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31.07.2005.-

"No quiero envejecer patéticamente"

A los 43, Gustavo Cordera reflexiona sobre el paso del tiempo, Cromañón, el sexo y la Bersuit. Habla del rescate que hicieron con Andrés Calamaro, cuestiona a Callejeros y a Kirchner, y habla del nuevo CD, "Testosterona". La entrevista de Mariano del Mazo, para Clarín.



Foto: David Fernández

Gustavo Cordera juega en el estudio Del Cielito con Mora, una perra dócil y franelera, entre golden y labrador. Cosa curiosa: la perra acaba de parir ocho cachorros y el tema ocho del octavo disco de la Bersuit (banda de ocho integrantes) se titula Madre hay una sola. Es Cordera quien marca las coincidencias. Es Cordera quien recorre esta quinta de Parque Leloir contando anécdotas, invitando a desayunar café, tostadas, jugo, relajado, verborrágico y gentil.

El 11 de agosto sale Testosterona, el nuevo disco del grupo más convocante de la Argentina. Pese a que, como aclara el cantante, casi todos los temas fueron compuestos antes del 30 de diciembre de 2004, el disco está atravesado por el desastre de Cromañón. Es una cuestión a la que volverá una y otra vez el hombre que se inició artísticamente en la primavera democrática; al que, más por portación de pelada que por otra cosa, se lo quiso poner al nivel de mitos como Luca Prodan y el Indio Solari; el que cayó, resucitó, volvió a caer y se estabilizó en eso llamado éxito a partir de Libertinaje, disco de 1998, primera producción de Gustavo Santaolalla para la Bersuit, que incluía aquel profético hit Se viene (el estallido).

Gustavo Cordera está ahí, frente a un café, fumando un cigarrito y hablando de fútbol. O, mejor dicho, de Lanús. Dice "me gusta que haya venido el Cabezón Marini, suerte que se fue Cascini", esas cosas. Enseguida vuelve al rock.

¿Por qué "Testosterona"?

Es una respuesta a la muerte. Porque es pura energía hormonal. El sexo tiene una fuerza increíble. Pero es eso, básicamente una respuesta a la muerte.

¿Pensaste en Cromañón?

No específicamente. Pero digamos que nosotros, como país, vivimos de engaños y desengaños, nacimientos y muertes, creencias y traiciones... Lo de Cromañón fue tan fuerte que despertó la necesidad de emerger con vida... La testosterona.

Tenés una larga historia de militar en el under. ¿Sentís, como muchos dicen, que lo de Cromañón le podría haber pasado a cualquiera?

No, no estoy de acuerdo. No subestimemos a la naturaleza y a la realidad. Le pasó a Callejeros y no a otra banda. Sino, si no reflexionamos sobre esto, no podemos ni hablar o no hablamos de las bengalas, de la competencia que había con otras bandas para ver quién prendía más bengalas, de la negligencia de prenderlas en un lugar cerrado. Eso tiene que ver con Callejeros y no con otras bandas. Nosotros, la Bersuit, siempre repudiamos el uso de las bengalas.

¿Pero nunca convivieron con situaciones de peligro?

Sí, pero no de bengalas. Pero claro que sí: una vez en Villa Gesell había una valla que estaba electrocutada, y no pasó nada de milagro. Eso tiene que ver con la ambición, porque ese año hicimos 110 conciertos. Si hacés 110 conciertos seguramente la mayoría los hacés con fatiga, con cansancio y en condiciones no muy buenas. Pudo haber una catástrofe. La ambición es la culpable. Por eso digo: reflexionemos sobre lo que pasó.

En una de las primeras imágenes televisivas de archivo que se vio después de Cromañón, vos estabas con Omar Chabán. ¿Qué pensás de él, de su situación?

Chabán es un amigo. No es un asesino. Se encontró en él un chivo expiatorio, alguien al que había que colgar. Los medios tuvieron que ver con esto: es un blanco fácil y le apuntaron. Y los familiares —hay que ponerse en la piel de un padre que pierde un hijo— necesitan sacarse el dolor a través de él. Les pusieron la presa servida y ellos dispararon. Y disparando contra Chabán vamos a tener otra AMIA, otro LAPA, otra dictadura. Si no reflexionamos, si no escondemos la verdad, las cosas vuelven a ocurrir. Tenemos que saber la verdad, por eso es importante que los Callejeros hablen y cuenten qué es lo que creen que pasó. Ojo, yo creo que ellos tampoco son asesinos. Pero tienen que hablar.

