Miguel Mateos quería ser Springsteen... y casi lo logró
El disco de Miguel Mateos que llegó a ser el más vendido de la historia, encendió la mecha para la explosión del rock argentino en Latinoamérica. A 20 años de su lanzamiento, lo recordamos con una producción especial.
 Mateos en el Coliseo, 1985
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Un atardecer del otoño de 1982, en su despacho de la novel -por entonces- oficina de representación artística La Corporación, el empresario y productor discográfico Oscar López le dijo al novel -por entonces- artista Miguel Mateos: "Yo voy a hacer de vos el Bruce Springsteen de Latinoamérica". El músico se acercó a la ventana, desde la altura del octavo piso miró sin ver los autos que estaban detenidos en el semáforo de la avenida Córdoba y Talcahuano y se limitó a sonreír levemente.
El asunto es que le creyó a López.
Tres años después, Mateos se había convertido en el músico de rock más popular y vendedor de discos de la Argentina. Nunca llegó a ser lo que le había prometido López, está claro,... pero estuvo cerca.
En 1985, es decir hace 20 años, el álbum Rockas Vivas de su grupo que ya no se llamaba solamente Zas como al principio, sino Miguel Mateos/Zas -cosas del ego que, debe reconocerse, no lucían escondidas sino bien a la luz-, vendía la friolera de 200 mil unidades en unos pocos meses, con lo cual se ponía en el primer puesto de los discos de rock más vendidos de la historia (hasta ese momento).
El aclamado Rockas Vivas era un velado greatest hits en vivo de lo que había hecho Mateos hasta entonces -tres discos en estudios, el debut Zas del 82, Huevos del 83 y Tengo que parar del 84- más un par de estrenos, uno de ellos grabado en estudios: Perdiendo el control. Los registros en vivo fueron tomados en las cinco funciones que ofrecieron Mateos y sus acompañantes de entonces -Alejandro Mateos en batería, Raúl Chevallier en bajo, Eduardo Sanz en guitarras y Julio Lala en sintetizadores, más Oscar Kreimer en saxo como invitado- en el Teatro Coliseo en el otoño del 85.
Si el inconciente colectivo relaciona Rockas Vivas con el Luna Park a pleno, cantando Tirá para arriba y revoleando camperas, pulóveres, bufandas o remeras -todo lo que el público tuviera en la mano-, es porque el estallido de la mateosmanía puede localizarse en la presentación en vivo del long play en vivo, que se hizo en el estadio de Corrientes y Bouchard en agosto de ese mismo año.
Ya en primavera, Mateos/Zas sería uno de los números centrales del Festival Rock & Pop en el estadio de Vélez. Y sobre el final del año, convencido de que podía conseguir aquello que López le había nombrado tiempo atrás, Mateos se lanzó a la conquista de la América que estaba al norte de la Argentina. Lo consiguió en buena parte: llenó teatros y estadios de varios países de Latinoamérica y hasta se hizo de un nombre en la comunidad latina residente en los Estados Unidos. O sea que llegó a las barbas de The Boss. No llegó a ser Springsteen del Sur, pero estuvo más cerca que nadie de lograrlo...