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24.03.2004.-

Crítica: "La argentinida al palo (Se es)"

El disco de rock que hizo sonreír a las recaudadoras de las disquerías todavía no se conoce por completo, pero muestra un provechoso conjunto de canciones. Para el 15 de abril está anunciada la segunda parte.



A Bersuit Vergarabat le era indispensable ganar canciones para alimentar el repertorio de los constantes shows que realiza la banda. En los últimos dos años el grupo dejó de ser una promesa saludable para ser la banda más convocante del rock nacional, a fuerza de recorrer el país tocando. La prosperidad basada en "Libertinaje" (1998) se acentuó con "Hijos del culo" (2000) y estalló con el vivo "De la cabeza" (2001), a contramano de un país que se hundía en la peor crisis institucional-política-económica de su historia. El trajín de los shows les exigía una renovación y este lanzamiento les garantiza cantidad (veintitrés temas) y calidad para el repertorio.

No se pueden sacar conclusiones de "Se es" por el simple hecho de que la segunda parte del disco ("Lo que se es", que promete once canciones) todavía no salió a la venta. Pero las primeras canciones del envío tienen una línea conductora que engarza algunos lugares comunes de la cultura del argentino post-crisis. Subyace la idea de ponerse en los ojos y la piel de los solitarios (en "La soledad"), los oscuros ("No seas parca" y "La calavera"), los exiliados ("Va por Chapultepec" y "Convalescencia en Valencia"), los reventados (la radiante "Fisurar" de Diego Verenzuela), los humildes ("Penny Lane" fue "El olor del hogar" hace casi cuarenta años) y los fiesteros ("Coger no es amor", un funk-disco lujurioso que parece mojarle un poco la oreja al Cerati de "Siempre es hoy"). El resto de las canciones arrojan más del sonido que caracteriza a la banda a partir del padrinazgo del reverenciadísimo productor Gustavo Santaolalla. El concepto esencial del disco se materializa en el colapso del argentino clase media que tuvo que empezar de cero, como el grupo durante '97.

Los climas intermitentes, que van de lo dark a la fiesta pasando por la euforia, tienen una relación con las contradicciones que supone la cultura argentina. Se refleja en el arrebato exaltado de la chacarera metálica que bautiza al disco. En ella aparecen rasgos del estereotipo del porteño (más que del argentino) como ser un poco garca, un poco pendenciero, un poco aprovechador, un poco demagogo, un poco... etc.

Ya la televisión había ofrecido un producto para indagar en los aspectos altivos y vergonzosos de la cultura nacional ("Somos como somos", conducido por el argentino medio argentino Andy Kuznetzov). Seguramente en breve saldrá algún libro de un sociólogo sobre la esencia del argentino tomando como base el optimismo devenido por la escalada económica de la Era K.

En síntesis, se trata de un disco que sabe a esencia de Bersuit: fiesta + escepticismo + sensibilidad. De paso, para vender mejor el disco, lo ofrecen en cuotas. De esta manera, es un proyecto redituable para la compañía discográfica (incluso esta primera edición tiene las letras y un lugar reservado para la segunda e indispensable parte del disco). Argentina vuelve a ser buen negocio.



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