Kapanga lleva su fiesta a cada show que realizan. En El Teatro lo confirmaron.
La Mona Jiménez no murió, pero parece que reencarna en cada ocasión que Kapanga se presenta en un Teatro lleno de jolgorio. Este lugar es la Córdoba que encuentran en Buenos Aires para hacer bailar a más de uno de sus fanáticos, pero con gustito porteñón y quilmeño.
Convite de coplas cantadas por el público, ensalzaron la media hora previa al concierto. Sin embargo, los Kapangas chefs habían preparado un asado criollo completo para toda la noche, pero no únicamente con ritmos para mover el esqueleto de los presentes, sino que remontaron sus épocas de chicos de tachas y cadenas, para hacer cabecear a los pelos metaleros, aunque por otro lado, las patitas de todos bailaban una pseudo-cumbia.
Una bandera con el nombre de la banda sirvió de fondo de pantalla (o de escenario) y con anteojos negros: Balde (bajo), Maiquel (guitarras) Claudio (batería) y "Príncipe" (teclados) dieron un tono más progre a la cuestión musical, realizando un instrumental con el que abrieron el show.
Los pasos de danza del Mono (que haría temblar el podio de los movimientos epilépticos del glamoroso y ecléctico de Adrián Dárgelos, como del Elvis argentino de Sandro) causaron las risas y sonrisas de todos los acalorados seguidores. Las bengalas prendidas por la gente, daban luces a los mejores temas de la banda, que no abandonaron por ningún minuto la adrenalina de los saltos y del pogo que se armaba y desarmaba.
Los invitados no faltaron: el amigo entusiasta de Pablo Suárez (Árbol), pedía a los fanáticos armar un hueco en la pista, para que luego se encontraran en el medio bailando (y pogueando) con el poder de la música; Walter Mesa dominó el escenario, vociferando la locura que sentirán los europeos cuando escuchen a Kapanga (refiriéndose a la gira que emprenderán por Europa); Carucha (Nativo) concluyó el segmento más hardcore y heavy, iniciado por los anteriores amigos.
Kapanga dejó, para el álbum de fotos, aquellas remembranzas de una banda que sirvió tan sólo para divertir, aun es su esencia, para comenzar a afianzarse como un grupo de renombre y de trayectoria. Mal que pese para algunos, ellos demostraron con auténtica actitud lo que han ido aprendiendo en el transcurso de tantos años, escupiendo el micrófono y rompiendo cuerdas. Sus kapangas representan la razón de que en cada ocasión que se presenten en El Teatro estén a pleno festejo; ellos agitando banderas de los más diversos parajes de nuestra Argentina y Kapanga brindándoles energía para rato.
Decir que la ciudad de Quilmes (donde acusan residencia) les quedó chico es un hecho. Sus fanáticos del interior del país se hicieron sentir, cantando los temas más exitosos con un "Mono Relojero" toreado a la perfección, mientras un "Me Mata" la cabeza se convertía en el leit motiv del pogo en el piso, de un "Bisabuelo" himno de Botánika a "Bailarín asesino", consumaron el city tour por toda la discografía que seguirá hasta "El Universo".
La Mona vive dentro de cada uno de los Kapanga pero, ellos, tienen otros estilos incorporados en sus cuerpos; por eso, sabemos que no hay sacerdote que pueda exorcizar, ni sacar al engendro musical que tienen dentro.