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Noticias
16.12.2005.-
Más estrellados que estrellas
Los hermanos Kramer cuentan el regreso de Jaime Sin Tierra, los músicos de la generación atormentada. La nota de Nicolás Artusi, para el Sí de Clarín.
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Se desgarban con una guitarrita, la remera siempre raída, agitados por el trajín que separa la Alianza Francesa de La Cigale, ligeramente francófilos: son los "indies" que, como los niños índigo, sufren dosis parejas de genialidad e incomprensión. Si uno de los motores que pone en marcha la maquinaria del rock es el mito del eterno retorno, los músicos de Jaime sin Tierra (estrellas lo-fi, estetas de la melancolía) le quitan dramatismo a su regreso: "Eh... fue todo improvisado: tiene que ver con cuatro personas que aún coinciden humana, geográfica y musicalmente". Esos fabulosos cuatro son Juan Stewart, Javier Diz y los hermanos Sebastián y Nicolás Kramer que, estos dos sentados ahora acá, anuncian el regreso por una noche de la banda que se formó hace 10 años, se separó hace 2 y en el medio trazó la cartografía de una generación modelo lluvioso: inquietudes abúlicas y adolescencia "sensible" (si "sensible" significa escribir poemitas o indigestarse con "Nuevo Cine Argentino"). "Nunca sentimos que hayamos hecho algo novedoso", se compadece Sebastián. Y Nicolás coincide: "Nunca nos sentimos parte de ninguna escena ni abanderados de la independencia, nunca nos ofrecieron un contrato y muchos nunca acusaron recibo de nuestros discos. Si a 10 años se dan cuenta de las cosas, está bien: en este país se tarda 25 años". La autocompasión acompañará al "indie" en su camino a la fama, que no significa nada: Jaime sin Tierra fue una brújula para los espíritus torturados. ¿Contribuyeron al cliché del adolescente con problemas? "Sí, porque éramos adolescentes y teníamos problemas, pero también teníamos una guitarrita en la mano", concede Nicolás. "Fuimos la excusa para que la gente se juntara: alrededor de la banda se hacía cine, arte, dibujos, se formaban parejas". ¿Y cuáles eran los códigos que los hermanaban? Sebastián: "Crecer, mirar a los adultos y no querer caer en eso". Nicolás: "Sentir que la nave va a una velocidad catastrófica hacia un lugar horrible y que no hay volante. Nuestra música siempre fue ridículamente desesperada. Pero cada disco fue sincero".
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