Invitados, clásicos y hits. La noche rosarina tuvo a la banda todavía más cerca del milagro.
La espera se hizo larga. Una gruesa cola se aglutinaba en la puerta de uno de los galpones del Patio de la Madera, mientras muchos sin entradas aún se acercaban a la boletería. La frase ya se hacía común: "¿¿cuánto??". Las entradas estaban caras, aún así la cola llegaba hasta la calle y daba vuelta hasta la otra esquina, agotándose segundos antes de comenzar el recital.
El show empezó tarde, pero apenas la gente terminó de ingresar. Alrededor de 3.500 personas llenaban el lugar. Se veían muchas remeras, pero por momentos parecían superar las de Sumo a las de Las Pelotas mismas.
Y la banda salió al escenario: Germán Daffunchio (guitarra y voz) con lentes oscuros y su pelada que nos recuerda a alguien que "no murió"...cuya cara está en todas las remeras, Alejandro Sokol (voz) con su imagen de gigante bueno que inspira ternura, Tomás Sussmann (guitarras), Gabriela Martínez (bajo) bailando incansable tras su instrumento, Gustavo Jové (batería) y Sebastián Schachtel (teclados).
Las Pelotas... nombre que hace pensar. Quizás sea una alegoría de su trabajo, de lo que sería. Una banda realmente independiente, la cual viene esperando el milagro desde hace tiempo...pero no esperando y nada más: luchando por conseguirlo.
Y probablemente se está empezando a producir lo esperado. Su último disco "Esperando el milagro" fue elegido como el mejor del año en el suplemento "NO" del diario Pagina 12, el tema "Será" salió seleccionado como el mejor de 2003 en diario Clarín, y están convocando cada vez un número más importante de público.
En la noche recorrieron una lista de temas que mezclaba los de su último disco, con los de toda su historia. La valla cercana hacía palpitar al público.
Hubo algunos problemas de sonido: al principio había desperfectos en el micrófono de Sokol, y la estructura del lugar generaba cierta "bola" que opacaba la música y las palabras.
Hubo invitados e instrumentos agregados que le dieron un matíz especial a la noche. Kola, la mujer de Gustavo Jové, haciendo coros, y con un destacado solo en el tema "Abejas", el cual arrancó ovaciones de la gente. "Pollo" en trompeta y clarinete. Sebastián dejando el teclado para pasarse momentáneamente a un acordeón. Y Pancho Chévez, conocido invitado de León Gieco, con su armónica.
Algunos temas del nuevo disco enardecían las banderas y remeras, como "Será", "Desaparecido", "Tomas X", "Rey de los divinos", "Esperando el milagro", "Si sentís (dale)"; aunque no se quedaban atrás canciones anteriores como "Músculo" o "Capitán América", en el cual miles de manos hicieron "fuck you" ante la parte que remata con el himno de EEUU.
Otro momento especial fue el del tema "El cazador", el cual fue interpretado por Gabriela Martínez en suaves arpegios de guitarra, junto a la voz de Alejandro Sokol.
Después de casi dos horas y media de recital, el encierro del lugar empezaba a asfixiar. Un humo, mezcla de bengalas, cigarrillos y evaporación de fluidos se empastaba con los colores de las luces. Una masa rosácea abrazaba a los músicos, quienes nadaban entre el azul y el verde que se les pegoteaban en los dedos y en las cuerdas.
Entonces, después de haberse retirado del escenario y ante el insistente llamado de sus fanáticos, culminó la magia en un toque maestro. Volvieron a las tablas, y empezaron a vibrar ciertas notas que nos dejaron atónitos...Al principio es difícil reaccionar: jamás escuché nada tan cercano a Sumo.
Primero fue "Debede", y el gran final junto a "El ojo blindado". Y al despertar de ese pequeño instante de ilusión, la desenfrenada alegría que se descarga en saltos incesantes.
Cierta vez dijo Daffunchio que el nuevo álbum habla de la impotencia ante la injusticia social, y que el rock es uno de los pocos medios que hay para protestar o apoyar... Por eso es que ser parte de esa noche es ser parte de un encuentro, de un reconocimiento de nuestros dolores, y de una oportunidad de ser las voces de los que son acallados.
Y al salir a las calles de Rosario ahí frente a la Estación Terminal de Omnibus, zona peligrosa por las noches (como casi todas las zonas en los últimos tiempos), la realidad nos da un cachetazo mas fuerte.
"El infierno que pide más...Una calle llamada agresividad"... esas palabras nos erizan la piel.
Tiempo de matar. "La balacera se desató, todo es confusión. Nadie salta por vos. Todo en la calle nos sigue igual, nada suele cambiar". Que ironía...
Muchos peloteros quedaron varados en aquella zona hasta altas horas de la madrugada... esperando el colectivo que recorre toda la ciudad con un solo coche... o aguardando el taxi que nunca vendrá: están de paro. Porque esa noche mataron de un balazo a un taxista, por robarle... ¿robarle qué? ¿Qué puede valer una vida? Tal vez unos mangos, o un par de zapatillas, porque la vida de quien lo mató ya no vale nada tampoco.
Y nos quedamos... esperando el milagro, de creer que un día llenarás la fuente, cambiarás tu vida... Sobre la cornisa.
Gracias a unas buenas amigas improvisadas, pude volver a mi casa. Pero con ese dolor amargo.
Y pensé que debo estar en América del Sur... bien al sur.
Garantizado.