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09.07.2004.-

"Nuestro motor fue siempre el desafío"

La banda cumple 25 años y aquí hablan de cómo les costó imponerse a los prejuicios, del legado de Federico (el cantante, muerto hace 16 años) y del lugar que ocupan en el rock. La entrevista de Miguel Frías, para Clarín.



Virus 2004

Los hermanos Marcelo y Julio Moura toman cerveza y fuman en un bar de la placita Serrano. En medio de los recitales por los 25 años de Virus, banda esencial del recambio musical pos dictadura, repasan ese cuarto de siglo sin nostalgia y sin demagogia, con una leve amargura que nunca se rebaja a lamento ni —mucho menos— a descortesía. De pronto, por la radio, la voz de Steven Tyler, de Aerosmith, le da paso a la de Federico Moura, glamoroso cantante de aquel Virus: el hermano muerto. "Te juro que es una casualidad. Nos pasa en todos lados", aclara innecesariamente Marcelo, actual cantante de la banda. Julio sigue siendo el guitarrista.

Nuevo viaje en el tiempo y el espacio, a una ciudad gris, aplastada por el terrorismo de Estado. "La Plata sufría especialmente la dictadura porque era una ciudad estudiantil —explica Marcelo—. Recuerdo que en aquel 1979 ya no quedaban movimientos artísticos ni grupos ni música ni espectáculos. El grupo surgió de reuniones íntimas: nos pasamos todo ese año encerrados componiendo o ensayando. Era peligroso hasta andar por la calle. La Plata fue una de las ciudades con más desaparecidos".

Ustedes tenían un hermano desaparecido desde 1977. ¿Esa ausencia, ese dolor fue, en parte, el motor de Virus?

Julio: Creo que sí. Jorge, nuestro hermano mayor, fue una especie de padre: nos bancaba en todo. Tras su desaparición tuvimos la necesidad de unirnos. Y la música estaba ahí, jugando un papel fundamental en nuestras vidas. Así le dimos luz a una nueva corriente, que algunos consideraron frívola. La cierto era que después de tanto sufrimiento teníamos necesidad de abrirnos, de generar algo que moviera a la gente y a nosotros mismos.

Para colmo, la esposa de Jorge estuvo secuestrada y tuvo una hija en cautiverio...

Marcelo: Sí. A ella se la llevaron cuando estaba embarazada. Jorge se quedó a cargo de la hija que tenían. Después, en marzo del 77 lo secuestraron a él: se lo llevaron de casa, delante de todos nosotros. Al tiempo nos entregaron a la nena que había nacido en cautiverio. Su madre estuvo presa hasta 1983. Hasta entonces, nosotros ensayábamos con Virus y criábamos a las dos nenas, que hoy son chicas grandes.

Lo curioso es que creaban un pop optimista que no parecía politizado, en tiempos en que en el rock nacional preponderaba la protesta política.

Marcelo: Sentíamos que lograríamos más cambios desde lo artístico que desde lo político. Por más que adentro sentíamos un gran odio y una tristeza profunda, que aún hoy seguimos sintiendo, logramos diferenciarnos y demostrar que se podía crear desde un perfil divertido, desde manifestaciones de goce y vida.

Recuerdo que en 1985 Federico dijo: "El miedo a la alegría es una de las consecuencias de la represión".

Marcelo: Si lo pensás, es más fácil ser un depresivo. Es mucho más obvio, más sencillo: basta con abandonarse. Mantenerse íntegro, bien parado, es más difícil. Todas nuestras letras apuntaban a lo mismo: a sentirse bien, a sentir el cuerpo, a vivir el placer. Nosotros nunca pretendimos cambiar el mundo, pero tal vez eso era revolucionario.

Fuera del hippismo, en los 70 estaba en auge el concepto de mártir, no tanto el del goce inmediato a través del cuerpo...

Julio: Creo que en ese punto se pueden hacer varias lecturas, tanto en nuestras letras como en la decisión de salir del garrón a través de la alegría. Nuestra música no tiene compromiso político pero sí social. Lo nuestro nunca ha sido panfletario, pero sí ha comprendido todo el espectro de lo social. Por otra parte, tenemos una canción dedicada a Jorge y otra a los chicos de Malvinas. La gente no lo sabe y no tiene por qué saberlo. Nosotros no salimos con banderas.

Cuando los acusaban de frívolos, ¿no se tentaron con mostrar su historia?

Marcelo: No. Sentimos que todo eso era muy delicado, y de hecho lo sigue siendo. Porque uno vende discos, tiene también una actitud también comercial... Nunca especulamos con la tragedia; nunca fuimos hipócritas ni demagogos para vender un disco más. Es como cuando nos preguntaban ¿Por qué no organizan un festival por Federico? Nuestro homenaje es interno. No vamos a convocar músicos: preferimos tomar su ejemplo de vida.

Alguna vez dijiste: "A Federico lo trataban de maricón, de imitador de Bowie. Bastó que se muriera para que hablaran de su glamour, de su elegancia, de su talento". ¿Sienten bronca por ese reconocimiento tardío?

