En exclusivísima, y a un mes de su edición, desmenuzamos el próximo disco de Litto Nebbia y la Luz. Pura magia de un músico de culto que, tardíamente, cosecha merecidos reconocimientos. Uno de los discos del año.
"Yo no necesito que me juren / ni me prometan nada en vano / llevo el camino grabado en mi piel", declara Félix Francisco Corvacho Nebbia con la potestad y la modestia de un maestro zen en el primer verso del primer tema de "Danza del corazón". Y cuando llega el estribillo la obra alcanza un sello mañanero y primaveral que se impregna hasta el final. Después, "Si no estás", un candombe limpio fusionado con sonido jazzy y mucha percusión (ejecutada por Nebbia). Con el tercer track se forma la primer laguna, mientras suena una letra que rima "Lola" con "sola" y habla sobre la soledad de una prostituta. "El beso que te di" certifica por qué a Nebbia se lo rotula como "el beatle argentino". La canción incluye una melodía made in Liverpool, con letra romántica / despechada y feliz / desventurada. Tiene formato de rock clásico y una guitarra acústica bien definida, pero a los dos minutos todo se deforma con ritmos de candombe y coros que transmutan la melodía a algo completamente distinto. El quinto track se presenta simple, básico: una guitarra acústica y una armonía de voz dulce. La letra es un hechizo ejecutado a dúo entre Nebbia y Minimal, con la voz del rosarino bien firme y la del de Patricios apenas como un susurro. Y mientras el disco alcanza su mayor grado de intimidad, se agregan armónica (interpretada por un Súper Ratón) y percusión suave. Se aprecian muestras de poesía exquisita: "el hombre olvidó su vocación / mientras la harina quiere ser pan / y cuando intenta reflexionar / le tiene miedo a su libertad". En el track 6 se oye otra letra majestuosa, de esas que sólo puede escribir un hombre íntegro. La base musical comienza suave, con una guitarra soleando sobre unos teclados y va ganando intensidad hasta mutar en una jam con mucho groove donde se nota la briosa capacidad de Nebbia para atropellar con sus teclados.
El séptimo tema es otro recoveco de placidez, un bolero soul cargado de confidencias y optimismo donde el autor le confía al oyente su hombro: "No, no, no dejes de creer / que no te invada la emoción / las estrellas nunca podrán hablar de amor/ por eso allí estaré"; uno la escucha y se da cuenta que existen las canciones perfectas. El track 8 es un instrumental solemne con unos teclados que fluyen formando una melodía que parece compuesta por un duende medieval. Le sigue una canción donde se alcanza un clímax a través una atmósfera hindú (Alejandro Franov en sitar) y un estribillo que declara que "lo que el mundo necesita es armonía".
La décima canción es otra lección de música en la que Nebbia le canta a sus músicos: "Luuuuuuuuzz abre tu corazón / ilumina mi amor / ayudame a seguir / no me dejes sin tu resplandor". Los coros de Guadalpe Raventos que le aportan brillo a la interpretación. En "Tatuaje desnudo" la banda suena como si estuviera hipnotizando a un paciente durante una sesión de musicoterapia. Cuando llega "Las chicas de hoy" uno se da cuenta que empieza a terminar el disco. Otra vez el sello beatle, esta vez para que Nebbia explique qué hay que esperar de las mujeres y como hay que tratarlas. El track 13 es un instrumental tenue que constituye el único momento nocturno de un disco que culmina como principia: un ritmo bien arriba y una letra positiva donde el compositor resume su visión de la vida. "Sin mirar / veo al mundo que me lleva / de la mano sin pedirme nada a cambio" son las últimas estrofas, en las que se escuchan coros de Minimal canturreando como un niño.
"Danza del corazón" es el debut de La Luz: Daniel Colombres en batería, el bajista Federico Boaglio y las guitarras de Ariel Minimal (además, todos hacen coros). Se luz-en (cuac!) manejándose con comodidad entre los exuberantes pasajes que propone el líder. La presencia del guitarrista de Pez, quién parece estar cumpliendo el-sueño-del-pibe (independiente), aporta espíritu e invita a pensar que fue una influencia decisiva para que Litto vuelva a la guitarra. Y la madurez de Nebbia no se despega de una claridad joven para componer, un talento intacto para ejecutar y una vocalización flamante.
En una época en la que se considera que un rockero con perfil loser tiene que ser adusto, derrotista y propenso a las adicciones, Nebbia suena amable, radiante y totalmente libre. Su única ortodoxia parece el (buen) gusto por la experimentación y la destreza para escapar de las casillas y los lugares comunes. Siempre con una soberbia humildad, dando el ejemplo pero sin llamar la atención.
(Ideal para ir a navegar en La balsa (cuac!))