De festejos por los 10 años de Natas, Wálter y Gonzalo reflexionan sobre el éxito de la banda, los medios, la popularidad y la repercusión.
Uno de los primeros delitos que se puso de moda durante el menemismo fue el de los autos mellizos. Así como entonces circulaban miles de vehículos de mafiosa procedencia y con la numeración alterada, hoy abruman los grupos de música que repiten sonidos patentados por otros. Pareciera ser que el único campo donde está permitida la clonación entre humanos es en el ambiente de la música. Ejemplos:
1) la canción calamariana, uno de los modelos más groseramente falsificado, hasta incluso por el propio hermano de Andrés.
2) el sonido garage del retro rock que "renovó todo" plagiando el sonido de bandas de los sesenta.
3) sumemos cierta proliferación de grupos tributo que se limitan a reproducir grandes ideas, aprovechando que los autores están en el exterior (Sabina), o muertos (Beatles) o separados (Héroes del Silencio) o ya no se pueden defender (Charly García).
Pero hay artistas cuyo mayor logro es no parecerse concretamente a nadie. Los Natas es una de esas bandas que dejan pagando a quienes intentar encasillarlos. Así como un CD de los Ratones Paranoicos refleja sonido stone, uno de Los Natas proyecta un alto grado de originalidad que juega a "esconder" las influencias. Se trata de música que no está hecha que el público coreé los estribillos o salte en determinado momento, sino que parece buscar el derroche de ideas y estímulos para irradiar fogonazos o cubrir de sombras la imaginación. Paradójicamente, desatan pogos impresionantes… pero a nivel neuronal. Llamémoslos idealistas.
¿Qué es el éxito para Los Natas?
Walter: No tengo idea… no creo que Natas sea exitoso. Me parece que el verdadero éxito es que la música trascienda y que a la gente le guste. Después, el concepto preestablecido de éxito me parece una huevada.
Gonzalo: Éxito es que estemos contentos y tocando.
¿Entonces ya pasaron los momentos de frustración para Los Natas?
Walter: Frustrados estuvimos siempre y, en realidad, seguimos así porque es difícil hacer todo como uno quiere. Son las vueltas de la vida, al principio sólo nosotros sabíamos que estaba bueno y que íbamos a seguir derecho. Tuvimos la suerte de que un tipo de afuera se enteró y nos ayudó a que nos den pelota más rápido. Eso nos dio la posibilidad de que la gente nos escuche y decida si nuestra música está buenísima o es una mierda.
¿Cómo toman la aprobación que recibieron desde los medios?
Walter: Muy bien. Los medios sirven para difundir nuestra música y es una alegría que haya gente a la que le guste lo que hacemos. Igualmente si no les gustase, todo bien. Pero está bueno que apoyen la cruzada.
Gonzalo: Es un éxito!! Je!!
Walter: Más allá de eso, hoy está y mañana no. Algún día a los periodistas no les van a gustar más los discos y… bueno, estamos preparados. Será el momento en que la prensa empiece a castigar a Natas.
Hay cierta idea que exige que la música, para comunicar, tenga letra. Pareciera que ustedes no se fijan mucho en eso.
Walter: Apelamos a que se produzca un intercambio a través de los sentidos. No damos mensajes tan claros, sino que son más abiertos para que cada uno arme o piense lo que quiera. Ofrecemos un vehículo cuyo formato permite llevarte de paseo, que puedas cerrar los ojos e imaginar cosas, flashear con lugares o tener sensaciones. Nuestro mayor logro como banda es haber aprendido a mostrar lo que nos surgió para que la gente pueda cacharlo.
Circuló una gacetilla que invitaba a acompañar su música con sustancias psicoactivas ¿hay que fumar para disfrutar la música de Los Natas?
Gonzalo: Eso depende de cada uno. Algunos encuentran la paz en la música sin ningún faso en la cabeza.
¿Cuánta importancia le dan a la parte extramusical de los shows?
Walter: Si a lo musical le agregas aspectos sensoriales para la vista, te acompaña el viaje… pero también puede que no esté y lo disfrutamos lo mismo.
Gonzalo: En una gira por Europa nos hicieron un video show (habla de la proyección de Apocalipsis Now hacia atrás) y cuando lo vimos pensamos que enganchaba con la banda y por eso lo usamos acá.
¿Cómo toman los piropos de Pettinato hacia ustedes?
Gonzalo: En realidad mucho no lo conozco, lo único que se es lo que dijo a diferentes medios. Una vez vino como invitado a un show pero nada más.
Escribió que si Luca Prodan hubiese llegado por estos años al país, los elegiría a ustedes para tocar.
Walter: Estaría bárbaro, nosotros escuchábamos Sumo.
¿Y en que creen que se parecen?
Walter: En la actitud, eso de hacer lo que se nos cantan las pelotas. Hacerlo primero desde nosotros y para nosotros, y después compartirlo con la gente.
Leí que el líder de Queens of Stone Age, banda insignia del stoner rock, género por el que navegan Los Natas, se había enojado un poco con ustedes.
Walter: Lo que pasó es que el tipo siempre fue un poco agrandado. Habíamos grabado un disco, podíamos elegir un productor, lo propusimos a él y dijo que estaba muy ocupado por lo que nos mandó a la mierda. Igual tiene onda con nosotros, sabemos que le gusta lo que hacemos y a nosotros nos gusta lo que hace él. Cuando los teloneamos hicimos buena amistad con el resto de la banda, pero él es un poco rock star. Una vez estuvimos en la casa de los Kyuss, en California, para fin de año. Ahí estaba toda la mierda, tocaban los grupos más importantes de la movida y fue cómo muy emocionante.
Ustedes parecen bastante oscuros ¿creen que Toba Trance es un disco luminoso?
Walter: Si, totalmente. Pero sigue siendo oscuro, es como la capa más lumínica del sótano. Creo que es como una resolana, como ese foquito de esperanza del sol cuando pega en un lugar húmedo y oscuro. Es una reconciliación con la belleza y la vida misma. Igual seguimos recalientes con todo, pero Toba Trance fue como darnos ese lugarcito para respirar, ver un poquito el sol, aflojar con la lucha y doblegar las espadas un momento para volver después con más fuerzas.
Como si una bruma lúgubre y espesa comenzara a infiltrarse en el local lentamente hasta intoxicar a los quinientos asistentes; así se transforma el ambiente durante el recital de Los Natas. Las extensas composiciones del trío más oscuro de la escena local invitan a dejarse arrastrar por esos climas agitados y caóticos que si no se está bien predispuesto, pueden causar una desesperación como de tripulante de una nave espacial absorbida por un agujero negro.
Sergio Chotsurian y Gonzalo Villagra casi no despegan la mirada del suelo durante los noventa minutos que dura su paso por el escenario. Walter Broide ejecuta ritmos que, por momentos, parecen marchas militares de un ejército de zombis durante la noche de los muertos vivos. Las melodías generadas por Los Natas invitan a pensarlas como música de fondo ideal para un clip de Fútbol de Primera que muestre una batalla entre las barras bravas de Chacarita y Chicago. Su complejidad hipnotiza, pero parece todo muy simple, muy natural, muy fluido… como música tocada para el viento, la lluvia o el sol. Después de cuarenta y cinco minutos llegan los primeros aplausos, pero no por indeferencia; en ese momento terminan su primer anexo de ¿canciones?.