Julio: Lo que le molestaba a Federico, y también a nosotros, era que no se apuntara al hecho musical sino a la intimidad del grupo. Quería crítica musical, no chimenterío. En los últimos tiempos de Federico (murió el 21 de diciembre del 88, con sida) tuvimos charlas muy intensas en las que nos pidió que siguiéramos adelante.

Marcelo: El dolor por su muerte también nos enseñó valores. Cuando Federico se enfermó, estábamos en pleno éxito, ganando mucho dinero... Un dinero que nos lo tuvimos que meter en el culo, porque no lo pudimos salvar... Lo que me queda de Federico es el valor de su integridad, del tipo de persona que fue, de su vida terriblemente intensa. Sobre todo eso: vivió 37 años con una intensidad que pocos logran. Tal vez otros elijan vivir 146 años, comiendo milanesas de soja. Son elecciones. Yo respeto mucho las de mi hermano. Lo digo con dolor; no soy inmune.

Recuerdo a periodistas "progresistas" intentando encuadrarlos, contra su voluntad, en un supuesto "rock gay". Federico prefería decir que apuntaban a lo ambiguo.

Marcelo: Sí, esos intentos de clasificar eran de una gran chatura. Yo, sin ser homosexual, siento un profundo respeto por las decisiones de cada uno. Pero vivimos un mundo influido por un pensamiento fascista, hipócrita, influido por la moral militar y eclesiástica. Si bien nosotros tuvimos siempre un perfil bajo, creo, humildemente, que fuimos pioneros en respeto. Durante 25 años, Virus ha sido un grupo respetado y respetuoso.

Por un lado, Federico los impulsó a seguir; por otro se transformó, involuntariamente, en una especie de sombra pesada. Como si con él se hubiera muerto Virus...

Marcelo: Pero no fue así. Hace un tiempo alguien escribió una nota en la que decía que Virus no era el mismo de antes. Yo coincido: el Virus actual suena mejor. Pero llamé a ese periodista y le pregunté en dónde nos había escuchado. Admitió que ni siquiera nos había visto. Es injusto. Federico era el que hablaba con los medios, el más expuesto. Pero finalmente trascienden las composiciones. Y Julio compuso un 80 por ciento de nuestros éxitos.

Más allá de cómo suenen hoy, en los 80 fueron mucho más prolíficos...

Marcelo: Seguro. Actualmente estamos encarando la carrera de otro modo. Recién ahora estamos volviendo con más intensidad. Yo tengo 44 años y tres hijos; Julio, 47 años y dos hijas. En los primeros diez años de la banda, con Federico, no nos tomábamos vacaciones, no teníamos familia, vivíamos arriba de aviones, sin dormir. Hoy necesito sentirme bien para subir a cantar.

¿Sienten que sufren una suerte de segundo prejuicio: el de ser comparados con el Virus de los años 80?

Marcelo: Sí. Igual, lo enfrentamos con gusto. Nuestro motor siempre fue el desafío. El enojo nos impulsó a mejorar. No sé qué habría pasado si hubiéramos sido adorados por la prensa. Tal vez habría sido nefasto. En 25 años no recibimos un premio. A veces creo que necesitaríamos estar muertos para que nos reconocieran como un grupo muy influyente. Tenemos el respeto. Pero a veces vemos una página entera con el ganador de Operación triunfo y una notita al pie con los 25 años de Virus. Esa escala de valores nos resulta ingrata.

Ustedes recibieron un gran tributo de grupos y solistas de La Plata...

Marcelo: Sí. Hace un mes la Universidad de La Plata nos hizo un disco homenaje. Fuimos al show, en el que tocaron 19 grupos. Yo estaba con la piel de gallina, en medio de ese espectro amplísimo de gente. Sentí: la música es una energía que vuelve. Sentí: ahí están todos nuestros dolores convertidos en música y gratitud.

En los 80 ustedes decían que sus seguidores eran una elite; no económica sino intelectual. ¿Siguen teniendo ese tipo de seguidores?

Marcelo: Lo que pasa es que venimos de una familia de clase media tirando a alta y estudiamos en colegios importantes. Llegar al rock desde una perfil "culto" fue un delirio, algo de "putos", como lo sintieron ciertos sectores argentinos retrógrados. Sin embargo, nunca intentamos cambiar al mundo; algo que suelen hacer otros músicos más pretenciosos.

¿Qué queda, en esencia, de aquel Virus de hace casi 25 años?

Marcelo: En aquella Argentina veíamos el camino del cambio muy claro. Salir con algo revolucionario hoy es mucho más difícil. Pero nuestras canciones, no nosotros, han trascendido al tiempo. Nuestra música mantiene vigencia. Nosotros, en cambio, ya vivimos hasta otra estética. Ahora, con más de cuarenta, ya no plantamos desde otro lado. Más exactamente del lado de photoshop.



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