El nuevo disco de Los Ratones Paranoicos contiene rock & roll efectivo, auténtico y tan sorprendente como el interior de una lata de conserva.
Ratones Paranoicos fue el conjunto que matriculó el modelo de rock & roll stone que se adecuó magistralmente a la Buenos Aires babilónica de los ochenta y que en los noventa devino en rock and roll rolinga. Pero ya no son los mismos: la fluidez con la que circulaba la cocaína en aquellos años podía llevarlos a puntos mucho más extremos que el parador de Punta del Este al que se acostumbraron hoy. De hecho, da la sensación de que empezaron en el garage, pasaron por la cocina (donde se quedaron un buen tiempo calentando platos) y ahora disfrutan de estar tirados en el sofá. Y aunque en "Girando" haya algo de sudor, lágrimas y excesos, se percibe una intención de permanecer inalterable al tiempo... y la fórmula ya no parece tan excitante.
El disco empieza con un riff básico, simple y entrador que sustenta un hit adictivo como “Sigue girando”, que está bien, pero es muy cansador y a la tercera vez que se la escucha, algo pide que se apriete el botón de FW de la compactera. La intro de “Cristal” puede ser un autohomenaje, un autoplagio o quizá sea producto de la amnesia... está calcada a la de “Sucio gas”. La canción puede ser ideal para musicalizar una visita vespertina a la casa de ese amigo vicioso que tan poco le gusta a nuestros familiares. No obstante, también podría ser la música de fondo de una publicidad de cerveza.
“No me importa tu dinero” es otro de esos rocks ásperos con una letra que demuestra que Ratones Paranoicos es una-banda-de-chicos-malos. La cadencia mística y funk de “Simpatía” la distingue del resto de la placa y marca un punto alto, donde se llevan los aplausos los coros de Deborah Dixon; se trata de una canción tan tenue como “Wah-wah” o “Descerebrado”, con una letra reflexiva, teológica y oscura.
En “La Fuga” despachan una balada típica, pero no por eso previsible, que aporta una cuota de dulzura y esperanza a un disco calavera. “La banda de rock and roll” es un rock a cara de perro que suena auténtico por el estilo de vida reventado de quién declara que “ya no puedo dejar de tocar rocanrol/ todo el tiempo estoy en ese lugar”. Pero si se lo piensa como un himno a la eterna juventud, parece un cliché ya algo gastado. “El balcón de Julieta” es un rock suave y lalaleable que demuestra que, a pesar de que le gusten mucho los cabarulos, Juanse es un tipo romántico capaz de dedicarle canciones a su mujer. “Conexión” podría ser pariente de “El tren de las dieciséis” y de “... y nos dieron las diez”. Es un blues tierno donde aparece un detalle inédito en la discografía Paranoica: es una composición digna de un cuarentón. “No hay” es una descarga de energía furiosa que sacude la modorra castigando con un riff entrador. En “Solo se” Juanse le da permiso a Sarco (que más que el Keith de Mick es el Ringo de los otros tres) para que cierre el disco cantando una canción que rescata cierto espíritu de Brian Jones ("estoy solo en el desierto / busco mi bastón de ciego / la arena empieza a lastimar"). Después, un cierre con aromas hindúes que remite a Jajouka (mérito del sitar de Alejandro Franov).
Hay que destacar el excelente trabajo de producción de la dupla Toth / Guyot que parece haber registrado una manera de hacer sonar al rock en Argentina. La omnipresencia de Juanse (la tapa, todos los derechos de autor para él, excepto el cierre del disco) muestra una conducta poco solidaria, o quizá sea una postura conservadora y poco proclive a los cambios que no invita a pensar que hay algo novedoso hacía adelante. Lamentablemente parece que lo mejor de Ratones Paranoicos quedó atrás, lejos, en el tiempo. Y eso no significa que éste sea un trabajo mediocre, ya que todavía ostentan un innegable talento para hacer discos correctos, pero todo suena inevitablemente estándar.
Los Ratones siguen haciendo canciones pegadizas que enseñan a patear por el lado oscuro de la calle. Los años de vicios, noches eternas y Rock and roll con mayúsculas dan frutos... pero no se olviden que el Zorrito es cuñado de un Macri... aunque ¿a quién le importa?