En "Testosterona" hay varios temas que hablan del paso del tiempo en relación a la pesadilla de "la vida familiar". ¿Qué te ocurre a vos, a los 43?

En principio tengo otro físico. Mi cuerpo ya no acompaña las proezas de años anteriores. Mi cuerpo ahora me pide más naturaleza, más situaciones saludables. Los que no entienden eso, el paso del tiempo, envejecen de un modo patético. Y yo no quiero envejecer patéticamente. Es así: ahora si bardeo durante la semana no llego al show que sigue. Me duele la garganta, siento fiebre...

Esto que decís no se refleja en muchas letras. La Bersuit sugiere fiesta y excesos eternos.

No es tan así. Fijate en la canción La flor de mis heridas. Lo que sí hacemos es una crítica muy dura a la vida de hogar. Es un tema muy movilizador para cualquier tipo de nuestra edad, incluso para los otros chicos de la banda. Yo creo que si hay una institución que sostiene el fracaso de la sociedad es la familia. Y con los excesos... bueno, está el glamour del reviente. Volviendo a Chabán, una vez yo le pregunté por qué los baños de Cemento estaban rotos. El me dijo: "El rock necesita baños rotos". Esa idea está muy instalada. Son los horribles mitos del rock. El reviente, la autodestrucción, esas cosas.

Y la Bersuit abona esos mitos.

Abonamos la situación festiva, la sensualidad, la introspección, la amistad, la eterna adolescencia, el eterno viaje de egresados y la muerte. Todo eso está presente en la mayoría de nuestras canciones, también en Testosterona. Hablamos de la muerte, la veneramos, coqueteamos con ella, para exorcizarla. Le tenemos terror.

El público de ustedes está integrado mayormente por adolescentes y preadolescentes. ¿Cómo pensás que toman los chicos estas temáticas de gente de cuarenta y pico?

No deja de sorprenderme que nos siga ese público. Igual, tenemos una mirada infantil y otra adolescente. Otras veces fuimos viejos. Yo he tenido 80 años. Lo he sentido.

Gustavo Cordera parece apasionarse con todo. Va de la política a cuestiones de las divisiones inferiores de Lanús en olímpicos saltos. Dice que antes tenía confianza en Néstor Kirchner, pero que ahora duda. "Me gustaría saber con qué ojo mira, si con el derecho o el izquierdo. Quién es: si el que saca el cuadro de Videla del Colegio Militar o el que transa con Juan Carlos Romero o el que vende YPF."

Tiene un discurso encendido, tendiente a los eslóganes. De hecho, el disco anterior de la Bersuit, La argentinidad al palo, era una catarata de frases hechas que, todas juntas, dejaban entrever miserias, virtudes y picardías criollas. Le fue bien: el disco doble —pero que se vendió por separado— superó las 300.000 unidades. Y la frase la argentinidad al palo pasó a integrar curiosamente el lote de lugares comunes en los títulos de diarios, revistas y noticieros.

¿Qué sentís cuando observás que todo el mundo habló de "la argentinidad al palo"?

Creo que supimos describir un momento. El 2001. La banda tiene ojos de águila para esas cosas.

¿Tenés familia?

Sí, estoy casado y tengo tres hijos.

¿Y cómo lo vivís respecto de tus rotundas críticas a la familia?

Paso del cielo a la tierra constantemente. Me levanto temprano, llevo a los chicos a la escuela, estoy comprometido con la cosa cotidiana. Es mi vida: hacer canciones, andar con los forajidos de la banda en gira, convertirme en otro ser y siempre volver a casa. Mi casa es el lugar adonde siempre vuelvo. Pero no quiero hablar de mi vida privada. Soy una persona normal, para decirlo de alguna manera.

¿Tus hijos escuchan tus canciones?

Por supuesto. También van a los conciertos. Y porque ellos quieren, eh.

¿No te inquietás por esas canciones, digamos... fuertes de la banda?

No. Es así, loco. El veneno que le doy a la gente también lo prueban mis chicos.



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