Más de 5 mil chicos acudieron al reestreno de "Esperando el Milagro" en Córdoba.
Las Pelotas volvieron a la docta buscando repetir el éxito de su presentación del 8 de agosto pasado, cuando desbordaron La Vieja Usina e hicieron una segunda fecha en el Polideportivo General Paz. En esta oportunidad unas 5mil personas llegaron a La Usina para repetir el milagro.
El show comenzó pasadas las 23 y la escenografía multimedia que utilizaran en agosto volvió a estar presente. Al brillo de las luces y las imágenes psicodélicas que salían por las ventanas del arte de tapa del último disco de la banda, se le sumó un importante despliegue de cámaras que se cree sería para la filmación de un DVD made in Córdoba.
Las Pelotas abrieron el show con 20 minutos, Bombachitas rosas y Desaparecidos; encendiendo al público y las primeras bengalas. Uno a uno fueron cayendo los temas de Esperando el Milagro, mientras Sokol bailaba en el escenario Daffunchio observaba el paisaje a través de sus lentes oscuros. Un día feliz, Orugas, Dale, Puede Ser, Hola que tal, Abejas, Mareada y Será fueron algunos de los temas que brillaron entre el humo el calor.
Pasada la primer hora de show, unas banquetas en el escenario anunciaban la llegada del set acústico de la banda. Tres temas interpretados con guitarra acústica y el público en silencio escuchando atento, coronaban lo mejor del show.
El cierre estuvo a cargo de los clásicos de siempre como Jaway, Muchos mitos, Cazador y algunos temas más del último álbum como Esperando el milagro y Rey de los Divinos.
"Los capitanes cordobeses", como bautizó Sokol a los dos chicos que en varios show se hacen presentes representando los personajes de Capitan América, irrumpieron en el escenario para marcar el final del show. Entre peleas simuladas y el aplauso de los presentes repitieron sus 5 minutos de gloria, que son un número fijo en las actuaciones de Las Pelotas en la docta. Un tributo a Luca Prodam y el recuerdo a Sumo marcaron el final definitivo.
Los chicos parten hacia el ex Abasto o algún antro de la ciudad, silbando bajito "vamos, vamos Las Pelotas". Lentamente se fue vaciando La Usina y este templo compartido entre el rock y el cuarteto recobró su calma.