habían sido encontrados y entregados por un chico del público. Cuando estés acá y La razón que te demora cayeron en la noche anticipando el final definitivo. Cuando se estaba por cumplir la tercer hora de show el último ritual tuvo lugar: Hablando de la libertad, el tema favorito de la banda y que cierra cada show desde hace más de seis años, terminaba con la fiesta más grande del año.

Mientras Tete saludaba al público de las vallas, Tanque arrojaba sus baquetas y Chizzo desparramaba púas, una lluvia de aplausos bajaba por las tribunas. Un show digno de la banda más convocante del país y que jamás traicionó sus ideas. Una noche donde las palabras se hacen inútiles para describir tanta adrenalina desparrama por tres locos que a fuerza de trabajo llegaron a lo más alto del rock nacional.



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